San José, modelo para los cristianos

Carta de
Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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Domingo 24 de marzo de 2019

Queridos fieles:

Aunque ya pasada la solemnidad de san José, merece la pena que nos detengamos un momento para fijar la atención en ese modelo impresionante de hombre “justo”, que los Evangelios nos presentan y que fue elegido por Dios para hacer de padre al Hijo de Dios hecho hombre. Él fue eso: un modelo; no un líder o un genio, sino un modelo. Es un modelo a nuestro alcance porque su vida no fue fácil, pero fue normal y corriente.

La gente normal, más que lideres o genios, necesitamos modelos, que nos sirvan para comportarnos bien en nuestra vida ordinaria. José es para todos aquellos que no poseemos cualidades extraordinarias, ni escribiremos nuestros nombres en el libro de oro de la historia, ni en nuestra existencia sucederán cosas que llamen la atención de la gente. La vida de José viene descrita en los evangelios como la vida de un hombre normal, de un hombre de catadura moral y religiosa excepcional, con problemas existenciales fuertes, pero sencillo y descomplicado, padre de familia que trabaja para sacar adelante a los suyos y rodearlos de todo aquel cariño que hace de los hogares cristianos lugares luminosos y alegres.

La vida de José se entiende -como, en el fondo, se entiende la vida de todo hombre o mujer- a la luz de lo que Dios quiso de él. Dios quiso para él una vida ordinaria, de artesano en un pequeño pueblo de Galilea.

José trató a Jesús como un padre ama su hijo. Le trasmitió todo lo mejor que podía trasmitirle: una educación religiosa centrada en cumplir la voluntad de Dios; un oficio de artesano que era el suyo. Jesús será “el artesano” o el “hijo del artesano” (Mc 6,3; Mt 13,55), que se parecía a José en tantas cosas: en el modo de trabajar, en los rasgos de su carácter, en la manera de hablar… Este modelo de sencillez, de naturalidad, de cariño familiar, de honradez profesional, de lealtad, de trabajo, de hombre de bien, de vida ordinaria, es el que nosotros necesitamos. Tenemos que entrar muchas veces en ese taller y en esa casa y ver trabajar a José y a Jesús codo con codo, día tras día, atendiendo a los pedidos y necesidades de su vecinos, con la presencia luminosa de María.

Me viene a la mente lo que me decía un amigo napolitano converso, que había descubierto la fe, después de algunos años de vagar de aquí para allá por alguna de las corrientes filosófica y religiosas en boga. Me decía: “la vida cristiana es sencilla”; “Dios es sencillo”. ¡Es verdad! Somos nosotros los que tendemos a complicarnos. Porque san José es un modelo al alcance de todos, es por lo que san Juan XXIII, Ángel José Roncalli, hombre sencillo, que entendió muy bien este modelo de vida cristiana, lo proclamó Patrono universal de la Iglesia, recogiendo así el sentir de toda la tradición. Al proclamarlo patrón de la Iglesia universal, san José realiza en la Iglesia la misión de aquel otro José -hijo del patriarca Jacob- del que nos hablan las Escrituras, que, cuando estaba al frente de la casa del faraón, “hubo hambre en todas las tierras, mientras había pan en la tierra de Egipto…y el faraón decía a todos los egipcios: id a José y haced lo que él os diga” (Gen 41,54-55). Son palabras que la liturgia aplica al padre de Jesús, porque también san José vela por la Iglesia universal, necesitada -como Jesús niño- de protección y continuos desvelos. Ese es el sentido de su ser modelo y de su patrocinio para todos los cristianos.

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 Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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