Conocer a Cristo

Carta de
Mons. D. Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

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Domingo 13 de enero de 2019

Acabadas las fiestas de Navidad la liturgia nos presenta a Jesús, que después del tiempo de la vida oculta se va revelando progresivamente a su pueblo y comienza la misión de anunciar el Reino de Dios. Los textos evangélicos de los primeros domingos del tiempo ordinario nos recuerdan los primeros acontecimientos de la vida pública del Señor, momentos en los que va manifestando su identidad de Hijo de Dios y que son fundamentales para que la fe de los discípulos en Él vaya creciendo: el bautismo en el Jordán, la revelación de su gloria en Caná de Galilea, la primera predicación en la sinagoga de Nazaret y la elección de los primeros discípulos. Hoy os quiero invitar a que reflexionemos sobre estos acontecimientos de la vida del Señor con el deseo de llegar a ser cada día mejores seguidores suyos.

Para ser un auténtico discípulo de Jesús hay que tener el deseo de conocerle cada día más. Los cristianos, especialmente si participamos en la Eucaristía dominical y estamos interesados en cuidar nuestra formación cristiana, sabemos muchas cosas acerca de Cristo. Pero no podemos olvidar que lo importante no es saber cosas sobre Él, sino llegar a conocerle. Si miramos el ámbito de nuestras relaciones descubriremos que hay muchas personas de las que sabemos muchas cosas (de dónde son, dónde viven, cuál es su trabajo, si están casados o tienen hijos, etc…), pero en realidad no las conocemos, porque nunca hemos tenido una relación personal con ellas. Para conocer a alguien hay que vivir la experiencia del encuentro y la relación interpersonal. Un cristiano no debe contentarse con saber muchas cosas sobre Cristo o sobre la fe: debemos vivir en el deseo de llegar a conocerle.

El conocimiento se hace más profundo por el amor. San Agustín afirma que nadie conoce al otro mejor que el amigo. La relación de amor autentico y, por tanto desinteresado, favorece una confianza que posibilita la apertura del corazón al otro. Estamos ante un conocimiento “interno”: se llega a lo más profundo de la otra persona, se conocen sus sentimientos y, por tanto, las razones que la llevan a actuar de una determinada manera. Esto hace que la amistad sea cada vez más intensa y auténtica. El saber cosas acerca de Cristo nos puede dejar el corazón indiferente ante su persona. Conocerlo nos mueve al deseo de crecer cada día más en su amistad.

Los amigos lo comparten todo. La amistad con Cristo, si es auténtica, despierta en el corazón del discípulo el deseo de compartir la vida con Él, de vivir sus mismas actitudes y sentimientos, de participar en su misión de anunciar el Reino de Dios en nuestro mundo mediante la vivencia de la propia vocación, de imitarlo en su estilo de vida sencillo y humilde, de hacer como Él el bien a los demás… En definitiva, de ser en el mundo una imagen viva del Señor. A eso nos ha llamado a todos y en esto consiste el seguimiento que hace de nosotros discípulos suyos. Os invito a escuchar los textos evangélicos de estos domingos, no solo con el deseo de saber más cosas acerca de Cristo, sino con la ilusión de crecer cada día más en su amistad.

Con mi bendición y afecto:

benavent_firma✠ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

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