Comentario a la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate (V): Características de la santidad en el mundo actual

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

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Domingo 17 de febrero de 2019

Queridos diocesanos:

El Papa expone algunas características de la santidad en el mundo actual. Son en total “cinco grandes manifestaciones del amor de Dios y al prójimo que considero de particular importancia, debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy” (GE 111).

El Papa es consciente de que en esta cultura se manifiestan riesgos y límites que él también enumera: “la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual” (GE 111).

Aguante, paciencia y mansedumbre. Es necesario “luchar y estar atentos frente a nuestras propias inclinaciones agresivas y egocéntricas para no permitir que se arraiguen” (GE 114). La humildad que se alcanza también gracias a soportar las humillaciones cotidianas, es una característica del santo, que tiene un corazón “pacificado por Cristo. Liberado de esa agresividad que brota de un yo demasiado grande” (GE 121).

Alegría y sentido del humor. En efecto, la santidad “no implica un espíritu apocado, tristón, agriado, melancólico, o un bajo perfil sin energía” (GE 122). Más todavía, “el mal humor no es un signo de santidad” (GE 126). Por el contrario, “el santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado” (GE 122). El Señor “nos quiere positivos, agradecidos, y no demasiado complicados” (GE 127).

Audacia y fervor. El reconocimiento de nuestra fragilidad no debe impulsarnos a la falta de audacia. La santidad vence los miedos y los cálculos, la necesidad de encontrar lugares seguros. El papa Francisco enumera algunos: “individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas” (GE 134). El santo no es un burócrata ni un funcionario, sino una persona apasionada que no sabe vivir en la “mediocridad tranquila y anestesiante” (GE 134). El santo desinstala y sorprende (cfr. Ibíd.), porque sabe que “Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras” (GE 146).

En comunidad. Más aún, a veces la Iglesia “ha canonizado a comunidades enteras que vivieron heroicamente el Evangelio o que ofrecieron a Dios la vida de todos sus miembros” (GE 141), preparándose juntos incluso para el martirio, como en el caso de los beatos monjes de Thibhirine, en Argelia (cfr. GE 141). Para Francisco la vida comunitaria preserva de la “tendencia al individualismo consumista que termina aislándonos en la búsqueda del bienestar al margen de los demás” (GE 146).

En oración constante. El santo “necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor” (GE 147).

Pero el Papa precisa: “No creo en la santidad sin oración, aunque no se trate necesariamente de largos momentos o de sentimientos intensos” (GE 147). Más aún, advierte en contra de “prejuicios espiritualistas”, que llevan a pensar que “la oración debería ser una pura contemplación de Dios, sin distracciones, como si los hombres y los rostros de los hermanos fueran una perturbación que hay que evitar” (GE 154). Por el contrario, justamente la intercesión y la oración de petición son agradables a Dios, porque están ligadas a la realidad de nuestra vida.

Alternativas como la de “o Dios o el mundo” u “o Dios o la nada” son equivocadas. Dios actúa en el mundo, trabaja para llevarlo a plenitud para que el mundo esté plenamente en Dios. En la oración se realiza el discernimiento de los caminos de santidad que el Señor nos propone.

Con mi afecto y bendición,

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