San Lorenzo anuncia que Cristo vive

Carta de
Mons. D. Julián Ruiz Martorell
Obispo de Huesca

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Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.

San Lorenzo es testigo de una Buena Noticia que se puede expresar con palabras del Papa Francisco en su Exhortación apostólica Christus vivit: “Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. (…) ¡Él vive y te quiere vivo!” (ChV 1).

San Lorenzo nos muestra a Jesucristo y nos dice: “Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza” (ChV 2).

Benedicto XVI se preguntaba en la Audiencia general del 11 de agosto de 2010: “¿de dónde nace la fuerza para afrontar el martirio?”. Y respondía: “De la profunda e íntima unión con Cristo, porque el martirio y la vocación al martirio no son el resultado de un esfuerzo humano, sino la respuesta a una iniciativa y a una llamada de Dios; son un don de su gracia, que nos hace capaces de dar la propia vida por amor a Cristo y a la Iglesia, y así al mundo”.

Continuó afirmando: “Si leemos la vida de los mártires quedamos sorprendidos por la serenidad y la valentía a la hora de afrontar el sufrimiento y la muerte: el poder de Dios se manifiesta plenamente en la debilidad, en la pobreza de quien se encomienda a él y sólo en él pone su esperanza (cf. 2 Co 12,9). Pero es importante subrayar que la gracia de Dios no suprime o sofoca la libertad de quien afronta el martirio, sino, al contrario, la enriquece y la exalta: el mártir es una persona sumamente libre, libre respecto del poder, del mundo: una persona libre, que en un único acto definitivo entrega toda su vida a Dios, y en un acto supremo de fe, de esperanza y de caridad se abandona en las manos de su Creador y Redentor; sacrifica su vida para ser asociado de modo total al sacrificio de Cristo en la cruz. En una palabra, el martirio es un gran acto de amor en respuesta al inmenso amor de Dios”.

La devoción a san Lorenzo, tejida de reconocimiento por el estímulo de su ejemplo y de gratitud por su intercesión, es expresión de nuestra vida, recapitulación agradecida de nuestra historia, acción de gracias por la presencia fecunda de la fe, y plegaria dirigida al Señor para que nos bendiga y proteja, ilumine nuestros corazones y haga descender sobre nosotros y sobre nuestras familias el Espíritu Santo.

Hoy san Lorenzo dirige nuestra mirada hacia Jesucristo y nos repite que Cristo es nuestra esperanza. El gran escritor francés Charles Péguy señalaba que “la fe levantó grandes catedrales, la caridad nos dio asilos, pero ¡ay! del hombre sin esperanza. Sin esperanza el mundo sería un desolador cementerio”.

La santidad se identifica con una vida inmersa en el Espíritu, apertura de corazón a Dios, oración constante, humildad profunda, caridad fraterna. La santidad permite redescubrir a Jesucristo como presencia amiga y redescubrir a los pobres como compañía imprescindible.

San Lorenzo nos enseña que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro. El Señor le dio una fe firme, una esperanza fuerte y una caridad solícita.

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✠ Julián Ruiz Martorell
Obispo de Huesca

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