Corregir al que yerra

Carta de
Mons. D. José María Gil Tamayo
Obispo de Ávila

gil tamayo oficial

Domingo 24 de marzo de 2019

El tiempo de Cuaresma para los cristianos que se lo toman en serio sirve para ponerse a punto en su vivencia religiosa, recordando por una parte los compromisos que se derivan de la condición de bautizados y por otra preparar a las grandes fiestas del Triduo Pascual, la Semana Santa. Y para vivir adecuadamente este tiempo la Iglesia insiste en tres dimensiones de la praxis cristiana: la oración, el ayuno y la limosna. Con respecto a esto último, lo que se hace es una invitación a avivar la caridad. Y una forma de hacerlo está ciertamente en la limosna, entendiéndola como ayuda a los más necesitados, pero además hay otras obras de misericordia -¿Se acuerdan de ellas?- entre las que está la de corregir al que yerra, la corrección fraterna de la que habla Jesús en el Evangelio cuando dice: «Si tu hermano peca, vete y repréndele a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano» (Mt18,15). En la corrección fraterna la caridad se mezcla con la verdad al servicio de los demás. Porque les queremos, les queremos bien, mejores. Esa es la razón para corregirles.

El Papa Francisco señalaba, comentando esta obra de misericordia, que “a menudo ocurre que nos encontremos a personas que se paran en las cosas superficiales, efímeras y banales; a veces porque no han encontrado a alguien que les estimule para buscar otra cosa, para apreciar a los verdaderos tesoros. Enseñar a mirar lo esencial es una ayuda determinante, especialmente en un tiempo como el nuestro que parece haber tomado la orientación de seguir satisfacciones cortas de miras… La exigencia de aconsejar, advertir y enseñar no nos debe hacer sentir superiores a los demás, sino que nos obliga sobre todo a volver a entrar en nosotros mismos para verificar si somos coherentes con lo que pedimos a los demás. No olvidemos las palabras de Jesús: «¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?» (Lc 6, 41)” (Audiencia G. 16.11.20116).

La corrección se basa en el cariño a los demás, no en que nosotros seamos una autoridad o un modelo de virtudes en lo que los demás sólo son yerros y por eso tenemos potestad suficiente para corregirles. No, el deber de corregir no se basa en nuestra perfección, sino en la necesidad de que todos nos ayudemos a ser mejores, a salir de determinados defectos que, a lo mejor quien los tiene no se ha percatado de ello.

Hemos de hacerla en el momento oportuno, con cariño, a solas, sin humillar a quien tratamos de corregir. La corrección fraterna normalmente cuesta más al que lo tienen que hacer que a quien recibe una corrección y son muchas las excusas que se podrían poner para no ejercerla: p. ej.: por qué me tengo yo que meter en la vida de los demás, allá él; ya lo haré en otro momento; me puede decir que a mí que me importa…

Quienes tienen un deber especial en la educación de los demás no pueden dejar a un lado esta práctica de cariño que es un derecho que tienen los demás a que les ayudemos. Cuántos problemas se habrían evitado en muchas familias si al hijo, a la hija, al padre o a la madre se le hubiera dicho las cosas a tiempo. Corregir es un deber también de los hijos para con los padres ya que estos últimos no están exentos de defectos. Les digo a este respecto que en una ocasión vino a verme una chica de unos 14 años que me contó que, desde hacía tiempo, estaba sufriendo mucho, lo mismo que su hermano, ya que sus padres constantemente estaban riñendo entre sí. Le dije que probaran su hermano y ella a escribirles una carta a sus padres y contárselo a la vez que le pedía que dejaran de discutir constantemente. Así lo hicieron y los padres les pidieron perdón a los hijos y empezaron a cambiar. Así me lo contó a agradecida la chica.

Quien recibe la corrección ha de hacerlo con agradecimiento y sencillez ya que, tal y como está el patio, es prueba de contar con verdaderos amigos. Además, cuando se perciben defectos en los demás y nos se les ayuda a salir de ellos con la corrección, se acaba murmurando o contándoselo a quien no se debe en todo un cotilleo o murmuración de mala ley que corroe la amistad y la convivencia.

Esta semana puede ser una buena ocasión para practicar esta buena costumbre cristiana, esta obra de misericordia espiritual: Corregir al que yerra. Háganlo, eso sí, con gracia y una vez que han corregido, olvídense del tema. Como lo hace Dios cada vez que perdona, que con nuestras faltas tiene mala memoria.

gil tamayo firma obispo
✠ José María Gil Tamayo
Obispo de Ávila

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