La Cuaresma cristiana: gran retiro espiritual de la Iglesia

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

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Domingo 10 de marzo de 2019

Queridos diocesanos:

“El tiempo cuaresmal prepara a los fieles a oír la Palabra de Dios más intensamente y a orar, especialmente mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y la penitencia, para celebrar el misterio pascual” (Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 109).

El papa Francisco en el Mensaje para la Cuaresma de este año reafirma este significado de la Cuaresma, al escribir: “Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios “concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios” (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: “Pues hemos sido salvados en esperanza” (Rom 8, 24). Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: “la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rom 8, 19).

Simbolismo bíblico del número cuarenta

Para entender mejor lo que significa “Cuaresma”, conviene recordar el simbolismo bíblico del número cuarenta. A la hora de dar sentido a este período como preparación a la Pascua, influyó ciertamente el simbolismo bíblico del número cuarenta: los episodios de los cuarenta días del diluvio antes de la alianza con Noé; de Moisés y sus cuarenta días en el monte; del pueblo de Israel y sus cuarenta años por el desierto; de Elías caminando cuarenta días hacia el monte del encuentro con Dios; y sobre todo los cuarenta días de Jesús en el desierto antes de empezar su misión mesiánica, tienen de común que este espacio de tiempo sirve de prueba, purificación y preparación de un acontecimiento importante y salvador. “La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de Cuaresma, al misterio de Jesús en el desierto” (Catecismo de la Iglesia Católica, 540).

Compromisos cristianos para la Cuaresma

En este tiempo la Iglesia nos invita a la oración, el ayuno y la limosna. Con el rito de la imposición de la ceniza, la Iglesia nos introduce en la Cuaresma, que como un gran retiro espiritual de cuarenta días, en el cual se nos invita a redescubrir el don de la fe recibida en el bautismo y a acercarnos al sacramento de la reconciliación, poniendo nuestro esfuerzo de conversión interior bajo el signo de la misericordia divina. Convertirse es acudir a la escuela de Jesús y seguir dócilmente sus huellas. A la luz del Evangelio, la Iglesia propone a los fieles algunos compromisos específicos para este itinerario: la oración, el ayuno y la limosna. En esta carta pastoral me voy a fijar en el ayuno.

Significado del ayuno

Así, pues, en el tiempo de Cuaresma la Iglesia nos invita al ayuno. Pero podemos preguntarnos: ¿Por qué ayunar? ¿Por qué privarnos de alimentos o cosas que de suyo son buenas? Para los cristianos hay un motivo fuerte y profundo: queremos imitar y acompañar a Jesús que, según nos narran los evangelios, ayunó durante cuarenta días en el desierto, antes de comenzar su vida pública.

Llamamos ‘ayuno’ a la privación voluntaria de comida durante algún tiempo por motivos religiosos, como acto de culto ante Dios. La palabra ‘ayunar’ también se aplica en otros sentidos: abstenerse del pecado, del odio, de los vicios.

En la Biblia el ayuno es señal de penitencia, expiación de los pecados, oración intensa o voluntad firme de conseguir algo. Recordamos el ayuno que se autoimpusieron los habitantes de Nínive, ante la predicación de Jonás, y cómo Dios los perdonó de sus muchos pecados. Otras veces, como en los cuarenta días de Moisés en el monte o de Elías en el desierto o de Jesús antes de empezar su misión, subraya la preparación intensa para un acontecimiento importante. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él.

El ayuno, junto con la oración y la limosna, ha sido desde muy antiguo una “práctica cuaresmal” como signo de conversión interior a los valores fundamentales del Evangelio de Cristo y la relativización de otros valores que no se consideran tan esenciales. Actualmente nos abstenemos de carne todos los viernes de Cuaresma que no coincidan con alguna solemnidad y hacemos abstinencia y también ayuno (una sola comida al día), el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Ahora bien, el verdadero ayuno, como nos dice el Señor, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial que ve en lo secreto del corazón y no se fija en la exterioridad de las obras; por tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Por ahí va el sentido auténtico del ayuno.

Acciones que ayudan a vivir el tiempo de Cuaresma

Leer la Palabra de Dios (lectio divina); acercarse al sacramento de la Penitencia, confesando nuestros pecados; asistir a las charlas cuaresmales; practicar días de retiro espiritual; realizar el ejercicio del viacrucis, de modo especial, los viernes; practicar la caridad (las obras de misericordia).

Con mi afecto y bendición,

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