¡Feliz Navidad!

Carta de
Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

2017_morga_iruzubieta_celso

Domingo 23 de diciembre de 2018

Queridos fieles:

A través de estas líneas quiero felicitaros de corazón la Navidad a las familias, a los jóvenes, a los niños, a los enfermos y a cuantos estéis pasando por momentos de especial dificultad.

Mi deseo es que podáis celebrar en paz y gozo este acontecimiento tan inmenso que Dios quiso preparar durante siglos. Jesús nació de María Virgen, en el seno de una familia pobre (cf. Lc 2,6-7). Unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. El primer anuncio cristiano se centraba en la muerte y resurrección de Jesús (cf. Hch 2,22-36). No ignoraban los apóstoles el pasado histórico de Jesús, ni las circunstancias de su nacimiento en Belén, pero el primer anuncio apostólico ponía el acento en el poder salvador de Cristo resucitado, único camino para llegar a la intimidad con el Padre y fuente del Espíritu Santo.

Ya muy pronto, sin embrago, surgieron algunas ideas que rechazaron la posibilidad de la pasión y muerte verdaderas del Señor y, por ende, su encarnación, la posibilidad que el Señor fuera verdaderamente hombre. Eran ideas gnósticas que, en el fondo, veían incompatibles Dios y la materia, Dios y la carne. Afirmaban que el Hijo de Dios no asumió una verdadera humanidad, sino solo aparente. Los apóstoles reaccionaron enérgicamente contra esas doctrinas: “Han irrumpido en el mundo algunos seductores que no reconocen que Jesucristo sea verdaderamente hombre” (2 Jn, 7). Hasta tal punto tomó importancia esta afirmación doctrinal que se convirtió en clave para distinguir a los verdaderos cristianos: “Si reconocen que Jesucristo es verdadero hombre, son de Dios; pero si no lo reconocen no son de Dios” (1Jn 4,2-3). Y no solo el Hijo de Dios se hizo hombre sino “carne”, es decir, nuestra humanidad en su realidad más concreta, débil y limitada: “La Palabra se hizo carne” (Jn 1,14). Precisamente en esa pobreza de la “carne” se manifiesta toda la gloria del cielo. Y ese camino de descenso que el Hijo de Dios asume es el mismo camino de ascenso para hacernos hijos de Dios. Hacerse pequeño, hacerse “niño” con relación a Dios es la condición para entrar en el Reino de los cielos. Por eso la fiesta de la Navidad adquirió cada vez más importancia en la vida cristiana y se fue llenando de motivos encantadores como “los belenes” para celebrar con más alegría.

Los acontecimientos del nacimiento de Jesús, tomados de los evangelios, se fueron llenando, en su sencillez, de luz y gozo desbordante. La Iglesia no se cansa de cantar en estos días y siempre:

“La Virgen da a luz hoy al Eterno/ Y la tierra ofrece una gruta al Inaccesible/ Los ángeles y los pastores le alaban/ y los magos avanzan con la estrella/ porque Tú has nacido para nosotros/ Niño pequeño, Dios eterno!”

Feliz y santa Navidad para todos con mis mejores deseos y con mi bendición.

morga_firma
 Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s