Los Sabios de Oriente

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 6 de enero de 2019

Queridos diocesanos:

El relato sobre los Magos de Oriente, que se recoge en el Evangelio de San Mateo (2, 1-12), ha estimulado la fantasía y también la ilusión de muchas personas, sobre todo de los niños, pero es también un relato que nos invita a la reflexión.

Los Magos eran probablemente unos hombres procedentes de Persia que habían desarrollado conocimientos tanto filosóficos como religiosos. Algunos autores dicen que eran sacerdotes de la religión de Persia y también que tenían conocimientos astronómicos. Por eso se dice que eran “sabios”. En el Evangelio representan el camino de las religiones y la filosofía hasta Cristo. El dinamismo de búsqueda de la verdad, que lleva al hombre a desear la sabiduría, le conduce hasta Cristo. Por eso, como dijo Benedicto XVI, “estos hombres son predecesores, precursores, de los buscadores de la verdad, propios de todos los tiempos” (La infancia de Jesús, p. 101).

En San Mateo no se dice que fueran reyes. Es la tradición posterior la que ha unido la historia de los Magos con las promesas contenidas en el capítulo 60 de Isaías y en el Salmo 72, 10. Isaías dice que los reyes se verán atraídos por la luz que brilla en Jerusalén; vendrán a ella “con dromedarios de Madián y Efa”, “cargados de oro e incienso y proclamando las alabanzas del Señor” (60, 6). El Salmo 72 habla de que los reyes de Tarsis, de Sabá y de Seba ofrecerán tributos al Mesías. La tradición de la Iglesia ha visto, por ello, en los Reyes Magos un signo de la universalidad de la fe, que alcanza a todos los hombres. Los sabios representan a la humanidad, que emprende el camino hacia Cristo. Representan el anhelo interior del espíritu humano, la marcha de las religiones y de la razón humana al encuentro con Cristo.

El episodio de los sabios de Oriente nos hace caer en la cuenta de varias cosas. La primera es que toda auténtica búsqueda de la verdad conduce hasta Cristo. Los cristianos estamos convencidos de que la plenitud de los anhelos religiosos del ser humano, de sus conocimientos científicos y de todos sus saberes se encuentra en Jesucristo. Esto nos mueve a tratar con mucho respeto cada avance del ser humano hacia la verdad, por pequeño que sea. La segunda reflexión es que la fe en Jesucristo es una riqueza para todos los seres humanos, los de Tarsis, los de Arabia o los de Saba. Convencidos de ello, los cristianos no podemos cesar nunca de proclamar que la salvación nos ha llegado a través del niño de Belén, Dios hecho hombre.

Cuando los Magos llegan ante el Niño, se postran ante él y le rinden homenaje como Rey. Es sorprendente su capacidad de reconocer las señales y advertir que aquel niño pobre nacido en un pesebre, era el Mesías esperado. Los dones que le ofrecen -el oro, el incienso y la mirra- son un reconocimiento de la realeza de este Niño. Siguiendo el camino de los Magos, buscando la verdad como ellos, también nosotros podremos arribar a la cueva de Belén, postrarnos ante el Niño y adorarlo como el Hijo de Dios.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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