Felicitación de la Navidad

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

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Domingo 23 de diciembre de 2018

Queridos diocesanos:

Cercana ya la Nochebuena, os felicito de corazón la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y os exhorto a vivir cristianamente estas fiestas entrañables que se acercan Para ello os ofrezco unas reflexiones sobre el misterio de la Navidad.

Misterio de la Navidad

Navidad: celebración del misterio de la Encarnación. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 14). Esta afirmación del prólogo del evangelio de San Juan es la gran obertura de la sinfonía teológica de la Navidad. En Cristo la Revelación de Dios logra su plenitud. Es total y definitiva. Es el Verbo, la Palabra en la que Dios se dice; la Imagen en la que se expresa; el Mensaje y el Mensajero.

Nuestra participación en el misterio. Uno de los grandes temas de la Navidad es el “admirable comercio”: el intercambio maravilloso, del que hablan los Santos Padres. El Hijo de Dios se hace hombre, para que el hombre participe de la naturaleza divina. La Navidad es el misterio del compartir. Es la teología de la gracia. San León Magno, teólogo de la Navidad, escribe: “reconoce, cristiano, tu dignidad…has sido hecho partícipe de la naturaleza divina”. Esta participación divina es una realidad adquirida ya, pero todavía no plenamente lograda.

Se encarnó de María, la Virgen. “El tiempo de Navidad es una conmemoración prolongada de la maternidad divina, virginal y salvífica, de aquella cuya virginidad inviolada dio a luz al Salvador del mundo” (Pablo VI, Marialis Cultus 5). El primer día de enero, en el umbral de un Nuevo Año, la Iglesia celebra la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. El día 2 de enero, celebramos en nuestra ciudad el aniversario de la venida de la Virgen en carne mortal a Zaragoza, para confortar al apóstol Santiago el Mayor en los comienzos de la evangelización, y cantamos: “Bendita y alabada sea la hora, en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza. Por siempre sea bendita y alabada”.

Navidad y familia. La salvación de Dios se ha hecho presente a través de una experiencia de familia. Por eso la Navidad es tiempo de familia, donde hay siempre un sitio libre en el hogar y una silla a punto, la mesa preparada, “caliente el pan y envejecido el vino”. En Navidad dirigimos nuestras miradas y elevamos nuestros corazones a la Sagrada Familia de Nazaret, “para que nuestras familias sean fieles a sus deberes diarios, para que sepan soportar las dificultades de la vida, abriéndose generosamente a las necesidades de los demás y cumpliendo gozosamente los planes de Dios sobre ellas” (Juan Pablo II, Familiaris Consortio 86).

En medio de los problemas y dificultades, la familia es un lugar privilegiado para vivir el amor y la solidaridad. El hogar es el cobijo en las situaciones de intemperie. Las crisis se soportan mejor, gracias a la familia, que es remedio y ayuda. ¡Cuidemos la familia, esa comunidad de vida y amor, ese techo protector en la salud y en la enfermedad, en la bonanza y en la estrechez, en el gozo y en la tribulación, en la cercanía y en la distancia!

Navidad es la fiesta del compartir. Se trata de un compromiso, nacido de la fe, que configura nuestra vida al estilo de Jesús. Santa Teresa de Calcuta lo expresa bien cuando dice: “Señor, por tu gracia, haz que los pobres, viéndome, se sientan atraídos por Cristo, y lo inviten a entrar en sus casas y en sus vidas. Haz que los enfermos y los que sufren encuentren en mí a un verdadero ángel que conforta y consuela. Haz que los pequeños que encuentro en las calles se abracen a mí, porque les hago pensar en Él, el amigo de todos los pequeños”. En definitiva, es un gesto que refleja el gesto y la mirada de Jesús, que impregna todo el ser y dibuja la forma de estar y vivir en el mundo.

Los caminos para el compromiso en el ejercicio de la caridad son, entre otros: defensa de la dignidad humana; cuidado de la casa común, a la luz de la encíclica Laudato si´; servicio al desarrollo humano integral; transformación personal y social; abrir caminos a una economía más solidaria; espiritualidad de ojos y corazón abiertos.

Felicitación para todos

Celebremos, hermanos, la Navidad, fiesta de alegría. “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él, son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior y del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium 1).

Queridos hermanos: acerquémonos a Belén, la “casa del pan”. Allí encontraremos al pan del Amor hecho carne, hombre, historia; ese regalo del Padre del cielo amasado con ternura en el seno fecundo de la Virgen Madre, que nos mira con ternura infinita, en compañía de san José, su esposo, el varón justo. Ante el portal de Belén os tendré presentes a todos, daré gracias a Dios por el don de vuestras vidas y pediré al Niño Dios por vuestras personas y familias.

En esta felicitación de Navidad oramos y cantamos: Despierta tu poder. Ven pronto Señor. Cuando plantes tu tienda entre las tiendas nuestras, nacerá el nuevo día. Sabemos que estás de camino, date prisa, Jesús. El Señor está cerca; llama a nuestras puertas, suplicando cobijo. Abridle las puertas del alma, esperad al Buen Dios. ¡Feliz y Santa Navidad! ¡Feliz y Santo Año Nuevo!

Con mi afecto y bendición,

jimenezzamora_firma

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