Santa Misa en la memoria litúrgica de Santo Tomás de Aquino

Homilía de
Mons. D. Julián López Martín
Obispo de León

lopezmartin29012019

(Capilla del Seminario Mayor, 29-I-2019)

“Uno solo es vuestro maestro, el Mesías”

Sb 7,7-10.15-16; Sal 118                         Mt 23,8-12

Queridos Directores de los Centros académicos diocesanos de Astorga y de León,
Rectores de los respectivos Seminarios,
Profesores, personal no docente, seminaristas y alumnos:

Recibid todos la estima y gratitud de nuestras respectivas diócesis por vuestro testimonio de fidelidad a la Iglesia y de entrega generosa a la formación de los futuros presbíteros y diáconos, de los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y del Laicado y de otros agentes de pastoral.

1.- Santo Tomás, maestro fiel al modelo de Jesucristo

Acabamos de escuchar en el evangelio estas palabras del Señor: “No os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8). Sin duda el mensaje responde a un hecho o circunstancia inmediata cuando Jesús lo pronunció, mensaje reflejado también en los otros evangelistas sinópticos. Posiblemente, el recuerdo de esta rotunda palabra de Cristo obedece al interés desmedido de algún discípulo deseoso de ocupar un puesto elevado en la comunidad cristiana. Una tentación semejante, pero de aspiración al episcopado, fue explícitamente censurada por san Pablo en la I Carta a su discípulo Timoteo (cf. I Tm 3,1). De todos modos la enseñanza del divino Maestro es clara: que nadie aspire a un alto cargo o procure un primer puesto si no es llamado expresamente y, de todos modos, cuide mucho de estar  motivado por un deseo sincero de servir y de ayudar. Tan solo esta actitud proviene de Cristo y es compatible con la verdadera sabiduría, la que tiene que ver con las cosas de Dios.

Santo Tomás es un ejemplo valioso en este sentido. Para él Jesucristo era su verdadero Maestro, su luz interior, la fuente de su inspiración teológica. Y desde esta actitud fundamental apelaba al ejemplo y a la palabra de Cristo tanto en su vida religiosa como en sus trabajos intelectuales. Si el santo Patrono de las Escuelas Católicas ha sido reconocido como doctor de la Iglesia, que es una categoría ante todo “litúrgica” a la hora de celebrar la santidad y proponerlo como modelo e intercesor, se debe a la hermosa síntesis que procuró entre el estudio y la espiritualidad, entre la ciencia y la fe. Evidentemente el modelo acabado de esta actitud es y deberá ser siempre para nosotros, ministros de la Palabra, catequistas, docentes y alumnos de la teología, nuestro Señor Jesucristo, “el Mesías”, título que le corresponde y se le aplica en numerosos pasajes evangélicos. Pero no olvidemos que en el evangelio de hoy se alude también a su condición de servidor y a su humildad (cf. Mt 23,12).

2.- La búsqueda y la opción por la divina Sabiduría

Estas actitudes forman parte del saber que propone Jesucristo y que alimentan la idea que debemos tener acerca de esta importante realidad que constituye también, no lo olvidemos, la gracia a la que se refería expresamente la I lectura. En ella hemos escuchado estas significativas palabras:”Invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos y a su lado en nada tuve la riqueza” (7, 7-8). El pasaje alude al rey Salomón a quien Dios prometió darle todo lo que pidiera, eligiendo precisamente ese gran don, el primero de los conocidos como los “dones del Espíritu Santo”, necesario no solo para un buen gobernante. Y, efectivamente, a quien le es concedido este don, puede comprobar que con ese regalo le vendrán las mayores riquezas, como afirma el texto proclamado. En este sentido la sabiduría viene a ser como el “tesoro escondido” o la “perla preciosa” por cuya posesión merece la pena sacrificarlo todo, como afirma el propio Señor en el evangelio (cf. Mt 13, 44-46).

Entre otros motivos porque el “don de sabiduría” tiene más valor que la salud y que la belleza (cf.  Sab 7, 10). Más aún, aunque los hombres estimemos más otros bienes como el dinero, el poder o el prestigio social; todos ellos, comparados con la sabiduría divina, según la revelación bíblica son “pérdida” “basura” como afirma san Pablo cuando alude –son sus propias palabras- a “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (cf. Fil 3, 7-8). Seguramente Santo Tomás poseía también estas profundas convicciones cuando decidió convertirse en un religioso dominico, resistiendo con fuerza y ​​coraje la presión y los halagos de sus familiares y del poderoso Conde de Aquino. En efecto, le mostraron otros caminos, con atractivos poderes y honores, pero nuestro Santo prefirió dedicarse al estudio, la predicación y la enseñanza guiado por la divina Sabiduría.

3.- Acojámonos a la intercesión de Santo Tomás de Aquino

Esta batalla, ganada por Santo Tomás, debe hacernos pensar a todos. En la sociedad actual estamos sujetos a estímulos de diversa naturaleza para que admitamos o nos adaptemos a determinadas realidades mundanas cuya importancia y transcendencia debemos conocer para nuestro progreso integral humano y transcendente. Pensemos, por ejemplo, en los poderosos medios actuales de comunicación social y en lo que ha dado en denominarse la “cultura de lo efímero” o “de la inmediatez”, fenómeno que nos envuelve y genera un consumo fugaz y momentáneo favorecido por las nuevas tecnologías, las redes sociales, etc.

Todo puede ser útil, incluso necesario o conveniente, pero no debe distraernos de las opciones fundamentales de nuestra vida. Todo pasa demasiado rápidamente, es cierto. De ahí que necesitemos reflexionar, examinar, contrastar, sobre la base de las ideas y de los valores permanentes y que no pasan nunca aunque los olvidemos en la práctica. En este sentido, Santo Tomás de Aquino nos invita a unir pensamiento y actividad, principios morales y compromiso temporal, fe y razón. Que el Señor nos conceda, por intercesión del Santo Patrono de las Escuelas católicas, lo que hemos pedido en la oración colecta: “comprender lo que él enseñó e imitar plenamente lo que él realizó”

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