Corpus Christi y Día de la Caridad

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

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Domingo 23 de junio de 2019

Queridos diocesanos:

En la solemnidad del Corpus Christi la Iglesia celebra la eucaristía, misterio de nuestra fe, “sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad, banquete pascual, en el que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su Pasión, el alma se llena de gozo y se nos da la prenda de la gloria futura” (Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 47).

Desde el siglo XIII, la Iglesia celebra con gran fervor y devoción popular esta fiesta. En España, es una fiesta de larga y honda tradición, que no se contenta con discurrir en el interior de las catedrales, las iglesias y templos, sino que sale a las calles y plazas en la solemne procesión, en la que los fieles cristianos rendimos homenaje de fe y de piedad a Cristo, “como expresión de nuestro amor agradecido y fuente de inagotable bendición” (Mane Nobiscum Domine, 18).

Los niños y niñas de primera comunión, con sus corazones limpios y sus almas en flor, hacen cortejo de inocencia angelical a Jesús Sacramentado en la carroza que porta la custodia entre cantos de júbilo, aclamaciones de fe y plegarias de amor. Jesús Sacramentado bendice hoy a nuestras calles y plazas, a nuestros proyectos y esperanzas, a nuestros hogares y familias, a nuestros trabajos y dolores, a nuestros enfermos y ancianos.

Dimensión social y pública de la fe

“Cantemos al Amor de los amores, cantemos al Señor. Dios está aquí. ¡Venid, adoradores, adoremos a Cristo Redentor!”, con estas hermosas palabras el pueblo fiel español canta su fe en el Santísimo Sacramento de la eucaristía, que es, a la vez, sacrificio, comunión y presencia real.

Hoy es un día en el que, de verdad, queremos confesar públicamente, con los labios y el corazón, la fe en Jesucristo, Hijo Único de Dios, cuyo cuerpo eucarístico se formó en las entrañas purísimas de la Virgen Inmaculada: “Ave verum Corpus natum de María Virgine!”.

Cuando algunos quieren reducir la fe a la esfera de la vida privada y tratan de neutralizar su influjo en la sociedad, en las costumbres y en las leyes, es necesario que los cristianos manifestemos en público nuestra fe, sin imposiciones arrogantes, pero con firmeza y resolución. No dejemos que la fe sea relegada al ámbito de lo irrelevante o a las sacristías, para que otros construyan la ciudad terrena como si Dios no existiera. Un mundo que se construye sin Dios es un mundo que se construye contra el hombre. Y no permitamos que el honor de Dios y el bien del hombre estén ausentes de la vida pública. ¿Cómo defender y cómo reforzar nuestra identidad cristiana en la sociedad posmoderna que quiere hacernos ‘invisibles’ en cuanto cristianos?

Hoy más que nunca se necesitan cristianos coherentes, con una fuerte conciencia de su vocación y misión. Y ha llegado el momento de liberarnos de nuestros complejos de inferioridad respecto al mundo así llamado laico, para ser atrevidamente nosotros mismos, discípulos misioneros de Cristo. El que es creyente no debe actuar como si no lo fuera. Debe notarse que lo es y debe defender su visión creyente de la vida allí donde se encuentre.

Día de la Caridad

En esta festividad del Corpus Christi, la Iglesia en España celebra el Día de la Caridad. Hay una relación esencial entre eucaristía y caridad. La celebración de la eucaristía tiene implicaciones sociales. “En la eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo” (Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, 88). La eucaristía es un antídoto frente a la indiferencia. El papa Francisco está denunciando con frecuencia la indiferencia como uno de los grandes males de nuestro tiempo. El olvido de Dios y de los hermanos está alcanzando dimensiones tan hondas en la convivencia social que podemos hablar de una “globalización de la indiferencia”. Ante esta situación es necesaria la “globalización de la caridad”.

La eucaristía crea comunidad. La comunidad, en Cáritas, es el espacio donde creemos que podemos acompañar y ser acompañados; generar presencia, anuncio, denuncia, y otro estilo de vida que posibilite espacios liberados donde el que sufre, encuentra consuelo; donde el que tiene sed, encuentra fuentes para saciarse; donde el que necesita consuelo, encuentra acogida y cariño. La comunidad, desde aquí, es capaz de responder al “¡Dadles vosotros de comer”, y de implicarse en trabajar para promover el desarrollo integral de los pobres y resolver las causas estructurales de la pobreza, como nos pide el papa Francisco en nuestro compromiso social (cfr. Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 188- 192).

Hoy, Padre, nuestra oración es de profunda gratitud por el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, que él nos dejó como memorial de su amor sin medida. Haz, Señor, que la eucaristía dominical y diaria renueve a fondo la vida y el ritmo de nuestras comunidades, y que se prolongue en el sacrificio espiritual de nosotros mismos como hostia viva, víctima santa y agradable a tu majestad. Que tu Espíritu, Señor, renueve nuestras asambleas eucarísticas; y que sepamos transvasarlas a la vida, a la práctica del amor, y al testimonio de la esperanza entre nuestros hermanos.

Con mi afecto y bendición,

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