Santa Misa con motivo de la reapartura de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena

Homilía de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

jimenezzamora17022019

Iglesia parroquial de Santa María Magdalena, Zaragoza
Domingo, 17 de febrero de 2019

REAPERTURA DE LA IGLESIA PARROQUIAL
DE SANTA MARÍA MAGDALENA

¡Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”! (Sal 121, 1).
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! ¡Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre! (Sal 83, 2.5).

Recordar, agradecer y confiar

Queridos hermanos: me alegro de estar entre vosotros esta mañana en el domingo. Hoy es un día para recordar, agradecer y confiar.

Hacemos memoria agradecida del pasado y recordamos los beneficios recibidos. La comunidad parroquial vuelve a la que ha sido ininterrumpidamente su sede durante más de ocho siglos. Sus puertas se abren de nuevo para dar respuesta a las necesidades del barrio y sus gentes. La parroquia del “Gallo” aspira a ser una referencia espiritual y cultural desde su identidad cristiana en este barrio de la Magdalena, en otro tiempo un barrio campesino y estudiantil, lugar de la Universidad, de Centros de Estudios, de Hospitales.

Desde la fundación de la Parroquia, cuánta gracia de Dios derramada en esta comunidad, en sus sacerdotes-pastores, personas consagradas y fieles laicos. El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres (cfr. Sal 125). Todo viene de Dios. “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los que la construyen” (Sal 127, 1). Dice un aforismo: “La gratitud brota de la memoria, y del recuerdo nace la esperanza”. La Sagrada Escritura, en el libro del Eclesiástico dice: “Fijaos en las generaciones antiguas y ved: ¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado. O ¿quién perseveró en su temor y fue abandonado, o quién lo invocó y fue desatendido?” (Eclo 2, 10).

Día de fiesta

La reapertura del templo parroquial y la consagración de su altar es el coronamiento de una larga empresa de esfuerzos y sacrificios compartidos por todos y el cumplimiento logrado de un deseo sentido por muchos. Por eso es una fiesta de fe, que marca un hito importante en la vida de vuestra comunidad dentro de la Iglesia Diocesana de Zaragoza.

¿Qué hacemos al reabrir esta Iglesia? En el barrio, hemos levantado esta “tienda del encuentro” de todos los fieles del barrio. En un contexto tan secularizado como el que vivimos hoy, este templo es un faro potente que irradia la luz de la presencia de Dios en medio de nosotros, porque Dios es capaz de responder a los deseos más hondos y verdaderos del corazón de cada hombre y mujer, dando esperanza a la vida de las personas y de las familias. Por otra parte, los niños, jóvenes y adultos tenéis la posibilidad de iniciaros en la fe y formaros aquí en la parroquia, que es el hogar y el horno donde se amasa el pan de la fraternidad y se prepara la comunidad para acoger, celebrar y vivir la fe.

Liturgia de la Palabra

La Liturgia de la Palabra ilumina el misterio del tempo y del altar.

Reabrimos este templo para la gloria de Dios y para la santificación de la comunidad cristiana. Esta es la casa de Dios y la casa de los hombres. “Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo” (1 Pe 2, 4-5).

El libro del Génesis (1ª lectura), narra el sueño de Jacob en Betel. La escalinata por la que suben y bajan los ángeles de Dios comunica el cielo y la tierra significa la presencia de Dios en la tierra. Por eso Jacob exclama: “este lugar es la casa de Dios y la puerta del cielo”.

Dios ha querido morar entre los hombres y en Cristo Jesús se ha hecho carne y templo. Lo hemos escuchado en la proclamación del Evangelio según San Juan. Cuando los judíos pidieron a Jesús un signo que diera razón de por qué había purificado el templo de Jerusalén, expulsando de él a los vendedores y a los cambistas de monedas que lo profanaban, Jesús les respondió: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré” (Jn 2, 19). Ellos no entendieron ni tampoco los Apóstoles, porque “Él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de lo que había dicho y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús” (Jn 2, 21-22). Jesús es el verdadero templo de Dios y nos ha asociado a Él haciendo de nosotros las piedras vivas que – dice San Pedro – “entran en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo” (1 Pe 2, 5). Esta edificación que es la Iglesia y que tiene como piedra angular a Cristo es contemplada por el apóstol San Pablo como un edificio, y dice: “vosotros sois edificio de Dios” […] No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros […]; el templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros” (1 Cor 3, 9-11.16-17).

Ritos y consagración del altar

Queridos hermanos: os invito a participar activamente en la rica liturgia de la reapertura de la Iglesia, que es sumamente expresiva por sí misma. Después de la procesión de entrada, hemos recibido la aspersión del agua, signo de nuestro Bautismo, en el que fuimos injertados simbólicamente en la muerte y resurrección de Cristo. Acabamos de concluir la liturgia de la Palabra. Dentro de poco, haré la oración de la dedicación de la iglesia y del altar, con la que se manifiesta el propósito de dedicar la Iglesia para siempre a Dios y se pide su bendición. Seguirá la unción con el santo crisma del altar. El altar se convierte en símbolo de Cristo, que es y se llama el “Ungido” por excelencia y que con la ofrenda de su cuerpo y de su sangre continúa la redención del mundo por medio de la Iglesia. La unción de la iglesia significa que ésta es dedicada por completo y para siempre al culto cristiano. Seguirán los ritos de la incensación del altar, para significar que el sacrificio de Cristo sube hacia Dios como ofrenda agradable y propiciatoria con las oraciones de los fieles. El revestimiento del altar para la mesa del banquete eucarístico y su iluminación, signo de Cristo, Luz del mundo, concluyen esta parte de los ritos.

Preparado el altar, el Obispo celebra la Eucaristía junto con los sacerdotes concelebrantes. Esta es la parte más importante de toda esta ceremonia ritual. La Eucaristía consagra el mismo altar y toda la iglesia, tal como los padres antiguos afirman repetidamente: “Este altar es admirable, porque por naturaleza es una piedra, pero se convierte en santo después de que ha sostenido el Cuerpo de Cristo” (San Juan Crisóstomo).

Os recuerdo el uso concreto que se espera que se haga de la iglesia: “Es el edificio en el que se congrega la comunidad cristiana para escuchar la Palabra de Dios, orar comunitariamente, recibir los sacramentos y celebrar la Eucaristía. Pero la oración de la dedicación añade algo muy importante: que la Iglesia sea lugar de solidaridad y un espacio donde los pobres alcancen acogida y misericordia. La dimensión propia de la caridad de los discípulos de Cristo siempre debe estar presente en la casa de la iglesia. Hay aquí una llamada a la dimensión social de la fe y al testimonio de la caridad, que tenemos que vivir siempre, sobre todo, en tiempos de crisis económica para ayudar a los parados; acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados. La parroquia debe ser una casa abierta a todos, al barrio y a las necesidades de los más pobres.

Al concluir esta homilía, os exhorto a todos los fieles de esta querida parroquia de santa María Magdalena a que hagáis realidad los deseos de los últimos Papas sobre la Parroquia, y que recoge nuestra Programación Pastoral para este curso 2018-2019. El Papa San Juan XXIII decía que es como la fuente del pueblo a la que todos van a beber para seguir caminando. San Juan Pablo II decía que la parroquia es “la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas”. Y el Papa Francisco en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium nos dice: que la parroquia “tiene que estar en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no puede convertirse en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos […] La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y de la celebración” (cfr. EG 28).

A la intercesión de santa María Magdalena, “apóstol de los apóstoles”, a quien está dedicada esta parroquia confiamos los trabajos y frutos de la andadura de la Parroquia para los próximos años.

Santa María Magdalena amó al Señor, lo vio morir en la cruz, lo buscó yacente en el sepulcro, fue la primera en adorar a Jesús resucitado de entre los muertos; el Señor la honró ante los apóstoles con el oficio del apostolado para que la buena noticia de la vida nueva llegase hasta los confines del mundo.

En la Eucaristía en la que estamos participando, Cristo se hace cuerpo entregado y sangre derramada, comida y bebida para el camino de nuestra vida cristiana. Que la Eucaristía sea la fuente y cumbre de esta parroquia: comunidad de la transmisión de la fe, de celebración de los sacramentos y del testimonio de la caridad. Que el Señor que ha comenzado esta obra buena, él mismo la lleve a término Amén.

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