Nuestro Rey

Carta de
Mons. D. Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez Plaza

Domingo 25 de noviembre de 2018

La fiesta de Jesucristo Rey del Universo fue instituida por el Papa Pío XI en 1925 y, más tarde, después del Concilio Vaticano II, se colocó al final del año litúrgico, este domingo último del mes de noviembre; noviembre que comenzaba con la fiesta de Todos los Santos, aquellos que han seguido a Cristo, viviendo su vida como discípulos del que es presentado en la primera lectura como: “El testigo fiel, el primero de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra”. Porque es “el Alfa y la Omega, el que es, el que era y ha de venir, el todopoderoso”.

¿Qué clase de rey es Jesús, a quien Poncio Pilato le pregunta sí es el rey de los judíos? Es esta conversación impresionante la que se da entre el gobernador romano, Poncio Pilato, que puede condenar a muerte, a aquel que se atreve a contestarle: “¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?”. Pero es también un diálogo desconcertante, porque indica que sigue la incomprensión de quién es Jesús. También en nuestra época se da esa incomprensión. Hoy, aunque no se hable de rey o monarquía, sólo se entiende la vida humana desde el poder que está en el éxito y el dinero. Jesús no actúa así: ¿Cómo, pues, aceptar un rey así? ¿un rey que se hace servidor de los más pequeños, un rey cuyo trono es una cruz?

Sin embargo, es verdad: este Jesucristo es un rey que se hace servidor de los más pequeños, de los más humildes. Así lo muestra la Sagrada Escritura, cuando expresa cómo se manifiesta la gloria de Cristo: en la humildad de su existencia terrena. Ahí está su poder para juzgar al mundo.

Pero lo escandaloso es que nos pide a sus discípulos seguir por este camino para servir, para estar atentos al clamor del pobre, el débil, el marginado. El bautizado debe saber que su decisión de seguir a Cristo puede llevarle a grandes sacrificios, incluso el de la propia vida. Y esto solo se puede soportar si estamos convencidos de que este Cristo, Rey nuestro, ha vencido a la muerte y nos lleva consigo en su resurrección. Y así nos introduce en un mundo nuevo, un mundo de libertad y felicidad, que se mueve por otros intereses y otros valores.

Miremos a nuestro interior y veremos el miedo que existe en nosotros que nos tienen prisioneros y nos impiden vivir libres y dichosos, si no seguimos a Jesús. Estaría bien que Él nos liberara de este viejo mundo. Para eso, hemos de ser más valientes y con más fe en Jesucristo, que vencería nuestros miedos, nuestras miserias; un mundo donde la justicia y la verdad no son una parodia, sino un mundo de libertad interior y de paz con nosotros mismos, con los otros y con Dios. Este es el don que Dios nos ha dado en nuestro bautismo, y ahí continúa, para ponerlo en marcha, pues es fuerza interior.

Queridos hermanos: el reino o reinado de Dios no es una cuestión de honores y de apariencias; por el contrario, como escribe san Pablo, es “Justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom 14, 17). Al Señor lo que le importa es nuestro bien, es decir, que todo hombre y mujer tenga la vida y que, especialmente sus hijos “más pequeños”, puedan acceder al banquete que ha preparado para todos. En su reino o reinado eterno, Dios acoge a los que día a día se esfuerzan por poner en práctica su palabra.

rodriguez_plaza_firma✠ Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo, Primado de España

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