“Ser felices ahora”

Carta de
Mons. D. Luis Quinteiro Fiuza
Obispo de Tui-Vigo

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El mes de noviembre comienza con una fecha importante para los católicos: el día de los fieles difuntos, un momento en el que hemos de detener nuestra mirada sobre aquellos que se han ido, pero no con una visión nostálgica o cargada de melancolía, sino que nuestro recuerdo y cariño debe llevarnos a rezar por ellos, a ofrecer pequeños gestos de nuestro día a día para que los que no hayan alcanzado todavía la gloria de Dios puedan hacerlo.

Es momento de acordarnos también de aquellos fieles difuntos “olvidados”, que no han tenido la oportunidad de rodearse de personas que dediquen parte de su tiempo a rezar por ellos. Nosotros debemos ayudarles a acercarse a Dios y que puedan alcanzar la felicidad, meta de todo católico.

Además de los fieles difuntos, en este mes de noviembre la Iglesia conmemora una fecha muy especial: el Día de Todos los Santos, una jornada en la que se hacen especialmente patentes las palabras del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica “Gaudete et exsultate”, en la que nos habla de “los Santos de la puerta de al lado” y nos recuerda que nadie queda excluido de esa llamada a la Santidad.

Cada uno de nosotros en nuestra vida cotidiana tenemos que luchar para alcanzar esa meta: La Santidad. Un objetivo que no es inalcanzable y que todos podemos lograr “viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio” en las ocupaciones de cada día, como nos recuerda el Santo Padre.

En la Exhortación Apostólica nos habla también de algunos de los riesgos o peligros con los que nos encontramos en el mundo actual: la ansiedad, la negatividad, el pesimismo, el egoísmo y el individualismo. A esos peligros tenemos que hacer frente en nuestra vida ordinaria y para ello el Papa nos da las claves: aguante, paciencia y mansedumbre para no querer “hacer justicia” y lograr que la humildad se arraigue en nuestro corazón; alegría y sentido del humor, que “nace de la certeza personal de ser infinitamente amado” y audacia y fervor, que nos lleva a afrontar los retos que se nos plantean en la vida y anunciar a Jesucristo, sin miedo ni tentación de huir. Todo ello tenemos que hacerlo sin aislarnos, viviendo en comunidad y cuidando a los demás y sin duda, en oración constante: confiando en la gracia de Dios y “dejándole hacer”. La oración es imprescindible para mantenernos firmes y no ceder ante los riesgos que nos plantea la sociedad actual. Además, en este mes tan especial también debemos apoyarnos en los Santos, aquellos que han conseguido alcanzar la gloria de Dios y velan por nosotros. Recurramos a ellos para que nos ayuden a alcanzar la meta y responder a esa llamada: “Ser felices ahora”.

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✠ Luis Quinteiro Fiuza
Obispo de Tui-Vigo

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