Santos de la puerta de al lado

Carta de
Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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Domingo 3 de marzo de 2019

Queridos fieles:

Haciendo la Visita Pastoral por el arciprestazgo de Zafra, he conocido tantas realidades hermosas, pero escondidas, de gente que se entrega, reza, trabaja y ama al Señor y a su Iglesia desde el silencio, la alegría, la naturalidad y la sencillez. He aprendido tanto y agradezco al Señor tantas lecciones de vida cristiana y de santidad, que si no las vives y experimentas parece que no existen de escondidas que están. Al bien, efectivamente, no le gusta hacer ruido.

He aprendido tanto de los sacerdotes que me han acogido, mostrándome con sencillez su trabajo y las dificultades que comporta su vida hoy, pero también con alegría por los frutos de su actividad pastoral, convencidos que es el Señor quien da el incremento. He aprendido de los fieles laicos más cercanos y comprometidos en las actividades de la parroquia, que acompañan al sacerdote y lo ayudan, sea quien sea, con una fidelidad avalada, en algunos casos, por muchos años de servicio ininterrumpido en los consejos parroquiales, en cofradías y hermandades, en la catequesis, en la liturgia, en Cáritas, en la atención a los enfermos, en la limpieza del templo, en los coros parroquiales… He aprendido de las comunidades religiosas que he visitado y que me han acogido con gran delicadeza y cariño. He aprendido de los niños con su sencillez y naturalidad, haciéndome preguntas variadísimas sobre todo lo humano y lo divino. He aprendido, sobre todo, de enfermos que he ido a visitar en todas las parroquias. Mujeres y hombres, en la mayoría de los casos ya ancianos y algunos muy ancianos, que han trabajado duro en casa, en el campo o en la mina, cuando aún los derechos de los trabajadores no estaban ni medio claros y la situación económica de nuestro país era muy precaria, que están ahora en sus casas, con enfermedades de todo tipo, atendidos con un cariño enorme por sus hijas e hijos u otros familiares. He visto la alegría en sus ojos y las muestras de cariño y afecto hacia el Obispo y, sobre todo, su gozo por recibir el sacramento de la Comunión.

Me he avergonzado por mi falta de fe y de correspondencia al Señor. Me he sentido muchas veces un enano en la fe y en el amor en comparación con ellos. Son personas que sufren de verdad, que tienen enfermedades no inventadas, que, en muchos casos, no pueden caminar, pero con una dignidad humana y sobrenatural que sobrecoge. Y después de la Comunión, he visto y oído cómo rezan el “Alma de Cristo, santifícame; Cuerpo de Cristo sálvame; Agua del costado de Cristo, purifícame… En la hora de la muerte, mándame ir a Ti”.

Agradezco profundamente a los sacerdotes y a los fieles que los visitan, les llevan la Comunión, los atienden, también en las residencias de ancianos que he podido visitar. He vuelto a casa después de las visitas pastorales muchas veces removido por dentro ante estos ejemplos de vivencia de la fe de nuestros mayores tan natural y sencilla en medio del dolor. He ahí un ejemplo de los santos de la puerta de al lado.

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 Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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