¿Ya no puedo vivir con esta persona?

Carta de
Mons. D. Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres

cerrochavesfrancisco

Domingo 25 de noviembre de 2018

Me encuentro cada día con muchos matrimonios que, después de un tiempo, a veces poco, después de la boda, otra veces en la edad de la madurez, e incluso cuando pensaban que ya habían pasado las dificultades y “las tentaciones” que llama San Agustín del demonio meridiano (media vida), nos encontramos con las separaciones, los divorcios, cuando está atardeciendo la vida, casi al final de una vida realizada con hijos y nietos e incluso sin aparentes grandes tensiones.

Está claro que la Iglesia siempre ha deseado actuar con “los sentimientos del Corazón de Cristo”, con misericordia y que en los últimos decretos pontificios, “Amoris laetitia”, del papa Francisco, una y otra vez ha repetido que nos lancemos a vivir con entrañas de misericordia.

Sabiendo lo complejo y difícil y que se debe partir desde el respeto sagrado a cada persona y a su propia experiencia, trato humildemente de iluminar, sabiendo que no se puede meter a todo el mundo en un mismo cajón de sastre. Dirigido a los creyentes, a los que han recibido el sacramento del Matrimonio, os propongo tres reflexiones que nos pueden dar pistas del problema y la solución.

1. NO HACER AL OTRO “DIOS” para que me sacie todas mis necesidades. Muchas de las decepciones brotan de aquí. Me he dado cuenta después de este tiempo que ni marido ni mujer satisfacen plenamente. Su relación en muchos temas es insatisfactoria. Me falta mucho para ser feliz. No es lo que yo pensaba. Nadie es “dios” para mí. Me tengo que situar en el lugar del compañero, de la compañera, que tiene sus limitaciones como yo y tenemos que construir juntos. Partir de aquí es muy sano a la hora de solucionar los problemas.

2. EL ABURRIMIENTO QUE MATA. LA RUTINA EN LA RELACIÓN. En ciertos momentos se busca novedad, el buscar algo, o cosas distintas, la aventura, a veces, puede ser una solución fatal al problema. No soluciona la rutina cambiando cosas distintas, sino poniendo amor en todo lo que hacemos. Es verdad que con Dios las relaciones vividas pueden pasar de la rutina a la novedad de un Amor siempre nuevo. No se pueden solucionar los problemas que se repetirán a lo largo de la historia de cada uno y es que el amor no tiene por qué ser siempre divertido y puede pasar por aburrimientos que lo hagan crecer en profundidad, en madurez. ¿Quién no ha envidiado un matrimonio que se quieren de verdad y aparentemente esa es su novedad que pasado el tiempo se siguen queriendo? Conforme pasa el tiempo el vino añejo es el mejor, pero hay que hacer que el paso del tiempo no sea rutinario sino con la novedad de un amor maduro que se vaya instalando en la relación.

3. EL MATRIMONIO ES A TRES BANDAS. El diálogo tan necesario, el ponerse en el lugar del otro y el caminar juntos, que es la alegría del sacramento del Matrimonio, hace que la solución no sea imposible. Buscar juntos la gracia que se nos dio en el sacramento a través de entrevistas con un sacerdote acompañante personal. Retiros. Ejercicios Espirituales. Todo aquello que nos ayude a encontrar la solución al problema con Dios.

Existen también especialistas en la vida del matrimonio donde la profesionalidad ayuda mucho a buscar juntos soluciones antes de “tirar la toalla definitivamente”.

cerro firma
✠ Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres

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