Comentario a la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate (IV): Las bienaventuranzas, camino de santidad

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

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Domingo 3 de febrero de 2019

Queridos diocesanos:

Las bienaventuranzas “son como el carnet de identidad del cristiano”. ¿Cómo se hace, pues, para llegar a ser un buen cristiano? La respuesta ‘es sencilla’: “es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón del Monte que comienza con las bienaventuranzas” (GE 63). En las bienaventuranzas se dibuja el rostro del maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas. Para el papa Francisco la contemplación de los misterios de la vida de Jesús, “como proponía san Ignacio de Loyola, nos orienta a hacerlos carne en nuestras opciones y actitudes” (GE 20).

La palabra ‘feliz’ o ‘bienaventurado’, pasa a ser sinónimo de ‘santo’, “porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha” (GE 64).

Hay que contemplar la vida de Cristo y seguir su práctico “programa de santidad”, que son las bienaventuranzas. Esta es la convicción de partida que lleva al Papa a enfocar en las bienaventuranzas el capítulo central de la exhortación apostólica. “pocas palabras, palabras sencillas, pero prácticas para todos, porque el cristianismo es una religión práctica: es para practicarla, para realizarla, no sólo para pensarla” (Homilía de Santa Marta, 9 de junio de 2014).

Gaudete et Exsultate se detiene en cada frase del texto evangélico de las bienaventuranzas y la comenta. Sugiero que se lea, en clave de oración, el comentario de cada una de las bienaventuranzas. Veamos cómo resume el Papa cada bienaventuranza. Ser pobre en el corazón, esto es santidad; reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad; saber llorar con los demás, esto es santidad; buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad; mirar y actuar con misericordia, esto es santidad; mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad; sembrar la paz a nuestro alrededor, esto es santidad; aceptar cada día el camino del Evangelio, esto es santidad.

El gran protocolo (juicio final)

El papa Francisco une en este apartado el mensaje de las bienaventuranzas con el capítulo 25 del evangelio de san Mateo sobre el juicio final, que titula como “el gran protocolo” sobre el cual seremos juzgados (GE 95), como dice san Juan de la Cruz. “El texto de Mateo 25, 35-36 no es una simple invitación a la caridad: esa es una página de Cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página de Cristología la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia” (Juan Pablo II, NMI 49).

“No debe olvidarse, ciertamente, que nadie puede ser excluido de nuestro amor, desde el momento que con la encarnación del hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre. Ateniéndonos a las indiscutibles palabras del Evangelio, en la persona de los pobres hay una presencia especial suya, que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos. Mediante esta opción, se testimonia el estilo al amor de Dios, su providencia, su misericordia y, de alguna manera, se siembran todavía en la historia aquellas semillas del reino de Dios que Jesús mismo dejó en su vida terrena atendiendo a cuantos recurrían a él para toda clase de necesidades espirituales y materiales” (Ibid. 49).

En esta llamada a reconocerlo en los pobres y sufrientes “se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas, con las cuales todo santo intenta configurarse” (GE 96).

El papa Francisco presenta así una santidad simplemente evangélica, sine glossa y sin excusas: “El Señor nos dejó bien claro que la santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias suyas” (GE 97).

Y así rehúye una espiritualidad abstracta que separa la oración de la acción o que, por el contrario, nivela todo a la dimensión mundana. Y el Papa aprovecha esta ocasión para subrayar el “nudo político global” -como él lo ha definido- de los migrantes, que, lamentablemente, “algunos católicos” consideran como “un tema secundario al lado de los temas ‘serios’ de la bioética” (GE 102). Es verdaderamente original y relevante que el tema de las migraciones sea insertado como un tema primario en una exhortación apostólica sobre la santidad.

Con mi afecto, gratitud y bendición,

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