Santa Misa con el Rito de la Ordenación de Presbíteros

Homilía de
Mons. D. JULIÁN LÓPEZ MARTÍN
Obispo de León

lopezmartin17032019

DOMINGO II DE CUARESMA (C) Y ORDENACIONES

(17-III-2019)

“Y subió a lo alto del monte para orar”

Gn 15.5-12.17-18; Sal 26.       Fil 3.17-4.1       Lc 9, 28b-36

Celebremos a Nuestro Señor Jesucristo en el misterio de su transfiguración,
que ilumina y llena de alegría nuestra asamblea eucarística dominical.

El motivo que nos ha reunido esta tarde, domingo II de Cuaresma, la ordenación de cuatro candidatos al Ministerio presbiteral en nuestra diócesis, nos llena a todos de alegría y de esperanza. Es el mejor modo posible de celebrar el Día del Seminario con su mensaje, indicativo este año de la misión que nos atañe a todos a la hora de suscitar y cultivar las vocaciones al ministerio sacerdotal. No obstante, no nos olvidamos del Santo Custodio del Redentor, San José, cuya solemnidad, aunque desprovista del descanso laboral, se celebra pasado mañana y a quien confiamos como siempre la formación de los futuros presbíteros. Pero debemos centrarnos en la liturgia de este domingo.

1.- La transfiguración del Señor según el relato evangélico

En efecto, el evangelio que se acaba de proclamar ha rememorado la hermosa escena de la transfiguración del Señor ante el asombro de los discípulos Pedro, Santiago y Juan, escogidos por Jesús para acompañarle en ese momento. Los tres apóstoles serían testigos también de la agonía de su Maestro en el Huerto de los Olivos. Ahora han subido con Él “a lo alto del monte para orar” (Lc 9,28). Procuremos nosotros introducirnos también en este ambiente espiritual en el que se manifestó la gloria del Hijo de Dios para que los discípulos creyeran en Él (cf. Jn 2,11). En la plegaria Jesús se unió al Padre tan intensamente que “el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban resplandecientes” (Lc 9,30)El episodio hizo patentes también los vínculos de nuestro Señor Jesucristo con la historia de la salvación: “De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías”, o sea, la Ley y los Profetas, “que, apareciendo con gloria, hablaban del éxodo que él iba a consumar en Jerusalén” (9,31).

La transfiguración fue, pues, un hecho de singular importancia en la vida de Jesús a continuación del primer anuncio de la Pasión. Sin embargo, la liturgia nos invita a contemplar el acontecimiento después de habernos recordado el pasado domingo las tentaciones de Jesús en el desierto. Ambos acontecimientos: tentaciones y transfiguración, anunciaban y en cierto modo anticipaban ya el misterio pascual. No olvidemos su significado: Hoy contemplamos al Señor transfigurado, pero antes Él compartió con nosotros el acoso del mal, es decir, la tentación. De este modo quiso animarnos y fortalecernos para que no nos dejemos seducir nunca por el Maligno, a la vez que dio un nuevo impulso a nuestra vida cristiana que tiene, desde entonces, un dinamismo pascual: de la conversión a la comunión, de la lucha al triunfo, de la muerte a la vida.

2.- De la transfiguración de Cristo a la transformación de los discípulos

Creo que no es forzar demasiado el alcance de la transfiguración del Señor, si la relacionamos con el motivo eclesial que nos ha reunido esta tarde en la catedral: la ordenación de cuatro nuevos sacerdotes para la Iglesia. Porque el sacramento del Orden es un episodio de gracia precedido de un período, más o menos largo e intenso, de formación y de discernimiento y, en ocasiones, de vacilación y de lucha interior. A los ojos de la fe esta celebración representa mucho más que el logro de una meta personal. Realmente es una epifanía o manifestación de la bondad divina a través de los signos litúrgicos, de los gestos y de la plegaria de la Iglesia. La fe contempla y la teología católica enseña que mediante la imposición de manos del Obispo y la plegaria consecratoria se produce una transformación interior en quien recibe el sacramento, quedando especialmente vinculado a Cristo y capacitado, por tanto, para el ministerio sacerdotal.

Ahora bien, el rito de la ordenación contiene también una dimensión espiritual y existencial que ha de manifestarse después en la vida de quienes lo reciben y en el ejercicio del ministerio. En efecto, cuando Dios entra en la existencia de una persona, altera de hecho sus planes al proponerle una relación de confianza a la vez que le otorga sus dones. La primera lectura de hoy nos ofrece un hermoso ejemplo de esta relación: El Señor había dicho a Abraham: Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas”. Y añadió: «Así será tu descendencia». Y Abrán creyó al Señor y se le contó como justicia” (Gn 15,5-6)Así sucede también en el ministerio sacerdotal: El Señor primero llama, y después va manifestando su voluntad en la vida de cada uno. Quienes vais a ser ordenados presbíteros tenéis ya una cierta experiencia de la llamada del Señor y habéis empezado a responder como Abraham. Manteneos siempre en esta actitud mediante el cultivo de la espiritualidad.

3.- De la gracia del sacerdocio brota la misión pastoral

Queridos elegidos para el Orden sacerdotal, especialmente los que procedéis de otras latitudes. La Iglesia de León que es también vuestra comunidad diocesana porque vosotros lo habéis querido generosamente, ha verificado y avala con gozo esta decisión con su plegaria, con su liturgia y con su afecto y gratitud. El rito de la ordenación que va a comenzar es expresión también de esta realidad. Por eso, los cuatro elegidos, además de ungidos por el Espíritu Santo, vais a ser también enviados a realizar una misión pastoral en fidelidad incondicional al Señor, una misión que algunos de vosotros habéis experimentado ya con dimensiones de universalidad y de presencia en otros pueblos y culturas. Vuestra propia procedencia, especialmente los que habéis respondido a la llamada del Señor en el marco del Camino Neocatecumenal, es ya un testimonio valioso en ese sentido. La misión, en todo caso, brotará a partir de ahora no solo de vuestra vocación personal, sino muy especialmente de vuestra consagración sacerdotal y de vuestra vinculación a esta Iglesia diocesana (cf. LG 28).

Estos tres elementos: vocación, consagración y misión son inseparables porque constituyen la esencia del sacerdocio ministerial (cf. PDV 16). Considerad, por tanto, que al ejercer el ministerio participáis de la misión de Cristo, Maestro, Sumo Sacerdote y Buen Pastor. Ofreced a todos con generosidad la palabra de Dios que vosotros mismos debéis escuchar también y meditar con alegría. Continuad la obra santificadora de Jesucristo mediante la celebración de la Eucaristía y los demás sacramentos enseñando a los fieles a unirse personalmente a la ofrenda santa y a prolongarla mediante el ejercicio de la caridad y el servicio a los demás. Sed siempre conscientes de lo que hacéis, imitad en vuestra vida lo que celebráis y procurad participar en todo momento en el misterio de la muerte y resurrección del Señor.

Queridos elegidos: Con vosotros y por vosotros quiero dar gracias al Señor y felicitaros cordialmente. Y lo mismo a vuestras familias y personas más queridas, especialmente a los que han venido de lejos, como también a vuestros formadores, profesores y compañeros en nuestros Seminarios diocesanos de San Froilán y “Redemptoris Mater “Virgen del Camino”, y a todas las personas que os han ayudado o acompañado para llegar a este momento. Mi gratitud también a cuantos habéis preparado esta hermosa celebración y participáis en ella. Que así sea.

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