Don Antonio, un referente para esta archidiócesis

Carta de
Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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Domingo 7 de abril de 2019

Don Antonio Montero fue nombrado obispo muy joven, con 41 años, por el papa san Pablo VI. Tras once años como Obispo Auxiliar de Sevilla llegó a Badajoz, donde permaneció hasta que pasó a la condición de Arzobispo Emérito, en el año 2004. Nuestra archidiócesis es, por tanto, el lugar en el que disfrutó de la mayor parte de su ministerio episcopal.

Don Antonio es un hombre muy culto ya desde su juventud, en la que formó parte activa del grupo literario de jóvenes sacerdotes creadores de la revista poética Estría, junto a otros sacerdotes de la talla de José Luis Martín Descalzo, José María Cabodevilla y José María Javierre. Al mismo tiempo es un hombre cercano a todos, buen conversador, capaz de hacer sentir bien a cualquier interlocutor que tuviera enfrente.

Por lo que dicen los que tuvieron una estrecha relación con él, fue muy feliz en Badajoz, ejerciendo su ministerio episcopal con dedicación y empeño, siendo también una persona cercana y sencilla.

Su servicio a la Iglesia en España abarcó muchos frentes. En la Conferencia Episcopal estuvo muy vinculado a la comunicación. Siempre recuerda con orgullo haber sido testigo del Concilio Vaticano II como corresponsal de la revista Ecclesia, que años después va a dirigir. Ha sido también miembro del Comité Episcopal Europeo para las Comunicaciones Sociales, cofundador de la Editorial Promoción Popular Cristiana (PPC) y redactor editorialista del diario “YA”.

En nuestra tierra llevó a cabo un trabajo abundante y fecundo como Pastor diocesano. De entre tantas cosas que podríamos destacar, traigo a este espacio dos: convocó el Sínodo Diocesano de 1992, que supuso una renovación para esta Iglesia local a la luz del Concilio Vaticano II y fue el gran impulsor de la creación de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz, de la cual fue su primer Arzobispo.

Don Antonio recibió también muchas distinciones de dentro y de fuera de la Iglesia, de esas que pasan al curriculum vitae, como el Premio ¡Bravo!, que otorga la Conferencia Episcopal Española, el doctorado Honoris Causa por la Universidad Pontificia de Salamanca o el nombramiento de académico de la Real Academia de Extremadura de las Letras y Artes, además de la Medalla de Oro de Extremadura.

Todos esos galardones los ha llevado con orgullo y, al mismo tiempo, con naturalidad y sencillez, y a ellos se ha unido sin duda el galardón más preciado: haber cumplido con la misión que el Señor y su Iglesia le encomendaron.

Desde estas páginas aprovecho para felicitar a don Antonio por sus 50 años como obispo (casi 70 como sacerdote), y darle las gracias por la estela que dejó, que permanecerá viva muchos años más y nos sirve para seguir caminando en la fidelidad a Jesucristo en esta iglesia de Mérida-Badajoz.

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 Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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