Santa Misa en la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

Homilía de
Mons. D. Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo

Primado de España

braulio01012019

Parroquia de San Julián, Toledo
Martes, 1 de enero de 2018

JORNADA DE LA PAZ 2019

“Dar la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo”. Y este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y violencia de la historia humana”. Son palabras del Papa Francisco en la 52 Jornada Mundial de la Paz. Ciertamente Jesús, cuando envía a sus discípulos, les dijo: “Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”.

El Papa asegura que la “casa” mencionada por Jesús es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; lógicamente también cada persona, sin distinción ni discriminación; y algo muy importante: también la casa es nuestra “casa común”, el planeta en que Dios nos ha colocado.

“Paz a esta casa”. Paz difícil y ardua, porque son muchas las cosas que impiden esta paz. También lo impiden las personas: nosotros, por la búsqueda de poder a cualquier precio que lleva al abuso y a la injusticia. Sin duda. Pero el Papa Francisco ha destacado en el Mensaje para esta Jornada la actividad política que hacemos los hombres como vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre. Ahora bien, el Papa subraya que cuando aquellos que se dedican a la política no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso destrucción.

Hay un grado importante de rechazo de la actividad política y de los políticos en estos momentos. Puede ser este rechazo injusto, por supuesto, porque en esta tarea se trata –cito a san Pablo VI- de algo muy importante, ya que: “Tomar en serio la política en sus diversos niveles local, regional, nacional y mundial- es afirmar el deber de cada persona, de toda persona, de conocer cuál es el contenido y el valor de la opción que se le presenta y según la cual se busca realizar colectivamente el bien de la ciudad, de la nación, de la humanidad” (Octogésima Adveniens, 46).

El Papa Francisco insiste en que la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para el futuro digno y justo. Aquí radican la dignidad de la actividad política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas; de tal manera que se puede hablar de que la actividad política puede convertirse en una forma eminente de la caridad. Por eso también Benedicto XVI recordaba que “todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la polis (Caritas in Veritate, 7).

Así que, para nosotros, en las ya cercanas funciones electivas de las próximas citas electoral, se nos abre una oportunidad para volver a la fuente y a los puntos de referencia que inspiran la justicia y el derecho. Porque algunos, ya no sé si muchos, estamos convencidos de que la buena política está al servicio de la Paz. Pero son muchos los indicios que nos dicen que esto no es así y que mucho deben cambiar nuestros políticos, o muchos de ellos, o el panorama se oscurecerá. Es evidente que se respira un ambiente de desmoralización generalizada. He leído no hace mucho que la política se ha convertido en el reino de la agresión moralista, no en la construcción del bien común.

No nos gusta que se rebusque en la vida de los opositores para encontrar fallos o errores que permiten ponerlos en picota. El afán de ridiculizar al contrario refuerza polarización de las posturas, y no faltan los discursos del odio; no es posible compaginarlos con la amistad cívica, indispensable para lograr una buena convivencia. Solo si abunda la gente admirable con magnanimidad (corazón grande), cuya vida es digna de ser vivida como ejemplo, la actividad política será atractiva y respetada. “Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro” (Mensaje 2019).

Personalmente veo en España, en todos los niveles, una tendencia a deslizarse a los extremos, tal vez porque en cada periodo largo de tiempo que ha traído estabilidad se ve una decadencia que se quiere solucionar partiendo de cero. Tendencia a empezar de cero arrasando lo que pueda haber de bueno en lo vivido en los últimos años. Tendencia cainita, o guerracivilista lo llaman otros. ¡Dios nos ampare! ¿Hay alguna manera de solucionar esto? Criterios hay y razones en la Doctrina Social de la Iglesia. Pero pienso que se puede también decir a nuestros políticos: “Señores, no piensen que nos interesan sus luchas partidistas, con las que quieren manejar a los ciudadanos. Estamos cansados de que no busquen el bien común y sirvan casi solo para dividir familias, pueblos, ciudadanos, regiones y a España. Ya sabemos lo que supuso esta postura en el pasado: simplificación, dos Españas, odios irracionales”.

Y a nosotros mismos nos deberíamos exhortar: “Hagamos ver este peligro a nuestros políticos. No permitamos que jueguen con nosotros y exijamos el bien común y el respeto a la sociedad civil. No prometan lo que no pueden y mientan al prometerlo. No se insulten, pues la vida y la dignidad de la persona debe estar siempre por encima de todo”.

Me gustaría terminar mis palabras con la observación que el Papa Juan XXIII hacía en 1963: “Cuando en un hombre surge la conciencia de los propios derechos, es necesario que aflore también la de las propias obligaciones; de forma que aquel que posee determinados derechos tiene, asimismo, como expresión de su dignidad, la obligación de exigirlos, mientras los demás tienen el deber de reconocerlo y respetarlos”.

La Reina de la Paz, Santa María Madre de Dios, interceda por nosotros.

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