“Manos Unidas”, 60 años quitando hambre del mundo

Carta de
Mons. D. José María Gil Tamayo
Obispo de Ávila

gil tamayo oficial

Domingo 10 de febrero de 2019

Transcurrido más de un mes de 2019 y vueltos a la vida ordinaria, un año más la Organización Católica “Manos Unidas” nos presenta su campaña de lucha contra el hambre en el mundo. Son ya 60 ediciones insistiéndonos en algo esencial de humanidad y cristianismo, que al fin al cabo son inseparables: que la verdadera fe se muestra y autentifica en el amor al prójimo, hasta el punto, como Jesús nos anticipa en el Evangelio, de constituir precisamente el temario del juicio final de nuestra vida y de la humanidad misma: “Entonces dirá el Rey a los de su derecha: -Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber…

– Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento y te dimos de beber?… Y el Rey les dirá: -En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.”(Mt 25, 34-40).

La encarnación del Hijo de Dios no termina en su Humanidad Santísima, sino que se prolonga en nuestros hermanos, en especial en los más necesitados, en los más pobres y desvalidos, ya que Cristo ha unido en sí nuestra humanidad (cfr. GS, 22), convirtiéndose en la vocación suprema del ser humano. Nada de lo humano nos es extraño. No puede serlo.

Por tanto, la imagen que nos propone Jesús, que ha hecho del amor al prójimo, el distintivo de los cristianos (cf. Jn 13,35), no es algo que podamos relegar o rebajar, salirnos por la tangente. Nuestro S. Juan de la Cruz, el mayor de los místicos espirituales con Santa Teresa de Jesús, lo supo entender bien hasta el punto de sentenciar que “en el atardecer de nuestra vida seremos examinados en el amor” y el Papa Francisco nos dice que en el pobre tocamos la carne de Cristo: “Jesús toca la miseria humana, invitándonos a estar con Él y a tocar la carne sufriente de los demás… Sin embargo, no son pocas las veces que sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor”(Homilía 29.6.2018).

Tocar la carne de Cristo en el desvalimiento de la lacra histórica y dolorosamente persistente del hambre en el mundo es lo que viene haciendo desde hace más de medios siglo y desde el compromiso cristiano Manos Unidas. Por desgracia, a pesar de los milagros conseguidos por ella de aliviar a millones de personas y promover el desarrollo de los más pobres en el Tercer Mundo con sus múltiples proyectos de desarrollo y con la creación de una cultura de la solidaridad y de defensa y promoción de los derechos humanos, el hambre persiste y se acrecienta.

Las cifras más que “cantar”, “lloran” en este sentido, como nos señala Manos Unidas: “Todavía para millones de personas el desarrollo integral sostenible es un imposible. Datos que nos muestran esta contradicción: 821 millones de personas pasan hambre en el mundo, una de cada nueve, y una de cada tres, malnutrición; casi la mitad de la población mundial carece de acceso a servicios básicos de salud; alrededor de 100 millones de personas se ven abocadas a la pobreza extrema por pagar los servicios básicos de salud; más de 800 millones de personas gastan al menos el 10% de su presupuesto familiar para cuidar la salud; el VIH infecta a 2 millones de personas al año; en todo el mundo mueren al día 18.000 personas debido a la contaminación atmosférica; 263 millones de niños y jóvenes, la cuarta parte de la población europea, no están escolarizados; en promedio, 24 personas por minuto se ven desplazadas forzosamente de sus hogares”(R. Doc. Base 2019).

El desafío continúa y mientras no se solucionen los problemas de los pobres no se resolverán los del mundo y no podemos mirar para otro lado. No debemos caer en la tentación de un cristianismo privado, egoísta y aislado, como nos advierte el Papa cuando señala que “muchos tratan de escapar de los demás hacia la privacidad cómoda o hacia el reducido círculo de los más íntimos, y renuncian al realismo de la dimensión social del Evangelio. Porque, así como algunos quisieran un Cristo puramente espiritual, sin carne y sin cruz, también se pretenden relaciones interpersonales sólo mediadas por aparatos sofisticados, por pantallas y sistemas que se puedan encender y apagar a voluntad. Mientras tanto, el Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo. La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros” (EG, 88).

Basten estas ideas para que todos no sintamos interpelados y motivados para responder con generosidad a la Campaña de este año 2019 de Manos Unidas en nuestra diócesis, que tiene como centro al igual que en el resto de España la defensa y promoción de los derechos de la mujer, sobre todo en los países más pobres del mundo. Somos porcentualmente, así se consta de lo recaudado a lo largo de los últimos años, de las diócesis más generosas a pesar de la trágica disminución de nuestra población no sólo en su número, sino también por el doloroso empobrecimiento salarial que, según nos daba cuenta la prensa recientemente, el 53% de los sueldos en la provincia de Ávila no llegó a 900 euros al mes en 2017, situándose el salario medio de los abulenses casi doscientos euros por debajo de la media regional y nacional (cf. Diario de Ávila, 20-1-2019). Pero, como siempre, los pobres son los más generosos. No perdamos esta sensibilidad que Jesús alaba en el Evangelio (cf. Mc 12, 41-44) y no quedará sin recompensa.

Quiero terminar esta carta dando las gracias de corazón a los responsables diocesanos de Manos Unidas, a sus voluntarios y benefactores, presentes en todas las parroquias y realidades eclesiales, así como en el ámbito civil. ¡Gracias por vuestra generosidad! ¡Dios os lo pague! Unamos a ello nuestra oración a Dios por los pobres.

Con mi saludo fraterno, recibid mi bendición,

gil tamayo firma obispo
✠ José María Gil Tamayo
Obispo de Ávila

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