Mensaje para la LXVI Jornada Mundial de la Lucha contra la Lepra

desarrollo humano membrete

Jornada Mundial de Lucha contra la Lepra
(27 de enero de 2019)

A los presidentes de las conferencias episcopales,
A los obispos encargados de la pastoral de la salud,
A las religiosas y religiosos,
A los trabajadores sociales, sanitarios y pastorales,
A los voluntarios y personas de buena voluntad.

Acabar con la discriminación, la estigmatización y el prejuicio”

La comunidad médica y la sociedad han experimentado en los últimos años un gran progreso en el cuidado de las personas que padecen lepra o enfermedad de Hansen. El diagnóstico ha mejorado y muchos tratamientos son más accesibles que antes, sin embargo, “desafortunadamente, esta enfermedad todavía afecta principalmente a las personas más desfavorecidas y más pobres” [1]. Más de 200,000 casos nuevos de la enfermedad de Hansen se registran cada año, el 94 % en 13 países diferentes [2]. “Es importante”, ha afirmado el Papa Francisco, “mantener viva la solidaridad con estos hermanos y hermanas que han quedado discapacitados como resultado de esta enfermedad” [3]. Jesús fue para nosotros un modelo para este tipo de cuidado. Lo que movía profundamente a Cristo en el encuentro con los leprosos ahora debe inspirarnos a todos, en la Iglesia y en la sociedad.

Una terapia con múltiples medicamentos y centros clínicos especializados ha demostrado su eficacia en el tratamiento de esta enfermedad, sin embargo, “ninguna institución puede reemplazar al corazón o a la compasión humana, cuando es necesario enfrentar el sufrimiento del otro” [4]. El tema de este año para la Jornada Mundial de los Enfermos de Lepra, “Acabar con la discriminación, la estigmatización y los prejuicios”, nos enseña claramente que una de las necesidades básicas en las vidas de quienes experimentan esta enfermedad devastadora es el amor.

El Papa Francisco, reflexionando sobre la curación del leproso por  obra de Jesús, en el Evangelio según Marcos (Mc 1, 40-45), indica el poder y la eficacia de Dios para salir al encuentro de nuestro deseo más profundo de ser amados y cuidados. “La misericordia de Dios”, nos recuerda, “supera toda barrera y la mano de Jesús toca” al leproso. El Médico Divino no pierde el tiempo en diagnosticar las dolencias que nos afligen, sino que solo quiere aproximarse y curarlas acercándose a  nosotros. “No se coloca a distancia de seguridad”, continúa Francesco, “y no actúa por poderes, sino que se expone directamente al contagio de nuestro mal” [5].

Este año se cumple el décimo aniversario de la canonización de San Damián de Veuster. Nacido en Tremelo, Bélgica, en 1840, fue ordenado sacerdote de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Su celo misionero lo llevó a servir a la aislada comunidad de leprosos de la isla de Molokai en Hawai. Atento a la inspiración de su corazón y a las necesidades de las personas a las que servía, Damián eligió quedarse  en la isla y luego también él contrajo la enfermedad. Predicó el Evangelio de la misericordia a una comunidad a la que generalmente uno se dirigía a distancia, mostrando la cercanía de Dios a “Nosotros, los leprosos”. Murió en la isla de Molokai en 1889, después de 16 años de cuidado compasivo que revelaba el rostro de Cristo a aquellos a quienes servía.

En Evangelii Gaudium, el Papa Francisco aborda la actitud humana de abrazar “un desborde activista” cuando se trata de servir a los pobres y necesitados. Lo que Dios quiere de cada uno de nosotros, explica, es “una atención puesta en el otro, considerándolo como uno consigo”[6] Lo que necesitamos hoy es “la gracia de hacer una cultura del “encuentro, de este encuentro fecundo, de este encuentro que devuelve a cada persona su dignidad como hijo de Dios, la dignidad de la vida” [7]. A la  profunda conversión de San Francisco de Asís contribuyó un encuentro lleno de gracia con un leproso. Al final se hizo cargo de esa persona, -el leproso,  figura de Cristo crucificado-  lo ayudó y lo besó. Cada encuentro auténtico tiene el poder de devolver la vida y la esperanza.

A nivel práctico, hay muchas maneras para facilitar este encuentro con los enfermos de lepra. Nuestras instituciones médicas y los sistemas locales de asistencia sanitaria, en colaboración con los organismos gubernamentales y las ONGs, pueden ayudar a crear alianzas que tengan efecto a largo plazo en las personas afectadas por esta enfermedad. No será un esfuerzo individual el que consiga la transformación necesaria de quienes luchan contra la lepra, sino un trabajo compartido de comunión y solidaridad.

Otro paso fundamental en el camino hacia el progreso es la construcción de la conciencia, especialmente en aquellos países donde la lepra es una enfermedad endémica. Aquí, el poder de la educación y la contribución de la academia de las ciencias pueden hacer mucho para asistir a las personas diagnosticadas con lepra a encontrar una solución y ayudar a nuestras comunidades a tender una mano benévola y acogedora. Dios siempre bendice esta colaboración y los beneficios para los enfermos son tangibles.

Por último, las comunidades mismas deben esforzarse continuamente para eliminar la “discriminación, la estigmatización y los prejuicios”, trabajando para lograr la integración completa de la persona en todas sus dimensiones físicas y espirituales. Hablando de la gran necesidad de desarrollo a nivel global, San Pablo VI habló de un desarrollo “de todo el hombre y de todos los hombres”. [8] Cuando los leprosos encuentran atención clínica, merecen recibir una mirada de amor, de hermandad y, por lo tanto, también merecen encontrar aceptación social de acuerdo con su dignidad espiritual, así el desarrollo humano integral encontrará su expresión más pura en la curación auténtica.

Expreso mi más profunda gratitud a todos aquellos que trabajan infatigablemente para ayudar a quienes sufren de lepra y brindan un alivio tan eficaz a los enfermos. El apoyo financiero de muchos, junto con las numerosas contribuciones de la ciencia y la investigación también han aportado esperanza y asistencia a muchas personas que padecen esta enfermedad. ¡Que la poderosa intercesión de la Santísima Virgen María, Salud de los Enfermos, esté con nosotros en nuestro intento de vencer la enfermedad de Hansen, así como la estigmatización, la discriminación y los prejuicios en todas sus formas!

turkson firma
Peter K. A. Cardenal TURKSON
Prefecto

 


[1] PAPA FRANCISCO, Angelus, 28 enero 2018.

[2] ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD, “Estrategia Mundial de  la Lepra 2016-2020”, 3.

[3] PAPA FRANCISCO, Angelus, 31 enero 2016.

[4] PONTIFICIO CONSEJO DE LA PASTORAL PARA LOS AGENTES SANITARIOS, “Nueva Carta para los Agentes Sanitarios“.

[5] PAPA FRANCISCO, Angelus, 15 febrero 2015.

[6] PAPA FRANCISCO, Evangelii Gaudium, 199.

[7] PAPA FRANCISCO, “Meditaciones diarias en la capilla de la Casa Santa Marta”, 13 septiembre 2016.

[8] PAPA PABLO VI, Populorum Progressio, 42.

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