Inauguración de la Sala Capitular

Discurso de
Mons. D. Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez Plaza

S.I. Catedral Primada de la Asunción, Toledo
Martes, 22 de enero de 2019

La Catedral de Toledo es la sede y cátedra del Obispo, una iglesia dedicada a acoger a toda la iglesia local como unidad de todos los fieles. Es, por tanto, la diócesis misma, una comunión entre catedral y comunidad local, y ello conlleva, su historia, su cultura y su peculiar orden artística. Nuestra catedral muestra en su construcción las etapas de su historia, los cambios culturales, los gustos artísticos, y en nuestro caso, el cuidado de sus obras de arte y tradiciones por ser guardianes de la herencia de nuestros antepasados y, por tanto, es nuestro deber conservarlos en toda su extensión, como bien religioso y cultural. Y como dice el dicho popular “En España, la Catedral de Toledo es rica, la de Sevilla grande, la de Santiago fuerte, la de León hermosa”. Estamos hoy aquí reunidos, porque vamos a destacar la restauración de uno de los proyectos emblemático de esta catedral: la Sala Capitular que el Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros encomendó al gran pintor Juan de Borgoña en 1507. Una Sala Capitular que en quinientos años ha servido para las reuniones de nuestro Cabildo Catedralicio con su Deán al frente, siendo centro neurálgico donde se han establecido muchas de las decisiones que han impulsado la Catedral para estar siempre presente en nuestra comunidad religiosa, y ser punto de referencia de un lugar abierto para todos.

Pero como ustedes saben, la catedral va alcanzando muchas de las metas emprendidas desde hace años. Cuando finalmente traspasemos todos juntos el umbral de la puerta de la Sala Capitular, habremos descubierto la importancia del trabajo realizado, sus muros pintados, su artesonado, que imponentes desafiaron el paso del tiempo. Al salir, sobre el dintel de la misma puerta tres palabras: justitiae cultus silentium, el cultivo de la justicia será el silencio, referente a que no se diga nada fuera de este recinto de lo que se trata en él. ¡Cuántas historias se han escuchado en esta Sala!. Luego piensen que hasta bien entrado el siglo XIX nadie podía entrar ni observar la belleza de sus pinturas. Hoy podemos pasar, acercarnos y poder admirarlas con un color y una tridimensionalidad muy cercana a sus orígenes.

Estas intervenciones en nuestro patrimonio han abierto el camino justo para entender a través de la obra de arte el sentimiento religioso y litúrgico, que es en verdad la correspondencia con la memoria auténtica de nuestra propia historia. Una historia que en la Sala Capitular envuelve, rodea y gira en una exuberancia que solamente pudo lograr la iniciativa y propuesta del Cardenal Cisneros. La historia de la vida de la Virgen María, y debajo recorriendo la estancia perimetralmente el episcopologio con los 111 retratos de los arzobispos recordando con su recorrido la antigüedad de nuestra catedral. Desde luego, esta belleza no hubiese sido posible sin la ayuda generosa de la Fundación Endesa y otras aportaciones de otras fundaciones que desinteresadamente han contribuido con su esfuerzo para que la Sala Capitular finalmente la podamos admirar en todo su esplendor.

No quisiera olvidar y agradecer en este momento a los 32 técnicos y 15 empresas que con su sabiduría y buen hacer han logrado, solamente en un año, devolvernos la riqueza y grandiosidad de nuestra Sala Capitular.

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