Termina otro curso pastoral

Carta de
Mons. D. Julián López Martín
Obispo de León

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Queridos diocesanos:

Con el mes de julio se completa prácticamente lo que venimos llamando el “curso pastoral diocesano”. El curso 2018-2019, el cuarto del quinquenio 2015-2010, ha estado fundamentado en el mandato del Señor: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”. Bajo esta perspectiva, todos los responsables y colaboradores de la misión de nuestra Iglesia diocesana de León hemos tenido como objetivo global, tanto de la actividad general como de las funciones y tareas específicas de cada uno, este objetivo global: “Intensificar la acción misionera de la Iglesia diocesana reconociendo el actuar de Dios en los sacramentos y en la vida litúrgica”.

Al recordarlo pretendo que los fieles diocesanos, especialmente los que colaboran en las parroquias, comunidades, sectores pastorales, grupos de apostolado o de espiritualidad, etc., y por supuesto quienes tiene un ministerio o responsabilidad, miren también si lo han tenido en cuenta y hasta qué punto se han implicado en ese objetivo. Hacer esto es un ejercicio sano de autocrítica constructiva no exenta de valor moral delante del Señor, especialmente en nosotros, los ministros de la Iglesia y los responsables de las diversas funciones, dedicaciones y tareas pastorales de cierto alcance, bien sea diocesano, parroquial o sectorial.

No pretendo que cada uno realice un balance de resultados, entre otros motivos porque en los asuntos del Reino de Dios y, por tanto, de la vida y de la misión de la Iglesia cuentan más las actitudes y motivaciones personales que las cifras y relaciones de logros y fallos. ¿Os acordáis de la parábola de los jornaleros de la viña (cf. Mt 20,1-16)? Todos recibieron la misma paga independientemente del tiempo en que estuvieron trabajando. Y sin embargo, lejos de parecer una injusticia, el Señor nos hace ver que el dueño fue extremadamente generoso. ¿Dónde está la explicación? Jesús narró la parábola para mostrar el modo como funciona el Reino de los cielos: Dios recompensa a cada uno según sus obras (cf. Apoc 22,12), sí, pero la salvación no viene de las obras sino de la gracia de Dios (cf. Tit 3,4-7) para que nadie se gloríe (cf. Ef 2,8-9).

Naturalmente, esto no puede ser una excusa para la indolencia o la pasividad sino todo lo contrario. Cada uno debíamos “poner a trabajar” el don o los dones que el Señor nos ha dado. El contar con una programación pastoral de alcance diocesano, sectorial, parroquial o de otra índole, es ante todo una ayuda en línea de sugerencias y apoyos para la comunión en la acción pastoral en la que desde el obispo hasta los más jóvenes colaboradores, debemos sentirnos convocados.

Para facilitar ese ejercicio sano de reflexión autocrítica os remito de nuevo a la carta pastoral de comienzo del curso pasado y especialmente al ejemplo de la actitud de la Santísima Virgen María como modelo de fidelidad y entrega generosa. En la citada carta pastoral escribí lo siguiente: “El mejor referente para que todos estos deseos y propósitos se hagan realidad en nuestra Iglesia diocesana… será la figura de María proclamando gozosa la grandeza del Señor… El Canto de María, es la expresión de su respuesta personal al designio de Dios sobre ella”. Con los mejores deseos de un descanso merecido y en la espera de un Nuevo curso pastoral. Feliz verano y que el Señor bendiga a todos:

lopez_martin_firma✠ Julián, Obispo de León

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