Santa Misa de ordenación episcopal

Alocución de
Mons. D. JOSEBA SEGURA ETXEZARRAGA
Obispo auxiliar de Bilbao

joseba06042019

S.I. Catedral de Santiago, Bilbao
Sábado, 6 de abril de 2019

Anai-arreba maiteok, hemen nozue zuekin batera bidean jarraitzeko prest. Orain arte lez, baina hemendik aurrera ardura sendoagoarekin.

Queridos hermanos en el episcopado, sacerdotes y diáconos, miembros de la vida consagrada y seminaristas. Estimadas autoridades. Muy queridas hermanas y hermanos:

Hace muchos años, un día ama (mi madre), me dijo: “Si un día te hacen algo, no te lo creas”. No lo decía por lo que ha ocurrido hoy, porque eso no estaba en su cabeza ni siquiera como una posibilidad, pero sé que Tere aprovecha esta ocasión para recordármelo de nuevo, o mejor, para que quede constancia, me lo escribe en esa pizarra que utilizó durante sus últimos meses, cuando la enfermedad terminal ya no le dejaba hablar. “Joseba, no te lo creas”. No me lo dice ella sola. Me lo dicen muchos con ella, todas esas grandes mujeres y hombres que he conocido, ejemplos de fe y fortaleza, que han vivido con sencillez y fidelidad, en medio de trabajos duros, con gran espíritu y sin pretender que hacían nada excepcional. Los conocemos todos. Son esa “nube de testigos” de la que habla la carta a los Hebreos, que nos inspiran y nos enseñan el camino. Hoy quiero volver a leer con ellos el salmo 130 para que me ayuden a entender bien lo que estamos celebrando: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre.”

Hainbeste gizon-emakumeren testigantzak babestuta eta nire konfiantza osoa Jainkoagan jarrita, hasierako harriduratik eguneroko zerbitzu pozgarrira igaro nahi dot.

Así que, en cierto sentido, pido a Dios no creérmelo. Pero en otro sentido, Dios me pide ahora que me lo crea. Y me cuesta, porque hasta hace poco nunca se me había pasado por la cabeza que esto fuera a suceder. Ahora, en los intercambios de felicitaciones, me he enterado de que un obispo ecuatoriano dijo en cierta ocasión a otro: este Joseba podría ser obispo si aprendiera a vestirse mejor. Los que, porque me conocéis, sabéis cómo he funcionado en esto del vestir, entenderéis que el episcopado era definitivamente muy poco probable. Pero ha sucedido y creo que Diosito, que así le llaman en Latinoamérica, me dice también algo acerca de cómo debo entender esta ordenación episcopal: como llamada a seguir con más ganas y verdad a Cristo, el más bello de los hombres, quien, desde su cruz sanadora, ha dado vida plena a tantos millones de personas que han muerto sin que nadie les haya hecho justicia, a pesar de todas las promesas que habían escuchado de labios humanos. Ese Jesús de Nazareth, esperanza para todos los que hoy, hermanos y hermanas nuestros, reclaman dignidad y necesitan nuestro apoyo para superar pobrezas, sufrimientos o soledades.

Eso quiero hacer: acompañar con nuestro obispo Mario a esta Iglesia de Bizkaia a transmitir que Dios sigue caminando con la humanidad doliente, y quiere llegar a muchos con Buenas Noticias. Quiero hacerlo con la convicción y la perseverancia de los que sabemos que Cristo es capaz de sostener nuestro amor y nuestra entrega, incluso cuando la solidaridad humana se debilita o se torna pura apariencia.

Vivimos en un mundo complejo, con grandes luces y profundos desafíos. Nunca hemos sido tan conscientes de que, incluso nuestra supervivencia, puede estar en peligro. El planeta comienza a dar signos de no poder soportar más depredación. Es un mundo en el que el ansia de libertad convive con tecnologías cada vez más sofisticadas de vigilancia y control, diseñadas para menoscabar la intimidad y la autonomía de las personas. Un mundo que necesita unidad de acción para afrontar muchos retos, pero en el que, paradójicamente, creencias y valores se fragmentan hasta el punto de que la misma idea de humanismo es cuestionada públicamente en algunos ambientes. Pero en este mundo sigue habiendo también mucho que celebrar, mucho que agradecer, mucho en lo que confiar, mucho más de lo que percibimos con nuestras mentes demasiado focalizadas en listados de amenazas y peligros.

Ez da egoera samurra gaur hemen bizi doguna, egia esan. Beste sasoi batzuetan ere ez dira zailtasunak falta izan. Baina edozein modutan ere, Jesukristori jarraitu nahi deutsagunoi hauxe eskatzen jaku: bizi gaitezala sinisten dogunaren arabera. Hitzak sarritan labur gelditzen bajakuz ere, gure egintzak agertu dagiela gure zanetatik Ebanjelioaren sena doala, Jainkoari eskerrak.

Nosotros, los seguidores de Cristo, no tenemos las soluciones. No creo que Él nos esté pidiendo andar por ahí, proponiendo remedios o recetas. En todo caso, lo que hoy se nos pide, más que palabras, son testimonios de vidas auténticas; a todos los niveles y, ciertamente, de modo especial, en ámbitos de responsabilidad. La gente de este tiempo, como siempre, reconoce la autenticidad. Y esto es lo que los creyentes podemos aportar en un nuevo contexto social: sencillamente coherencia. Si vivimos en Dios, debemos reflejar en nuestros rostros y acciones la misericordia de quien hace salir el sol sobre buenos y malos, sobre los que construyen fraternidad y los que están empeñados en levantar nuevos muros y barreras; si en la fe hemos recibido muchos consuelos, podremos ser capaces de escuchar, de acompañar y, en definitiva, de consolar a quienes lo necesitan, y son muchos. Más que nuevas ideas, lo que este mundo nos pide es que vivamos en la verdad de lo que creemos, reflejando los sentimientos y actitudes que espontáneamente transmiten los que, por estar profundamente unidos a Cristo en la oración, dan sus mismos frutos.

A un querido amigo que asiste a esta celebración, Julio Parrilla, obispo de Riobamba (Ecuador), le he oído decir, entre bromas y veras, que “con lo bien que me lo paso siendo obispo, es una pena que no me hayan nombrado antes”. Yo, ni en broma creo que pueda decir eso nunca. No están los tiempos para tantas alegrías por aquí. Pero tras un tiempo de desconcierto, ahora me siento más sereno porque, como decía la invitación a mi ordenación presbiteral, “se de quien me he fiado”. El que me ha acompañado en mis 34 años de sacerdocio, a veces a pesar de mi mismo, sigue ahí.

El que ahora me invita a acoger estos símbolos episcopales, tan extraños para muchos, me pide que demuestre con mi modo de obrar que los únicos grandes a los ojos de Dios son los que se entregan con más generosidad y sencillez. Entro en este ministerio de la mano de María, la que alaba al Señor, que derriba los tronos de apariencia y enaltece a los humildes. Pido a Dios la sencillez de no olvidar nunca la verdad de lo que soy. Por cierto, esta devoción mariana, que ha ido creciendo poco a poco, tiene mucho que ver con el hecho de que fueron sobre todo dos mujeres, las que cuidaron en mi la semilla de la fe; también con mi amistad con los monjes Trapenses, y finalmente, con lo que aprendí de la fe sencilla y fuerte de mis comunidades en Ecuador.

Esker onez gainezka dago gaur nire bihotza. Ondo dakit, orain arte bidelagun izan zaituedanok hemendik aurrera ere ondoan izango zaituedala. Zuen otoitzak eta lankidetzak, aholkuak eta adiskidetasunak, aupadak eta zuzenketak sano lagundu deuste. Jarraitu, mesedez, horrela, inoiz baino gehiago behar izango zaituet eta.

Gracias al Papa Francisco por confiarme este ministerio. Gracias Mario, por acogerme como tu auxiliar. Gracias a D. Ricardo y todos los hermanos obispos que nos han acompañado en esta celebración. Gracias a las autoridades presentes por su presencia generosa. Y a mi familia y amigos, vivos y difuntos, a José, mi aite, cuyo nombre dice mucho acerca de quien fue, a los pueblos de Larrea, Galdakao y de Rekalde, a la gente de Zeanuri, tierra de aitite y amama, a las comunidades cristianas de Gallarta, de Barakaldo, de San Ignacio, de Ecuador, de Otxarkoaga Txurdinaga, a osaba Iñaki y a los compañeros presbíteros de esta Iglesia local, a las hermanas y hermanos religiosos que seguís pidiendo por mí, a tantas personas con las que he compartido vida y trabajos, a los que habéis llegado hoy aquí de muchos lugares diferentes, gracias por lo que me habéis dado y me seguís dando. Me habéis hecho el sacerdote que ha entrado hace dos horas por la puerta de este templo. Ahora, con vuestro apoyo espiritual y corrección fraterna, ayudadme a ser un buen obispo. Eskerrik asko, bihotz bihotzez.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s