El Seminario, misión de todos

Carta de
Mons. D. José Luis Retana Gozalo
Obispo de Plasencia

jose luis retama

El 19 de marzo celebramos la fiesta de san José, patrono del Seminario.

El Papa Juan Pablo II en la Exhortación apostólica Redemptoris custos, sobre la figura y la misión de san José en la vida de Cristo y de la Iglesia, afirma: “Durante la vida de san José, que fue una peregrinación en la fe, José, al igual que María, permaneció fiel a la llamada de Dios hasta el final. La vida de ella fue el cumplimiento hasta sus últimas consecuencias de aquel primer fiat pronunciado en el momento de la Anunciación, mientras que José, en el momento de su anunciación, no pronunció palabra alguna. Simplemente, él hizo como el ángel del Señor le había mandado” (Mt 1, 24). Sus obras fueron la manifestación expresiva de su honda fe. La Iglesia comprendió en seguida que ese aparente papel secundario de José escondía el secreto de la grandeza de la vocación, de la fidelidad y del amor incondicional.

El seminario es el corazón de nuestra diócesis, el ámbito humano donde crece y madura la vocación de aquellos jóvenes procedentes de nuestras comunidades parroquiales que han respondido generosamente a la llamada de Cristo a prolongar su presencia salvadora entre los hombres. Son un verdadero tesoro de nuestra Iglesia de Plasencia, aunque en este momento nuestros seminaristas se encuentran en Salamanca, formándose junto a los seminaristas de otras Diócesis vecinas y cursando sus estudios de Teología en la Universidad Pontificia. Os comunico con gozo que Miguel Ángel Palacios Pino, natural de Miajadas, se instituirá de Lector y Acólito en Hervás, donde está realizando la experiencia pastoral este curso, el domingo 17 de marzo. Pedid por él.

Pero como los sacerdotes no nacen sino que se hacen, la vocación ha de madurar libremente, y también fielmente, correspondiendo a la gracia de Dios. La vocación es el resultado de la iniciativa gratuita de Dios y de la humilde y consciente respuesta humana.

El espíritu de oración y la Eucaristía diaria, el tiempo necesario dedicado al estudio, las vivencias pastorales adecuadas a su situación personal y la riqueza que aporta la vida comunitaria, bien armonizados en el proyecto formativo del Seminario, son los caminos por los que el Señor va imprimiendo en los candidatos al sacerdocio la imagen del Buen Pastor. El Papa Benedicto XVI nos recordaba que “un clero no suficientemente formado, admitido a la ordenación sin el debido discernimiento, difícilmente podrá ofrecer un testimonio adecuado para suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo” (Sacramentum Caritatis, 25).

El lema elegido este año para la campaña del Seminario ha sido: El Seminario, misión de todos. La vocación al ministerio sacerdotal es un regalo de Dios a la Iglesia que requiere la participación activa de todos los cristianos como miembros del cuerpo de Cristo. En el contexto de una sociedad que prescinde continuamente de Dios, como es la actual, es preciso esforzarnos especialmente por generar una cultura de la vocación, en la que hagamos ver la necesidad que el mundo y los hombres tienen de Dios y el deseo que Dios tiene de comunicar su amor gratuito y misericordioso a la humanidad entera.

El objetivo de la campaña del Día del Seminario es triple; digámoslo con tres verbos de acción: promover, acompañar y sostener:

1. En primer lugar, promover, es decir, favorecer la escucha de la llamada de Dios al sacerdocio en todos aquellos niños, jóvenes y adultos que Dios ha escogido. Una tarea fundamental para el futuro de la Iglesia y de la sociedad que requiere el compromiso de todo el pueblo de Dios. En este sentido, el Día del Seminario es una llamada de atención a toda la comunidad cristiana, y en particular a las familias cristianas, sobre su responsabilidad en la pastoral de las vocaciones al ministerio sacerdotal. Jesucristo y la Iglesia nos piden generosidad a la hora de la respuesta vocacional cuando se da en nosotros o en un miembro de nuestra familia. Conscientes de esta necesidad hemos de hacerla propia, si de verdad amamos a la Iglesia y queremos que nuestras comunidades parroquiales, Movimientos y asociaciones estén llenas de vitalidad cristiana y no carezcan de pastores que las guíen y las cuiden. Hemos de rogar incesantemente para que no falten sacerdotes en la Iglesia.

2. Además de promover, hemos de acompañar, es decir, tender la mano a los «llamados» ayudándoles a escuchar la voluntad de Dios y acoger con docilidad y fidelidad su designio. Todos tenemos una responsabilidad en la promoción, cultivo y acompañamiento de las vocaciones al sacerdocio: el Obispo, los sacerdotes, las familias, los responsables de la catequesis y de las clases de Religión, las comunidades contemplativas y las comunidades cristianas. En primer lugar, porque todos hemos recibido la vocación a la vida cristiana y al seguimiento de Cristo por el Bautismo. Sin el cultivo de nuestra vocación fundamental y común de llamada a la santidad de vida en el amor de Dios y en el servicio a los demás, no es previsible que surjan vocaciones para una vida de mayor entrega y de especial con sagración. En segundo lugar, porque la tarea de cultivar las vocaciones es primordial en la Iglesia. La Iglesia no puede subsistir sin sacerdotes que den vida, la animen y la conduzcan en nombre de Jesucristo, Buen Pastor.

3. Finalmente, sostener, sobre todo a través de la oración intensa e incesante de manera que los elegidos perseveren en su respuesta a la llamada del Señor. Hemos de colaborar con Dios para que su llamada tenga respuesta en el corazón de los jóvenes. Todos hemos de emprender una entusiasta y eficaz campaña vocacional. Primero hablando a Dios y presentándole la gran necesidad de sacerdotes que tiene su Iglesia. Pedirle y confiar en Él ya que su ayuda no nos ha de faltar. Esta oración de súplica es imprescindible hoy. Y también hablar de Dios a la familia y a los jóvenes, comunicándoles lo que el Señor quiere y lo que la Iglesia necesita, es decir, sacerdotes que sirvan a la comunidad y que haya jóvenes que se presten a ese servicio.

Me dirijo particularmente a vosotros, niños y jóvenes, recordándoos que la vocación es una particular manifestación de predilección de Dios a la persona elegida; nace de la escucha atenta al Señor y exige fidelidad a lo escuchado en el corazón. Al Señor le podéis escuchar en el silencio de vuestro interior o en el testimonio de sus discípulos. Os invito a vivir confiadamente un encuentro con Aquel que os librará de vuestros miedos y desconfianzas. Si os llama al sacerdocio, no tengáis miedo de responderle con disponibilidad. Como decía san Juan Pablo II: si el Señor llama a la puerta de tu corazón, sé generoso, respóndele. La respuesta a la llamada de Cristo y de la Iglesia os hará felices, recibiréis ya aquí el ciento por uno. ¡Y después la vida eterna!

Lo pedimos al Padre por medio de san José y de Santa María. Que ellos nos alcancen la gracia de abundantes vocaciones al ministerio sacerdotal en nuestra Diócesis de Plasencia y en toda la Iglesia.

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✠ José Luis Retana Gozalo
Obispo de Plasencia

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