Santa Misa en la fiesta de la Sagrada Familia

escudo jose manuel lorca
EL OBISPO DE CARTAGENA

EUCARISTÍA DE LA SAGRADA FAMILIA

Parroquia de San Bartolomé, Murcia
Domingo, 30 de diciembre de 2018

En la familia y en la parroquia queda vencida la soledad

Querido Don Francisco, Arzobispo
Vicarios episcopales, sacerdotes, religiosos y religiosas
Vicario para la Familia y Vida,
Miembros de las distintas Asociaciones, Fundaciones, patronatos para la defensa de la Vida y la familia.

Queridos hermanos,

La familia cristiana está insertada de tal forma en el misterio de la Iglesia que participa activamente en la misión de salvación que es propia de la Iglesia, porque enseña a acoger y anuncia la Palabra de Dios. La familia es el signo más excelente del amor vivido, es la mejor escuela de humanidad, que desde la experiencia de sus valores humanos y cristianos puede construir una sociedad, según el modelo del Creador. La familia se hace así, se va vinculando en su verdadero ser, que siempre está presidido por el amor mutuo, pero una familia cristiana se distingue también como una comunidad de creyentes y evangelizadores.

Dios que ha llamado a los esposos «al» matrimonio, continúa a llamarlos «en el» matrimonio. Dios nos llama a la plenitud de la donación desde ese sí total, por eso en la familia verdadera no es pensable la soledad, porque el amor llama a la unidad, a la comunión. Recordad lo leído en el texto de la Primera Lectura: lo que favorece la vida familiar: el respeto a los mayores, la obediencia, la honra al padre y a la madre, la piedad y comprensión. Este estilo de vida se completa con las virtudes que pide San Pablo: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión, el perdón. Dios viene a las familias revelando y proponiendo las «exigencias» concretas de su participación en el amor de Cristo por su Iglesia. Dios propone, no impone nada, pero es necesario escucharle, porque los caminos de Dios llevan a la Vida.

En la medida en que la familia cristiana acoge el Evangelio y madura en la fe, se hace comunidad evangelizadora, una familia crea lazos, nos vincula desde lo más hondo de nuestro ser, nos hace uno. Por esta razón es necesario prestar atención, porque no todo se termina en la frontera de la familia, el amor de Dios no tiene fronteras, es un amor verdadero y abierto, de aquí que los obispos españoles hablen del protagonismo de las parroquias, como una gran familia: Cada parroquia como una verdadera familia de familias, está llamada a construir una comunión de personas. De este modo, cada miembro de la comunidad parroquial es invitado a salir al encuentro del que sufre, del enfermo, del necesitado, de los mayores y las personas viudas; en definitiva, de todas y cada una de las personas que sufren la soledad y el desamparo. Una parroquia que viva de modo fervoroso el dinamismo del fuego de la caridad nos conduce a acercarnos a los demás, a compartir con ellos el don de la cercanía de Dios en Jesucristo, fuente de firme esperanza.

El porvenir de la humanidad está en manos de las familias que saben dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar. En la Iglesia oímos muchas veces que todos formamos una familia de hermanos, a pesar de los diferentes niveles económicos y culturales, porque todos somos iguales ante Dios por la fe y todos rezamos con sentido el mismo Padre nuestro. Pero, ¿Es verdad esto? ¿nos lo creemos de verdad? Pues, venga, salgamos a decirlo, comentadlo en las relaciones normales de la vida con los amigos y vecinos, ayudadles a encontrar el sentido a una vida familiar en armonía y en paz. Lanzaos a alcanzar niveles mejores de relación intraeclesial para mejorar la calidad de vuestro amor cristiano, desde la caridad, desde el respeto, pero evangelizad el día a día, este sería un positivo fruto de esta fiesta de la Sagrada Familia.

Sabemos que el Matrimonio y la Familia de hoy tienen muchas presiones sociales, se nota especialmente en el deseo de imponer un proyecto que niega básicamente la identidad de la familia, esto obliga a la Iglesia a una vigilante atención, hacer de profeta, para recordarle a la familia cual es su verdadero sentido, construir un modelo nuevo de vida, como insistía el querido y recordado Papa, San Juan Pablo II: “Familia conviértete en aquello que eres” (FC, 17).

¿Tenemos que decirle hoy a cualquiera de vosotros que debemos creer en la familia, valorarla, cuidarla, potenciarla y afirmarla, porque es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad y un gran tesoro de los esposos? Que nadie se engañe, cuando una familia funciona según el corazón de Dios, se convierte en el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor y es educado en la fe, una familia así es escuela de humanidad. Solamente una familia cristiana con una identidad fuerte será capaz, en estos tiempos adversos, de transmitir la fe y de ser, ante los hombres, signo luminoso de la verdad, de la bondad y de la belleza del matrimonio y de la familia.

Os encomiendo a la Sagrada Familia, modelo de hogar donde la soledad queda vencida. En el hogar de la familia y en el de la parroquia, familia de familias, crecemos en la comunión interpersonal que disipa la soledad y se hace presente el amor de Dios que edifica nuestras vidas, nuestras familias, la Iglesia y una sociedad verdadera y fraterna.

Que Dios os bendiga.

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