Santa Misa con motivo de la profesión de fe y juramento de fidelidad a la Iglesia del obispo auxiliar electo de Cartagena

Homilía de
Mons. D. José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena en España

lorcaplanes24032019

S.I. Catedral de Santa María, Murcia
Viernes, 22 de marzo de 2019

Los pastores que quiere el Señor
Profesión de fe y juramento de fidelidad a la Iglesia de Mons. Sebastián Chico

La Eucaristía que estamos celebrando y el rito de profesión de la fe y el de jurar fidelidad del Obispo auxiliar de Cartagena nos interpela a todos, a unirnos a la identidad de nuestro ser cristianos, como evangelizadores, y nos interroga con la fuerza de los consagrados. Decía el Papa Pablo VI que la Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesús y que esta es depositaria de la Buena Nueva que debe ser anunciada, por eso envía a evangelizar. La misión de la Iglesia es continuar la misión de Jesucristo. Está claro cómo el Señor se entregó totalmente al anuncio del Reino, que no tenía tiempo ni para comer.

Me parece oportuno centrarme en la llamada que hace el Señor para el servicio de la evangelización: “Yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis” (Jn 15,16). Estos días hemos pedido al Señor por los seminaristas, con motivo de la Campaña del Seminario y todos hemos reflexionado sobre la vocación. Todos sabemos que el responsable de la llamada es el Señor siempre y la respuesta del llamado no puede ser otra que comprometerse con todas sus fuerzas y todo su ser en el servicio. Pero no debemos olvidar que la naturaleza humana es frágil y débil, por lo que siempre se debe estar en guardia para no decaer, es decir, para no buscar nuestros intereses, sino los de Dios.

San Agustín advertía que hay pastores a quienes les gusta que les llamen pastores, pero no quieren cumplir con el oficio, y les denuncia porque se buscan a sí mismos. Evidentemente que esto es grave, mirarse a sí mismos y no a los que se le encomiendan, es grave. La gravedad es que no les importa el interés de Dios, la voluntad de Dios. Esta situación puede ser frecuente y muy fácil de llegar si descuidamos nuestra esencia, la identificación con Cristo, único modelo. El mismo San Agustín nos animaba a escuchar al Señor, que nos ayudará a decir cosas verdaderas en vez de decir cosas que solo sean nuestras (cfr. Sermón 46, sobre los pastores).

Hoy debemos pedir al Señor por nuestro hermano Sebastián, que ha sido llamado al primer grado del sacerdocio para servir a la Iglesia, según el corazón de Cristo, y pedir por todos los sacerdotes, pero todos los días, en la oración personal o comunitaria, para que no renuncien a su condición de hombres de Dios, que pertenecen a Dios y hacen pensar en Dios. La tarea sacerdotal no solo es acoger, escuchar con gusto, mostrar una sincera amistad… lo que se le pide al sacerdote es que ayude a mirar a Dios, a subir hacia Él. Esta idea tenía el santo Cura de Ars. “Te enseñaré el camino al cielo” había contestado al pastorcillo que le mostró el camino de Ars, es decir, te ayudaré a convertirte en santo. “Allí donde los santos pasan, Dios pasa por ellos”, precisará él más tarde.

Querido hermano Sebastián, ahora puedes recordar lo que te aconsejó el cardenal prefecto de la Congregación para los Obispos, que te recrees en la oración. A esto se refería K. Rahner, cuando escribió eso de que “el cristiano del futuro o será un místico o no será un cristiano”, se refería a que el cristiano, elsacerdote, es alguien que debe saber saborear el misterio de Dios o no podrá anunciar a Jesús. Esta es tu tarea, con la fuerza del Espíritu: predicar, anunciar la belleza de la fe, la alegría de ser de Cristo, que el testimonio de caridad personal es parte integrante de la evangelización y supone una fuerte relación personal con Cristo, el seguimiento e imitación de sus actitudes de Buen Pastor “que el fuego del Evangelio arda dentro de ti, que reine en ti la alegría del Señor”.

Querido hermano, permíteme que te recuerde las palabras del Papa Francisco, que vienen bien para este momento: “el Evangelio nos pide, hoy más que nunca, servir en la simplicidad, en la sencillez y en la austeridad. Esto significa ser ministros, no desempeñar funciones, sino servir con alegría, sin depender de las cosas que suceden y sin unirse a los poderes del mundo. Así, libres para dar testimonio, se manifiesta que la Iglesia es sacramento de salvación”.

Pues que el Señor te conceda esta bendición, te ayude a vivir entregado totalmente al proyecto de Dios y ahora, junto conmigo y con los sacerdotes de esta Iglesia de Cartagena, a trabajar por el Reino de Dios.

Que así sea.

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