La Navidad, fiesta de la familia y la vida

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

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Domingo 30 de diciembre de 2018

Queridos diocesanos:

La Navidad no es sólo la fiesta de Dios que se hace hombre, es también la fiesta de la familia y de la vida. Nos nace un niño, se nos da un hijo. Hoy es la fiesta de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, en cuyo seno nació y creció el Hijo de Dios, que se hace hombre.

La familia, realidad insustituible

En la familia, el amor se hace gratuidad, acogida y entrega. En la familia cada uno es reconocido, respetado y valorado por sí mismo, por el hecho de ser persona, esposo, padre, madre, hijo o abuelo. El hombre necesita una “morada” donde vivir. Todo hombre y mujer necesitan un hogar donde sentirse acogidos y comprendidos. El hogar es para la persona humana un espacio de libertad, la primera escuela de humanidad. En la convivencia familiar se aprende también a vivir la fraternidad y la sociabilidad, para poder abrirse al mundo que nos rodea. Por eso, la familia es la verdadera ecología humana, el hábitat natural.

La familia y su misión de transmitir la vida y educar a los hijos

La familia, comunidad de vida y amor, fundada en el matrimonio, tiene como misión la transmisión de la vida y la educación de los hijos. La familia es verdaderamente “el santuario de la vida, el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada, contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano” (Juan Pablo II, Centessimus annus (1 de mayo 1991, 39).

El amor de los esposos es la primera relación que conforma la familia. Luego, la relación paterno-filial, cuya falta por los más variados motivos, es siempre un primer drama en la vida de las personas. También las relaciones entre los hermanos tienen una riqueza de compartir en igualdad un único amor. Tampoco puede olvidar la familia, la atención y el cariño especial que debe prestar a los ancianos y a otros miembros débiles, porque la familia, ‘iglesia doméstica’, está al servicio de todos los que la forman, y especialmente de los más necesitados; de este modo vive ‘el amor preferencial a los pobres’: recién nacidos, discapacitados, enfermos y ancianos.

La convivencia familiar se convierte, así, en escuela de fraternidad y solidaridad, que nos abre a la solidaridad con otras familias, para la construcción de una sociedad mejor. Servir el evangelio de la vida supone también que las familias se impliquen activamente en asociaciones familiares y trabajen para que las leyes e instituciones del Estado no violen de ningún modo los derechos humanos, entre los cuales está en primer lugar el derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, sino que los defiendan y promuevan.

Navidad, fiesta de la familia y de la vida

Frente a tantas amenazas y asechanzas como surgen a veces entre nosotros contra la familia, célula primordial de la sociedad, todos debemos tomar conciencia de nuestra responsabilidad como creyentes: la familia sana es el fundamento de una sociedad libre y justa. En cambio, la familia enferma descompone el tejido humano de la sociedad. Tenemos la oportunidad, en estos días de Navidad de muchos encuentros de familia, de sentir ante el portal de Belén la llamada a amarla más, y a servir y defender la vida humana, especialmente cuando es débil e indefensa.

Como decía Juan Pablo II en el V aniversario de la encíclica Evangelium vitae: “no tiene razón de ser una mentalidad abandonista que lleva a considerar que las leyes contrarias a la vida -las leyes que legalizan el aborto, la eutanasia, la esterilización y planificación de los nacimientos con medios contrarios a la vida y a la dignidad del matrimonio– son inevitables y ya casi una necesidad social. Por el contrario, constituyen un germen de corrupción de la sociedad y de sus fundamentos. La conciencia civil y moral no puede aceptar esta falsa inevitabilidad, del mismo modo que no acepta la idea de la inevitabilidad de las guerras o de los exterminios interétnicos” (Juan Pablo II, Discurso con motivo del V aniversario de la publicación de la encíclica Evangelium vitae, 14 de febrero de 2000).

En estos días de Navidad, que traen a nuestra memoria el nacimiento y la infancia del Hijo de Dios hecho hombre en la casa de Nazaret, en esta fiesta de la Sagrada Familia, que ve amenazada la vida de su hijo recién nacido, sentimos el deseo vivo deseo de reafirmar con energía que la familia, toda familia está llamada a ser santuario de la vida, lugar de acogida y amor para todos sus miembros.

Con mi afecto y bendición,

jimenezzamora_firma

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