Saludo a la diócesis de Cartagena

Carta de
D. SEBASTIÁN CHICO MARTÍNEZ
Obispo auxiliar electo de Cartagena

sebastian chico

Murcia, 20 de febrero de 2019

¡Dios me ha llamado! ¡Dios me ha vuelto a llamar! Hace 18 años lo hizo, para dejar mis redes y ponerme junto a Él a faenar, siendo “pescador de hombres”. En aquel momento, como Pedro, le dije: “en tu Palabra echaré las redes”. Hoy, después de estos años donde he podido contemplar y vivir su Gracia, me vuelve a llamar y, como a Pedro, para que “apaciente Su rebaño”, participando plenamente del Ministerio Apostólico. Soy consciente de que me ha dado el ciento por uno. Me siento tremendamente feliz viviendo mi sacerdocio, y en todo he visto que “me ha bastado su Gracia”. Hoy nuevamente le digo: ¡Aquí estoy Señor! ¡Hágase en mí según tu Palabra!

Dios ha vuelto a poner su mirada en este sacerdote, hijo de una familia humilde y de un pueblo maravilloso del Noroeste Murciano, Cehegín, cuyos orígenes cristianos se remontan a los primeros siglos de la Iglesia. Me siento muy dichoso y orgulloso de mis raíces, de mi familia (mi padre, mi madre, mis hermanos y mis sobrinos) y de mi Iglesia diocesana. Sois el primer “gran regalo” que Dios me ha dado en la vida. Yo también quiero ser “un don” para todos vosotros ante esta elección y la misión a la que se me envía. ¡Dios se ha fijado en un hijo de esta tierra murciana y de esta Iglesia!

Principalmente, quiero dar las gracias a Dios que, una vez más, se ha fijado en mi persona, para llamarme a ser sucesor de los Apóstoles. “He sido concebido en la larga noche de oración en la que el Señor Jesús habló al Padre acerca de sus Apóstoles y, de todos aquellos que, a lo largo de los siglos, participarán de su misma misión”. También agradezco al Santo Padre, el Papa Francisco, la confianza que ha depositado en mí, nombrándome Obispo Auxiliar de esta Diócesis de Cartagena. Como siempre lo he sentido, y así lo he vivido, renuevo mi total lealtad y fidelidad a su persona y a su Magisterio. Agradezco a D. José Manuel, nuestro Obispo y Pastor, la paternidad que siempre ha tenido conmigo y la confianza que ha depositado en mí, en las responsabilidades que me ha confiado a lo largo de estos años, así como el aceptarme junto a él para servirle, colaborando como su Auxiliar en su Episcopado… Espero presentarle la deseada y eficaz ayuda que usted desea. No obstante, le pido que me ayude a aprender a ser Obispo y que rece mucho por mí.

A toda la Iglesia diocesana: ¡gracias! Pues en su seno es donde ha nacido y crecido mi fe. A mi parroquia de Santa María Magdalena de Cehegín, bajo la mirada de la Virgen de las Maravillas, donde se ha forjado y florecido mi vocación sacerdotal y donde he recibido el don del sacerdocio. A los lugares donde he ejercido mi ministerio: la parroquia de San Francisco Javier-San Antón de Murcia, la de Santa Lucía y Los Mateos en Cartagena, la de Nuestra Señora del Rosario en Santomera y, en la actualidad, a los seminarios diocesanos Mayor San Fulgencio y Menor San José. Gracias a todos los laicos, religiosos, sacerdotes y seminaristas que, en las distintas responsabilidades pastorales, a lo largo de estos años, me habéis ayudado a vivir mi servicio de total entrega.

Especialmente, en estos momentos, mi corazón tiene una gran gratitud a todos los seminaristas de nuestra Diócesis. Vosotros me habéis fortalecido, con el frescor de vuestra vocación, durante estos ocho años. Habéis colaborado, con vuestro testimonio y entrega, en formarme y prepararme para responder ante la nueva vocación a la que soy llamado. Gracias por ser tan valientes y tan generosos. Dios os dará, el ciento por uno.

Me encuentro abrumado por la responsabilidad que se me pide, pero soy consciente de que estoy en las manos de Dios y totalmente fortalecido por la gracia del Espíritu Santo. Estos días, de manera especial, estoy caminando junto al Señor Crucificado y Resucitado, con la firmeza de sentirme sostenido por el corazón materno de la Virgen María, la Señora, y el amor que le tengo. Me siento tremendamente mantenido, en el inicio de estos primeros pasos, por la Eucaristía, centro de toda mi vida y de mi ministerio sacerdotal, y por el gran deseo de seguir sirviendo al pueblo santo de Dios.

Comienzo esta preparación, para la gran peregrinación que iniciaré el sábado día 11 de mayo (víspera del día del Buen Pastor) con mi Ordenación Episcopal, en la Santa Iglesia Catedral, con temor y temblor, pero con la confianza puesta en el Señor, escuchando una y otra vez: “te basta mi Gracia”.

El Santo Padre, con mi nombramiento, me pide que sirva a mi Diócesis de origen, siendo Auxiliar de esta Iglesia de Cartagena, estando junto a mi Obispo y ayudándole en todo lo que necesite. Deseo estar a la altura de tan gran solicitud y tan gran Pastor. Ya, desde este momento, me pongo al total servicio de esta Iglesia milenaria, de su Pastor, y de su presbiterio, mis hermanos sacerdotes, de todos los religiosos y religiosas, de todos los seminaristas, de todas las familias y los jóvenes, de los niños y de los ancianos, de los pobres y de los necesitados. El Señor os ha concedido la ayuda, el auxilio, de un nuevo pastor, ¡haced uso de él! ¡Aquí me tenéis para dar la vida por vosotros!

Soy consciente de que el Ministerio Episcopal traspasa los límites de la Iglesia local, por lo que, desde estos primeros momentos, también me pongo al servicio de todo el Colegio Episcopal y de toda la Iglesia Universal, cuya cabeza es el Santo Padre, el Papa Francisco.

Quiero iniciar esta etapa de mi vida con un primer objetivo (sé que irán surgiendo otros más adelante): “ser hombre de esperanza”, arraigando toda mi vida y mi ministerio en el Evangelio, es decir, en Jesucristo, el Buen Pastor. Desde este arraigo, podré ser profeta, testigo y servidor de la Esperanza para este mundo. Estamos viviendo momentos difíciles y complicados, en la Iglesia y en nuestra sociedad, y el hombre necesita de la esperanza, “virtud que sustenta la fe e incentiva de forma eficaz la caridad”. Y deseo, especialmente, ser hombre de esperanza para tantos jóvenes que están sintiendo, o puedan sentir, la llamada de Dios, para una vocación tan noble y necesaria como es el sacerdocio, diciéndoles y alentándoles “que no tengan miedo a dejar sus redes”, a fiarse de la persona de Jesucristo y ser “pescadores de hombres”.

Os ruego que pidáis por mí, para que sea “un centinela atento, un profeta audaz, un testigo creíble y fiel servidor de Cristo” y de su Iglesia. Cuento con vuestras oraciones, vosotros contad, ya desde hace varios días, de una forma especial, con la mía, la de un pobre sacerdote que ha vuelto a ser llamado por el Señor para “apacentar Su rebaño” y ha respondido “sí”.

Sebastián Chico Martínez
Obispo auxiliar electo de Cartagena

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