“¡Cristo vive y te quiere vivo!”, Sínodo de los Jóvenes de Córdoba. Año jubilar de san Juan de Ávila

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Carta Pastoral de
Mons. D. DEMETRIO FERNÁNDEZ GONZÁLEZ
Obispo de Córdoba
al inicio del curso 2019-2020

“¡Cristo vive y te quiere vivo!”, Sínodo de los Jóvenes de Córdoba.
Año jubilar de san Juan de Ávila

“Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida”[1]. Con estas vibrantes palabras comienza el Papa Francisco su Exhortación Apostólica postsinodal “Christus vivit”, que recoge las aportaciones del Sínodo de los Obispos 2018 sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

1.- Un Sínodo con y para los jóvenes de Córdoba

En esa misma línea y con ese mismo impulso –el del Espíritu Santo, que brota del Corazón de Cristo resucitado- queremos vivir los tres años próximos el Sínodo de los Jóvenes de Córdoba en nuestra diócesis (#SinodoJovenesCordoba). Se trata de recibir esa Exhortación postsinodal del Papa a los jóvenes y recoger los frutos del Sínodo de los Obispos 2018, que puedan prepararnos a la Jornada Mundial de la Juventud 2022 en Lisboa, con un itinerario común para toda la diócesis de Córdoba. El Papa Francisco ha expresado varias veces que procuremos esta sintonía entre la etapa postsinodal y la preparación a la JMJ Lisboa 2022[2].

El objetivo principal de este Sínodo de los Jóvenes de Córdoba es implicar a los mismos jóvenes en la experiencia y transmisión de la fe en Jesucristo, que ha muerto por nosotros, ha vencido la muerte resucitando y nos hace misioneros de esta buena noticia para los contemporáneos de nuestra generación, adultos y jóvenes. Él vive con una vida siempre joven, y todo lo que Él toca se vuelve joven. Se trata, por tanto, de ayudar a los jóvenes a ser protagonistas de este Sínodo, acogiendo en su corazón y transmitiendo a los demás con frescura y jovialidad el mensaje eterno del Evangelio.

Tomamos aquí la palabra Sínodo en el sentido etimológico y amplio de la palabra. Sínodo es una palabra griega que significa “caminar juntos”. No será un Sínodo en el sentido técnico y jurídico del término. Eso tiene su estructura propia en la Iglesia y se rige por unas normas adecuadas (CIC, cc. 460-468). No. El Sínodo de los Jóvenes de Córdoba quiere ser una acción específica pastoral en nuestra diócesis, por la que ponemos en marcha a todos los jóvenes que quieran como principales protagonistas, junto con sus educadores, monitores, párrocos, etc. a fin de encontrarse con Jesucristo, que les sale al encuentro como a los discípulos de Emaús en la tarde de Pascua (cf Lc 24,13ss). Y al encontrarse con Jesucristo estos jóvenes se conviertan en misioneros de sus propios compañeros y amigos para llevarlos a Jesús. Discípulos y misioneros.

Se trata por tanto de una misión juvenil, a manera de Sínodo, acentuando en estas etapas la pastoral juvenil, que ya funciona en nuestra diócesis, y potenciándola más en las parroquias, colegios, hermandades y cofradías, en la Universidad y en los ámbitos profesionales. Con acentos diferentes a lo largo de los tres próximos años, con grandes convocatorias y con acompañamiento cercano a los grupos y a cada persona, de manera que reforcemos la fe y la experiencia de vida cristiana en tantos jóvenes, y podamos llegar a muchos más.

2.- Para tres años

Esta experiencia juvenil misionera comienza con la Peregrinación a Guadalupe del otoño 2019 (18 al 20 de octubre 2019) y concluye con la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa 2022. Pedimos a Dios y esperamos que en este camino común muchos jóvenes se incorporen definitivamente y para toda su vida al camino de la Iglesia.

La JMJ Lisboa 2022 tiene como lema: “María se levantó y se puso en camino deprisa” (Lc 1,39), con un tono mariano que le viene ineludiblemente de su cercanía al Santuario de Fátima[3]. Los que acudamos a la JMJ de Lisboa, antes o después pasaremos por el Santuario de Fátima, que nos resulta tan cercano y tan familiar. Para los años sucesivos, que nos conduzcan a Lisboa 2022, los lemas respectivos rezan así:

“Joven, a ti te lo digo: levántate” (Lc 7,14) [año 2020].

“Levántate, te hago testigo de lo que has visto” (cf Hech 26,16) [año 2021].

“María se levantó y se puso en camino deprisa” (Lc 1,39) [año2022].

Paralelamente, nuestra diócesis de Córdoba añade también tres lemas para cada uno de los años de este Sínodo de los Jóvenes:

“La Iglesia te escucha” [año 2020]

“La Iglesia te acompaña” [año 2021]

“La Iglesia te necesita” [2022]

3.- La Iglesia te escucha

El primer año tiene como lema: “La Iglesia te escucha”, en el contexto universal del “Joven, a ti te lo digo: levántate” (Lc 7,14). “Si has perdido el vigor interior, los sue­ños, el entusiasmo, la esperanza y la generosidad, ante ti se presenta Jesús como se presentó ante el hijo muerto de la viuda, y con toda su potencia de Resucitado el Señor te exhorta: « Joven, a ti te digo, ¡levántate! » (Lc 7,14)” (ChV 20).

Este protagonismo de los jóvenes tiene un primer momento de escucha de las inquietudes e interrogantes de los jóvenes de nuestra diócesis de Córdoba: Dónde estás, cómo te encuentras, cuáles son tus intereses, qué piensas de Dios y de la Iglesia, cómo vives tu fe, te has planteado alguna vez tu vida como vocación, qué quieres ser de mayor, cómo vives tu vida, qué dificultades tienes, en qué puedo ayudarte.

El acercamiento a los jóvenes, como hizo Jesús en el camino de Emaús, tiene esta primera actitud de escucha, que debe ser permanente en todo el proceso. Cuando Jesús se acerca a ellos, no les suelta su rollo, sino que camina con ellos preguntándoles de qué vienen hablando, cuáles son sus intereses, cuál es el relato de su vida, qué les preocupa. Para salvar cualquier distancia –muy grande en algunos, aunque los tengamos al lado-, es preciso ponernos a la escucha. “¿De qué venís hablando por el camino?… Y se puso a caminar con ellos” (Lc 24,17).

Para eso, no basta convocar a los jóvenes para una charla, sin más. Será necesario entrar en su mundo, como Jesús “acepta la invitación a quedarse con ellos: entra en su noche” (ChV 237). Tomar juntos una pizza, jugar juntos un partido, participar en un festival juvenil, acudir a una peregrinación, asistir a un campamento, organizar pequeños debates, participar en un retiro, etc. Son formas de llegar y de escuchar a los jóvenes hoy. En esa actitud de escucha, no asustarse por nada. Cuando un joven abre su corazón, no está todo perdido; hay esperanza. Habrá momentos posteriores de responder a sus preguntas y explicar la catequesis oportuna, pero el primer momento es el de acogida, el de escucha. Y en este momento de escucha aparecen siempre sorpresas muy gratas, porque todo joven, toda persona, esconde en su corazón muchos tesoros.

4.- La Iglesia te acompaña

El segundo año lleva por lema: “La Iglesia te acompaña”, dentro del lema universal: “Levántate, te hago testigo de lo que has visto (cf. Hech 6,16)”. Curiosamente, en una sociedad tan comunicada como la nuestra, los jóvenes también padecen una soledad que se les hace pesada y a veces los aísla. “No es sano confundir la comunicación con el mero contacto virtual. De hecho, el ambiente digital también es un territorio de soledad, manipu­lación, explotación y violencia, hasta llegar al caso extremo del dark web” (ChV 88). El ambiente digital tiene grandes ventajas para la comunicación, dentro de sus límites o desventajas.

La vida no puede vivirse en soledad, estamos hechos para vivir en compañía. Jesús con los discípulos de Emaús se hizo compañero de camino hasta el punto que le invitaron a quedarse con ellos. Jesús logró sacarles de su soledad y desánimo. La tarde fue como el camino de la vida y lo más bonito de esa tarde fue la preciosa compañía. Por eso, en este Sínodo de los Jóvenes de Córdoba, queremos que los jóvenes se sientan acompañados por la Iglesia. La Iglesia no es un rival de la vida juvenil, la Iglesia no es una gruñona que te está recordando continuamente lo que haces mal, la Iglesia no es una institución que sólo te impone normas y leyes, que te amargan la vida. Descubrir el rostro amable de la Iglesia, que te escucha, que te acompaña, que cuenta contigo y te acoge siempre, será uno de los objetivos importantes de este Sínodo. Si cada joven se siente acogido en su grupo, en su parroquia, en su colegio, en su cofradía, podrá a su vez tender la mano a otros jóvenes, que necesitan una compañía que los saque de su soledad.

Por eso, los destinatarios y protagonistas del Sínodo de los Jóvenes de Córdoba no son unos pocos privilegiados. La diócesis entera, y dentro de ella especialmente los jóvenes con ímpetu misionero, han de acercarse a otros jóvenes, a todos los jóvenes, sea cual sea su situación y circunstancias. No demos a nadie por perdido. Si es joven, tiene toda una vida por delante. Cuanto mayores sean las dificultades, mayor será el esfuerzo y la imaginación para hacerse compañero de camino de otro joven. Para eso es fundamental contar con la comunidad, sentirse respaldado por ella. Cada joven ha de vivir en esta etapa la gran riqueza del acompañamiento eclesial, dejándose acompañar y tomando a su cargo acompañar a otros. Y lo llevó a Jesús (Jn 1,42).

5.- La Iglesia te necesita

 Y para el tercer año el lema es: “La Iglesia te necesita”, dentro del lema universal: “María se levantó y se puso en camino deprisa” (Lc 1,39). Ciertamente, sin los jóvenes no puede construirse la Iglesia de hoy y menos aún la del futuro. La Iglesia necesita de los jóvenes. Ellos son el hoy de Dios y el futuro de la Iglesia[4]. Urge incorporarlos en todos los campos. Que se sientan escuchados y acompañados, pero al mismo tiempo que asuman el protagonismo que les corresponde. Y los jóvenes son capaces de asumir responsabilidades, están deseando. Cuando confiamos en un joven y lo hacemos con cariño, eso le hace crecer. “Sólo lo que se ama puede ser salvado. Sola­mente lo que se abraza puede ser transformado” (ChV 120). El aprecio a un joven no consiste en buenas palabras, sino en fiarse de él y enseñarle a tomar responsabilidad. “Aún si te equivocas, siempre podrás levantar la cabeza y volver a empezar” (ChV 142), les dice el Papa.

Este tercer año será el año del compromiso concreto que cada joven quiere asumir en su ámbito. Aquellos discípulos de Emaús, cuando experimentaron la presencia estimulante de Jesús y lo reconocieron en la fracción del pan, es decir en la Eucaristía, cuando gracias a esa compañía superaron su soledad, inmediatamente volvieron a Jerusalén, inmediatamente se reincorporaron a la comunidad para aportar lo mejor de sus vidas, para compartir con los demás su experiencia de Jesús resucitado en medio de ellos. Del encuentro con Jesús brota el ser misionero, porque el que ha encontrado a Jesús no puede quedarse quieto. “La misión… no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero des­truirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo” (ChV 254).

María recibió el anuncio del ángel y no quedó ensimismada, sino que “se levantó y se puso en camino deprisa” (Lc 1,39), fue a ayudar a su prima Isabel que la necesitaba. Hoy más que nunca los jóvenes deben ser los evangelizadores de los jóvenes. A los jóvenes hay que ponerles delante de sus ojos las múltiples necesidades de sus contemporáneos: el empleo del tiempo libre como monitores de campamento, la tarea de catequesis explicando a otros la fe recibida (lo cual supondrá una profundización en la propia fe), las necesidades de otros niños y jóvenes en exclusión social a los que poder echar una mano para incorporarlos al ritmo de la sociedad, una experiencia fuerte en terreno de misión o en países todavía en vías de desarrollo, el contacto con ancianos que tanto enseña, situaciones duras y difíciles de jóvenes que se han extraviado y esperan una mano que los reconduzca, pequeñas o grandes iniciativas ecológicas que benefician al planeta, trabajos en la línea de la Laudato sí, etc. Hay mucho por hacer y en esa ayuda a los demás, la propia persona se va construyendo. Hacer el bien a los demás nos hace bien a nosotros mismos. Quizá nunca como hoy percibimos que el crecimiento de una persona va parejo a su capacidad de compromiso. Un joven no crece cuando todo se lo dan hecho, sino cuando asume compromisos que le van ensanchando su capacidad.

6.- Con unas fichas comunes, para trabajo de grupo

Este trabajo del Sínodo de los Jóvenes de Córdoba tiene como metodología y momento de encuentro la reunión de grupo (GPS = Grupos para el Sínodo), que no quiere solapar las reuniones que cada joven ya tiene en su ámbito: colegio, parroquia, cofradía, universidad, etc. Cada uno sigue el ritmo ordinario de su propio ámbito y la reunión de GPS será una vez al mes, con un responsable de Grupo, donde se traten los temas comunes (7 fichas para 7 reuniones) y se envíe a la Secretaría del Sínodo un resumen de lo tratado o debatido en el Grupo. La interactividad de las redes sociales puesta al servicio del Sínodo de los Jóvenes.

Todo ello a través de una webapp (www.sinodojovenescordoba.com) accesible a todos, y que se convertirá como la plaza común donde los jóvenes se relacionan. “La web y las redes sociales han creado una nueva manera de comunicarse y de vincularse, y son una plaza en la que los jóvenes pasan mucho tiempo y se encuentran fácilmente. En cualquier caso, constituyen una extraordinaria oportunidad de diálogo, encuen­tro e intercambio entre personas, así como de ac­ceso a la información y al conocimiento… En numerosos países, web y redes sociales representan un lugar irrenunciable para lle­gar a los jóvenes e implicarlos, incluso en iniciativas y actividades pastorales” (ChV 87).

Cada miembro podrá invitar a incorporarse a otros miembros, más aún cada joven debe sentir el compromiso misionero de llegar a otros jóvenes, en la Friendship Mission. Si el Grupo crece, podrá partirse en nuevo grupo en torno a 10 personas, de manera que se produzca una verdadera “metástasis de los GPS”. El Sínodo es de los jóvenes y para los jóvenes, aunque toda la comunidad cristiana se siente implicada, pues los jóvenes no están aparte. El Papa invita a los jóvenes a escuchar a los mayores, a los ancianos, siguiendo el mandato del apóstol: “Sed sumisos a los ancianos” (1Pe 5,5). “No hace bien caer en un culto a la juventud, o en una actitud juvenil que desprecia a los demás por sus años, o porque son de otra época” (ChV 16). Todos estamos comprometidos en esta operación, o por la acción o por la oración.

Los siete temas ya enviados y que se pueden bajar de la web son:

  1. Los jóvenes y la fe
  2. La celebración de la fe
  3. La familia y los amigos
  4. El cuerpo, la sexualidad y el amor humano
  5. Estudio, trabajo y sociedad
  6. El ambiente digital
  7. La vida como vocación

Cada tema da para mucho y cada Grupo con su responsable podrá ampliarlo y profundizarlo. Los temas responden al título del Sínodo de los Obispos 2018: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Y pretenden, como ya he señalado, escuchar a los jóvenes, acompañarlos y ponerlos en camino. A lo largo de estos tres años podrán incorporarse nuevos temas, sobre todo si vienen sugeridos por los mismos jóvenes, y podrá haber mayor profundización en aquello que ellos mismos demanden.

7.- En grandes Encuentros de jóvenes

El trabajo cotidiano y en el que puede llegarse a cada joven personalmente es el trabajo de Grupo, que incluye el trato personal más detenido, como es el acompañamiento personal, el acercamiento al sacramento del perdón, el diálogo tú a tú con cada joven. Y junto a ese trato más cercano, están los Encuentros de gran grupo, que también ayudan a los jóvenes de nuestro entorno. El joven necesita sentirse parte de un colectivo grande, que rompa sus esquemas y prejuicios –muchas veces generados por la cultura dominante- de que el creyente es un bicho raro. Los grandes Encuentros, como las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), las Peregrinaciones a Guadalupe cada año, la participación en grandes expresiones de piedad popular (Procesiones Magnas, Estaciones de penitencia, El Rocío, etc.) sirven para que un joven amplíe su horizonte habitual y se abra a otra dimensión.

Cuando un joven ha participado de lleno en un Encuentro de este tipo, una de sus conclusiones es la sensación de no ser bicho raro, la experiencia de universalidad, el contacto con jóvenes desconocidos que comparten las mismas inquietudes y los mismos problemas, entablar nuevas amistades, etc.. En definitiva es una experiencia de Iglesia, puesto que la Iglesia es la convocación de toda persona sin discriminación a formar parte de un Pueblo, que es el Cuerpo de Cristo. “Siempre es mejor vivir la fe juntos y expresar nuestro amor en una vida comunitaria, compartiendo con otros jóvenes nuestro afecto, nuestro tiempo, nuestra fe y nues­tras inquietudes. La Iglesia ofrece muchos espacios diversos para vivir la fe en comunidad, porque todo es más fácil juntos” (ChV 164).

Estos grandes Encuentros son también la ocasión para invitar a otros jóvenes por vez primera, son la ocasión de ampliar el círculo de amigos, de abrirse a la universalidad de la Iglesia. En este sentido, comenzamos el Sínodo de los Jóvenes de Córdoba con la XXIV Peregrinación de Jóvenes a Guadalupe. 24 años con este formato que ha dado tantos frutos en nuestra diócesis y que el año pasado (2018) llegó a mil cien jóvenes inscritos, además de los que fueron por su cauce. He ordenado sacerdotes, he casado novios, he escuchado testimonios de jóvenes consagrados, a los que Guadalupe (en sus ediciones sucesivas) les ha supuesto un impulso fuerte en su vida cristiana y en su vocación específica. Por tanto, ¡todos a Guadalupe! Del 18 al 20 de octubre 2019 tendremos de nuevo esta experiencia, con la que este año inauguramos nuestro camino sinodal.

Junto a la experiencia de Guadalupe, ya conocida y siempre nueva, tendremos otros Encuentros como “Noche Blanca” con adoremus (22 noviembre 2019), “Cielo abierto”, etc., que se irán anunciando oportunamente. En mi Visita pastoral he participado en Encuentros de jóvenes por arciprestazgos, que siempre nos han desbordado, y en los que el Adoremus, algunos testimonios incisivos, la posibilidad de confesarse y el encuentro numeroso han dejado buen sabor a todos. Este tipo de Encuentros por arciprestazgos o en pueblos grandes pueden programarse como una acción preferente a lo largo del Sínodo de los Jóvenes. Los jóvenes necesitan encontrarse, la Iglesia tiene el santo deber de convocarlos.

Los Ejercicios Coraje, las convivencias Effetá, los Cursillos de Cristiandad, la vida de tantos jóvenes en Comunidades y otras experiencias parecidas ayudan al joven a encontrarse de bruces con Jesucristo resucitado. “Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamán­dote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza” (ChV 2). Cuando un joven vive esta experiencia de encuentro con Cristo vivo, resucitado, su vida cambia. Pero los jóvenes necesitan también encontrarse entre ellos, y la Iglesia es sacramento del encuentro con Dios y del encuentro de los hombres entre sí (cf. LG 1). Pues, propiciemos estos encuentros.

8.- Todo un Movimiento Juvenil Diocesano

Espero que al hilo de este Sínodo de los Jóvenes de Córdoba se fortalezca un Movimiento Juvenil Diocesano[5] en sentido amplio, es decir, una movida juvenil eclesial en la diócesis de Córdoba, donde cada joven encuentre su lugar para alimentar y crecer en la fe, y al mismo tiempo pueda haber espacios y momentos comunes, que estimulen a todos en el seguimiento de Jesucristo y en la misión de anunciar a otros lo que hemos visto y oído.

8.1.- La Escuela de ocio y tiempo libre “Gaudium” está ayudando en este sentido. Desde distintas parroquias e instituciones surge la demanda de monitores y logística para realizar campamentos y animación de niños, adolescentes y jóvenes. En el programa “Muévete con la diócesis” durante este verano 2019 han sido más de dos mil trescientos niños y adolescentes los que han participado en estas actividades. A estas alturas, esta Escuela “Gaudium” ha generado más de quinientos monitores titulados oficialmente y colabora en treinta parroquias de la diócesis[6]. No pretende “Gaudium” constituirse en movimiento diocesano autónomo con su propia estructura y sus propias actividades de ocio, pero a día de hoy es una herramienta muy útil y necesaria para dinamizar a niños, adolescentes y jóvenes de nuestra diócesis, desde las parroquias y para las parroquias, y otras instituciones que lo demandan. Animo a todas las parroquias a echar mano de esta herramienta hasta poder tener monitores propios y a dar los pasos para tenerlos. Hará mucho bien a los jóvenes y a los niños.

8.2.- En cada parroquia son los Catequistas y los jóvenes los que dinamizan la pastoral de los mismos jóvenes y atienden a niños y adolescentes, que se van incorporando a la parroquia, si ésta les ofrece actividades atrayentes. Para la transmisión de la fe, para la iniciación cristiana, para introducir a un niño o joven en la experiencia cristiana no basta la clásica catequesis en que los catecúmenos escuchan y alguien les habla. Hay que ponerlos en movimiento, hay que hacerlos protagonistas, y dentro de esa movida está la catequesis y la transmisión de la fe, que es objetivo primordial de la pastoral.

Si sumamos todos los Catequistas de la diócesis, mayores y jóvenes, que sirven en esta actividad primordial de la Iglesia, nos encontramos con varios miles de personas que ofrecen gratuitamente su tiempo, su saber y su testimonio a la tarea de la catequesis. Catequistas, os animo a todos a seguir en esta tarea, a formaros cada vez mejor y os agradezco vuestra dedicación gratuita. Los párrocos encuentran en el grupo de catequistas, mayores y jóvenes, una valiosa ayuda para cumplir su tarea de transmitir la fe, preparar para los sacramentos de iniciación cristiana –bautismo (y después penitencia), comunión y confirmación- y garantizar el futuro de la Iglesia. Cuando una parroquia está viva, bullen en ella niños, adolescentes y jóvenes, que son la alegría de la familia eclesial. Suponen desgaste de energías, tiempo y recursos, pero no escatimemos dedicación por parte de todos. Nos va el futuro en esta tarea

8.3.- En esa misma dirección, la Acción Católica General (ACG), en sus sectores de jóvenes y niños apoyados por el sector de adultos, contribuirá notablemente a configurar ese Movimiento Diocesano Juvenil. Ojalá en todas las parroquias se constituya un grupo de adultos que va tirando de los niños y jóvenes para incorporarlos a la parroquia y renovarla desde dentro. O a la inversa, empezar por los niños, que van tirando de los padres e incorporan a los jóvenes. Eso es la Acción Católica General: los laicos de la parroquia caminando juntos[7], con el párroco, y el párroco al servicio de su parroquia en la que van surgiendo estos laicos, a veces enracimados por familias, haciendo de la parroquia una familia de familias.

La ACG asume las movidas de ocio y tiempo libre, pero además busca la formación integral de los cristianos, su unión y crecimiento en el amor a Jesucristo, su sentido de Iglesia en la comunión con todos los grupos y con los pastores, la atención a los pobres y necesitados (muchas veces a través de Caritas parroquial) y su presencia significativa en la vida pública con el compromiso de transformar el mundo y sus estructuras. No todo seglar tiene vocación política, pero todo seglar tiene como tarea influir en la vida pública y social, y no quedar rezagado en los cuarteles de invierno, en los recintos parroquiales. “Su lugar es el mundo”, para transformarlo a manera de fermento según Dios (ChL 15). Tenemos una fuerte carencia de presencia de laicos en la vida pública, y hemos de suscitarla y educarla desde jovencitos, con fuerte identidad de pertenencia a la Iglesia en el pequeño grupo parroquial. Esto sabe hacerlo como nadie la Acción Católica.

8.4.- Los Colegios de la Iglesia en la diócesis de Córdoba son abundantes, gracias a Dios. Suponen una riqueza eclesial inmensa, en un concierto de carismas que embellece la Esposa de Cristo, la Iglesia. Las respectivas familias religiosas (femeninas y masculinas) que los sostienen se ven hoy mermadas en vocaciones, que en otros tiempos han dedicado tantas personas consagradas a Dios en la tarea educativa con enormes frutos. Laicos educados en esos carismas y comprometidos eclesialmente prolongan y llevan adelante esta ingente tarea de educación católica, que no debiera perderse por nada del mundo. En este campo de la enseñanza católica, ha surgido a nivel diocesano también la Fundación Diocesana de Enseñanza “Santos Mártires de Córdoba”, llevada desde el comienzo por seglares y dependiendo directamente del Obispo.

Varios miles de niños, adolescentes y jóvenes están confiados por los padres a estos Colegios de la Iglesia. Quizá muchos padres buscan estos Colegios por su prestigio en todos los campos y no tanto por su identidad. Para nosotros, sin embargo, la identidad es lo primero. La Iglesia tiene aquí un campo privilegiado de evangelización, aprovechémoslo. No tenemos que ir a buscar a los niños y jóvenes, los tenemos en las aulas y en las actividades complementarias. Para eso es necesario cuidar a los educadores católicos, ayudándoles a vivir una vida cristiana fuerte, que se transmitirá por ósmosis a los alumnos. Para eso es necesario privilegiar el área de pastoral y no sólo la deportiva o la de innovación tecnológica y la de lenguas modernas, aunque todas sean necesarias. He aquí el gran desafío de los Colegios de la Iglesia, que existen para evangelizar.

También para los Colegios de la Iglesia es el Sínodo de los Jóvenes de Córdoba. Espero que en todos ellos se acoja y se impulse esta movida juvenil, que no mermará la idiosincrasia carismática de cada Centro y sus respectivas actividades, sino que les añadirá la dimensión diocesana, que ya se va cultivando con otras diferentes iniciativas. En la Comisión diocesana del Sínodo, en la que hay representación de estos ámbitos eclesiales, se decidió que los materiales puedan usarse desde los 15 años, para que se incorporen también desde los Colegios de la Iglesia.

8.5.- Las Cofradías y Hermandades son una riqueza en la vida de la Iglesia, y particularmente en nuestra diócesis de Córdoba. La piedad popular, por la que siempre he sentido gran respeto y he apoyado a lo largo de toda mi vida ministerial, tiene en Andalucía expresiones singulares. Baste pensar en las expresiones de amor a la Virgen y al Señor, representados en sus imágenes, en las estaciones de penitencia por Semana Santa, en las fiestas de gloria y en las grandes manifestaciones de piedad popular como El Rocío, el Viacrucis Magno, la Magna Mariana o la Magna Nazarena de este año. En las Cofradías, a lo largo de mi Visita Pastoral, me he encontrado con miles de jóvenes, insertos en la más pura tradición cofrade y vibrantes en el culto a sus sagrados Titulares. Muchos de ellos están en la parroquia, en la catequesis, en los campamentos, en los colegios o en la Universidad. Otros muchos, no. A todos quiere llegar el Sínodo de los Jóvenes de Córdoba. Espero que las Juntas directivas estimulen en sus respectivos grupos jóvenes la participación en este evento, del que se derivarán grandes bienes para ellos, para las Cofradías y para la diócesis.

El panorama, por tanto, es inmenso. Una vez más, nos viene a la mente la motivación del Señor: “La mies es abundante, y lo obreros son pocos; rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino!” (Lc 10,2). Con la oración por delante, afrontemos esta tarea con entusiasmo. Espero de Dios grandes frutos de este Sínodo de los Jóvenes de Córdoba.

9.- San Juan de Ávila, otra vez

En este año 2019 nos encontramos en el 450 aniversario de la muerte de san Juan de Ávila, su dies natalis, que se produjo el 10 de mayo de 1569 en Montilla, donde vivió de manera permanente los últimos quince años de su vida, los años del vino más sabroso. Desde su casa de Montilla, prestada por los marqueses de Priego, rezó abundantemente, redactó sus mejores escritos, aconsejó a grandes personajes y a pobres que se le acercaban. Esa Casa es un verdadero santuario y una reliquia preciosa de este santo doctor de la Iglesia, junto a la Basílica que conserva su sepulcro, la Iglesia de Santiago, su parroquia, o el Convento de Santa Clara, tan vinculado a su persona y ministerio.

La diócesis de Córdoba tiene el sagrado deber de dar a conocer a este santo, apóstol de Andalucía, maestro de santos, patrono del clero secular español. Estamos agradecidos a la Conferencia Episcopal Española, que ha sido promotora de su canonización y su doctorado y peregrinó en pleno hasta su sepulcro (23 noviembre 2012) y a todos los obispos y demás instituciones que a lo largo del último siglo han promovido a san Juan de Ávila. Somos herederos de todo ese trabajo. Varias diócesis del entorno fomentan también su conocimiento y su culto. En muchas diócesis de España se celebra su fiesta con gran asistencia de sacerdotes. Se trata de sumar entre todos. Pero la diócesis de Córdoba tiene especial deuda con san Juan de Ávila, porque él es miembro del presbiterio diocesano cordobés (clericus cordubensis) y porque un punto de referencia necesario de su biografía es Montilla, que lo ha reconocido como hijo adoptivo de la ciudad.

Nos encontramos, por tanto, en Año jubilar. Y eso quiere decir que es año de peregrinar a Montilla. Os invito a toda la diócesis a peregrinar hasta Montilla. Parroquias, grupos, movimientos, comunidades introducid en vuestro calendario de este año la peregrinación a Montilla, en coordinación con el rector de la Basílica. Hay novedades en la acogida, en la presentación de los lugares, en las catequesis pedagógicas sobre san Juan de Ávila y su doctrina. Todo hará mucho bien a quienes acudan hasta allí. Y con ese motivo, os dará ocasión a todos de hablar, de presentar, de aminar a la lectura y al conocimiento de este gran santo, maestro de santos.

La diócesis de Córdoba aplica una partida cada año para este capítulo, a fin de promover su figura, adaptar instalaciones, acoger a los peregrinos, difundir sus obras, profundizar en su estudio. Están en curso las traducciones a las lenguas europeas, la traducción de las obras completas al inglés, la traducción al polaco de algunas obras (ya editadas), las traducciones al ruso, al chino y al árabe de alguna obra menor y biografía. Es un santo universal y hemos de hacerlo universal en esta aldea global de nuestro tiempo. Varios sacerdotes cordobeses han hecho tesinas y monografías recientes sobre algún aspecto de su doctrina. En esa línea se sitúa la invitación a distintos cardenales, que van pasando por Montilla con motivo de su fiesta o del Año jubilar. La presencia de personalidades eclesiásticas hace más universal la figura del santo doctor. Pero a ello hemos de añadir el interés en cada parroquia, en cada grupo, en cada movimiento o comunidad de nuestra diócesis, la diócesis de San Juan de Ávila. San Juan de Ávila tiene mensaje para todos, acudamos a Montilla a venerarlo.

10.- Referente para la evangelización

Entrar en contacto con San Juan de Ávila contagia el fuego del amor de Cristo en su corazón, al estilo de san Pablo. Es de esas personas que, al leerle, te enciende. Conociendo su biografía, se percibe que el ardor misionero le ha impulsado durante toda su vida. Primero, queriendo marchar a tierras lejanas para anunciar a Jesucristo como misionero en México. Fue el arzobispo de Sevilla quien lo retuvo y así se convirtió en “apóstol de Andalucía”, sobre todo con sus predicaciones, que encendían el corazón de los oyentes y provocaban continuas conversiones. Después, fundando colegios (hasta treinta) para evangelizar, e incluso la Universidad de Baeza. Además, empleando el apostolado de la pluma a través de cartas, tratados, memoriales, etc., que le han convertido en uno de los importantes autores de la literatura castellana del siglo XVI. Y, en fin, atendiendo uno a uno a todas las personas que acudían a su prudente consejo y capacidad de discernimiento.

También hoy necesitamos figuras así, ardorosos en el amor a Cristo, capaces de identificarse con él y con su Cruz, pobres y despojados para ir libres y ligeros de equipaje en la evangelización, celosos por la salvación de todos, cuidadosos en la atención personal a cada uno: hombre y mujeres, jóvenes y adultos, nobles y plebeyos, ricos y pobres. San Juan de Ávila es un evangelizador nato, que ha cultivado su formación permanente por la abundante oración y el estudio cuidadoso, incorporando nuevos modos de llevar el Evangelio a todos. Él es un referente también para nuestro tiempo.

11.- Estímulo permanente para la santidad de todos

Celebrar este Año jubilar es una invitación, una nueva provocación a la santidad. San Juan de Ávila es un enamorado locamente de Jesucristo y ayudó a tantas personas a acercarse al Señor y a vivir para él. Volver a leer el Audi filia, su obra principal, anima a recorrer los caminos del Espíritu y constatar que la santidad es posible para todos, que está al alcance de todos con la ayuda de la gracia. Esa es nuestra única meta. No nos engañemos, cualquier otra cosa en la vida es pasajera. Sólo permanecerá el amor a Dios, que nos va ensanchando el corazón para gozar de él eternamente, y el amor al prójimo en quien reconocemos el rostro de Cristo. Su Tratado del Amor de Dios es una joya de la mística cristiana.

La vida pasa, como pasa el placer, el poder y el tener de este mundo. Jesucristo, sin embargo, permanece para siempre, permanece su evangelio, permanece todo lo que generosamente hayamos hecho por él y para él. San Juan de Ávila en sus cartas, en sus escritos, en sus tratados, y en el precioso testimonio de su vida santa nos estimula a todos a caminar en santidad. Los matrimonios encontraron en él segura orientación, como les sucedió a Pedro y Ana, los jóvenes esposos condes de Feria, los jóvenes encontraron en él guía para su vocación, como les ocurrió a tantos discípulos, que acudían a su sabio discernimiento, los sacerdotes sentían el estímulo de una vida entregada al ministerio, los consagrados pudieron llegar a la santidad, orientados por su acertado magisterio, como doña Sancha Carrillo, sor Ana de la Cruz y tantos otros. Sus Cartas rezuman humanidad, comprensión, cercanía y acierto en los consejos y orientaciones que ofrece, y que siguen siendo válidos hoy. Saben a Dios. Santa Teresa encontró en él la certeza de ir por camino seguro.

San Juan de Ávila no es una reliquia del pasado, es una persona viva hoy, cuya estela de santidad permanece en la Iglesia, que nos lo propone como Doctor de la Iglesia universal. Ese calificativo, “doctor”, no es simplemente un título honorífico, se trata de una propuesta que la Iglesia nos hace para acercarnos a sus escritos, conocer su biografía, hacer nuestra su doctrina. De qué nos serviría honrarle como doctor, si no leemos sus enseñanzas. Os animo a todos a conocerle más de cerca, a leer sus escritos, a peregrinar hasta Montilla con deseo de conversión y de sincero acercamiento a Dios.

12.- Espejo de santidad para los sacerdotes

A los sacerdotes san Juan de Ávila se nos ha dado como patrono del clero secular español. Pero, además de los curas seculares diocesanos, han sido discípulos suyos un buen grupo de santos sacerdotes, que derivaron a la Compañía de Jesús, a los Dominicos, a los Franciscanos, a los Carmelitas, a los Ermitaños de San Basilio en el Tardón, etc. Y se han considerado influidos por él los autores de la escuela sacerdotal francesa (Olier, Condrén, Berulle, etc.), el santo Cura de Ars, San Vicente de Paul, san Francisco de Sales, san Antonio María Claret, etc. San Juan de Ávila es para todos, especialmente para los sacerdotes. Los sacerdotes, y más concretamente los sacerdotes de la diócesis de Córdoba, estamos obligados a acercarnos a su figura, conocer su biografía, leer sus escritos, imitar sus virtudes, acudir a su intercesión. El Tratado sobre el sacerdocio es una fuerte llamada a la santidad sacerdotal en el ejercicio del ministerio, así como varias de sus cartas dirigidas a sacerdotes. Leamos a San Juan de Ávila.

Dios nos conceda en este Año jubilar una renovación profunda de nuestro presbiterio diocesano de Córdoba, “que en nuestros días crezca la Iglesia en santidad por el celo ejemplar de tus ministros”, pedimos en la oración de su fiesta. Estamos elaborando en el Consejo Presbiteral el Proyecto del Presbiterio (PDV 79), que será una pauta a tener en cuenta para nuestro crecimiento sacerdotal, y podrá ser enriquecido con sucesivas aportaciones. Hemos de convencernos de una vez por todas que sólo la santidad sacerdotal dará sentido y fruto apostólico a nuestra vida ministerial. “Mirémonos, padres, de pies a cabeza, anima y cuerpo, y vernos hecho semejables a la sacratísima Virgen María, que con sus palabras trajo a Dios a su vientre… ¿Por qué los sacerdotes no son santos, pues es lugar donde Dios viene glorioso…? Relicarios somos de Dios, casa de Dios y, a modo de decir, criadores de Dios; a los cuales nombres conviene gran santidad”[8].

La formación permanente de los sacerdotes es cada vez más necesaria. Como sabemos, no abarca sólo el aspecto intelectual, que es necesario actualizar continuamente, sino toda la vida del sacerdote en sus dimensiones humana, espiritual, intelectual y pastoral (PDV 71). Los estudios de Derecho Canónico en la Universidad de San Dámaso (con escolaridad especial), que algunos ya han concluido felizmente y otros están por concluir próximamente, se ha mostrado un recurso importante de formación permanente, tanto por la capacitación en la eclesiología de comunión del Vaticano II como en la convivencia de los sacerdotes más jóvenes en sus primeros pasos de sacerdocio.

Se trata de avivar cada día la gracia recibida por la imposición de manos. Se hace necesaria hoy más que nunca una verdadera “pastoral sacerdotal” (Ratio Formar pastores misioneros, 366). La preocupación principal del obispo ha de ser que sus sacerdotes sean santos, y en esta tarea también los presbíteros son colaboradores del obispo. Cada sacerdote ha de sentir como propia la tarea de ayudar a sus hermanos sacerdotes a ser santos. La primera ocupación que el obispo confía a un sacerdote es que se ocupe de sus hermanos sacerdotes. En el respeto, en el cariño mutuo, en la cercanía debemos considerar a cada uno de los sacerdotes de nuestro presbiterio como verdaderos hermanos. Somos miembros de una familia en la que estamos atentos a las necesidades del hermano. Nada más ajeno al corazón de un sacerdote que desentenderse de su hermano sacerdote, sobre todo si está en necesidad.

En este punto quisiera agradecer al Papa Francisco la cariñosa y enjundiosa Carta que ha dirigido a todos los sacerdotes con motivo del 160 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars. Os invito a leerla despacio. Entre tantas cosas preciosas, nos dice: “Gracias por buscar fortalecer los vínculos de fraternidad y amistad en el presbiterio y con vuestro obispo, sosteniéndose mutuamente, cuidando al que está enfermo, buscando al que se aísla, animando y aprendiendo la sabiduría del anciano, compartiendo los bienes, sabiendo reír y llorar juntos, ¡cuán necesarios son estos espacios! E inclusive siendo constantes y perseverantes cuando tuvieron que asumir alguna misión áspera o impulsar a algún hermano a asumir sus responsabilidades; porque «es eterna su misericordia»”[9].

“Alguna forma de vida común”, nos recomienda la Iglesia de nuestro tiempo[10], y ya es ejemplo de ello san Juan de Ávila. Él no vivía en casa propia, sino prestada, y en los distintos lugares donde fijó su residencia vivía en convictorio con otros sacerdotes. No es sólo propio de religiosos, también los sacerdotes diocesanos seculares hemos de intentar formas de vida que nos estimulen a la santidad. Vivir en comunidad no es para tener garantizados ciertos servicios comunes, vivir en comunidad ayuda a superar la cómoda soltería y ejercitarse en la caridad fraterna cada día con una sencilla regla de vida, vivir en comunidad es un signo de caridad y unidad ante los fieles. “Vivir con otros significa aceptar la necesidad de la propia y continua conversión y sobre todo descubrir la belleza de este camino, la alegría de la humildad, de la penitencia, y también de la conversación, del perdón mutuo, de sostenerse mutuamente. “Ved qué dulzura qué delicia convivir los hermanos unidos” (Sal 133, 1)”[11]. Vivir en comunidad ayuda a la santidad.

Por el contrario, hacer la propia vida independiente, incluso hasta el aislamiento, no favorece la vida sacerdotal. Por eso, hemos de cuidar los encuentros sacerdotales, la reunión de arciprestazgo, la reunión de los miércoles, las reuniones de formación permanente, los retiros mensuales, los Ejercicios anuales, los encuentros de quinquenales, etc. No nos parezca demasiado cuando se nos convoca para reunirnos. La vida sacerdotal diocesana no es para vivirla a solas, sino en fraternidad, en comunidad, y las formas concretas serán hasta donde se pueda.

13.- Como San Juan de Ávila, atendamos las vocaciones sacerdotales

El Señor nos ha bendecido por la intercesión de san Juan de Ávila con vocaciones sacerdotales para la atención a nuestra diócesis y a la Iglesia universal. Demos gracias a Dios por cada una de las vocaciones que Dios suscita en el seno de nuestra Iglesia diocesana. Cada una de ellas es un milagro de Dios. Pidamos al Señor, por intercesión de san Juan de Ávila, que los que llegan a nuestro Seminario con el fuerte tirón de una vocación que lleva a dejarlo todo por él, no se sientan defraudados ni lleguen a consensuar con el mundo cualquier forma de mundanidad. Que los que son agregados al presbiterio diocesano por la ordenación sacerdotal encuentren estímulos permanentes para su fidelidad y no consientan nunca en la mediocridad.

La mejor pastoral vocacional tiene como fundamento siempre la oración al Dueño de la mies para que mande obreros a su mies (cf. Mt 9,38). No nos cansemos de hacerlo en todas las parroquias, en todas las comunidades, en todos los grupos. Oremos constantemente, porque la oración nos hace caer en la cuenta de que la vocación viene de Dios y sólo él puede sostenerla. Por eso nos insiste: “Pedid y recibiréis”, condicionando a nuestra oración el regalo de nuevas vocaciones y la fidelidad a la misma.

La familia cristiana es el clima ordinario de cultivo de tales vocaciones, sobre todo si los padres piden a Dios que alguno de sus hijos sea llamado por este camino. El brote de una vocación al sacerdocio sorprende en ocasiones a los padres y los hermanos, precisamente porque es una llamada de Dios; y han de considerarse afortunados cuando alguno de sus miembros es tocado por el dedo de Dios. También hay familias que se resisten, que no son capaces de sobreponerse al instinto natural, que planean un futuro para sus hijos, y se sorprenden de que Dios descabale tales planes. Lo que Dios tiene preparado para cada uno es mejor siempre que lo que nosotros podemos planear.

Pero un niño, adolescente o joven se siente llamado particularmente cuando se cruza en su vida con un sacerdote. “Yo quiero ser como tú”, he oído a tantos sacerdotes cuando relatan el origen de su vocación. El encuentro con algún sacerdote ejemplar ha puesto en marcha el ideal vocacional, que se ha ido concretando posteriormente.

La vocación al sacerdocio debe ser atendida cuando surge. Si llega en la edad adulta, en la edad adulta. Si llega en la niñez o adolescencia, atenderla entonces. Para eso, la diócesis dispone de Seminario Menor, atendido por buenos sacerdotes y con un buen clima formativo. No es correcto aplazar o entorpecer la respuesta. Un niño al comienzo de la secundaria puede saber bien lo que quiere –lo sé por experiencia propia y de tantos otros-, mientras que, por el contrario, un aplazamiento en la respuesta puede evaporar lo que fue una auténtica llamada, que reclama una respuesta generosa. Precisamente porque el ambiente general está enrarecido, un chaval que quiere ser cura encontrará en el Seminario Menor el ambiente más propicio, aunque a los padres les suponga cierto desprendimiento. Fomentemos todos las vocaciones en edad temprana, no descuidemos el Seminario Menor, atendamos sus actividades, los encuentros de monaguillos, el preseminario, las colonias de verano, etc.

Y lo mismo el Seminario Mayor, que goza de buena salud. La atención humana personalizada, que proporciona una formación sana y educa para asumir compromisos de por vida, el clima de intensa vida espiritual, la formación intelectual con buenos profesores nativos y la proyección pastoral en el contacto con las parroquias dan un buen nivel a nuestro Seminario, gracias a muchas colaboraciones de sacerdotes, religiosos/as y seglares. El Seminario es un fruto precioso de todo el Pueblo de Dios, es el corazón de la diócesis, es la pupila del obispo. Hemos vivido a lo largo del curso un relevo en el equipo formativo (por el nombramiento del nuevo obispo de Guadix, sacerdote de nuestro presbiterio, que ha supuesto algunos ajustes) y ha podido resolverse con naturalidad, gracias a que la diócesis de Córdoba cuenta con buenos sacerdotes. La comunidad del Seminario ha asumido el cambio con gran sentido eclesial y con madurez. La diócesis de Córdoba, a pesar de nuestras limitaciones, es un organismo sano. Damos gracias a Dios.

Pero el constatar la buena marcha, no debe detenernos en la autocomplacencia. El Seminario es cosa de todos y todos tenemos que arrimar el hombro. La pastoral vocacional ha de ser una tarea prioritaria de los sacerdotes. Si vivimos como sacerdotes, si somos fieles a los dones recibidos, habrá jóvenes que sientan la llamada y les será más fácil responder. Sean generosas las familias al dar sus hijos para el Señor. La pastoral juvenil, que abarca todas las vocaciones, recuerde continuamente esta llamada al sacerdocio ministerial. La Iglesia necesita sacerdotes para su supervivencia, hagámoslo ver a los jóvenes, y ante la necesidad bien expuesta algunos sentirán la llamada. No nos dé reparo hacer esta propuesta directamente. En los encuentros con jóvenes, fomentemos el Adoremus, que tanto los atrae. Ahí, en el trato personal y directo con el Señor podrán descubrir esta llamada específica.

Necesitamos sacerdotes, más sacerdotes, santos sacerdotes. Jóvenes que tras una adecuada preparación, sean capaces de quemar las naves y seguir a Jesús de manera irreversible. San Juan de Ávila es un referente para todos.

14.- La pastoral familiar, tarea preferente

En estas líneas que escribo al inicio del curso pastoral, tengo que acentuar especialmente la pastoral que coordina y promueve la Delegación diocesana de familia y vida. Partimos del interés de toda la Iglesia por la familia y la vida, sobre todo a partir del Papa Juan Pablo II, el “Papa de la familia”, como le proclamó Francisco el día de su canonización. Ya Pablo VI nos regaló la encíclica “Humanae vitae” (1968), de la que se han cumplido 50 años. “Encíclica profética” la calificó Juan Pablo II en la Exhortación apostólica Familiaris consortio (1981), que ha sido ampliada en la encíclica Evangelium vitae (1995). En nuestros días, como fruto de los dos Sínodos sobre la familia, el Papa Francisco nos ha dado la Exhortación apostólica Amoris laetitia (2016), en cuyo surco alimentamos la pastoral del matrimonio, de la familia y de la vida hoy.

El fundamento de la familia es el amor de los esposos –varón y mujer-, que les ha llevado al compromiso de unir sus vidas para siempre ante Dios. Se trata de un amor que perdura, incluso cuando han desaparecido las emociones del primer momento. Es un amor consagrado por el sacramento del matrimonio, que significa y hace presente el amor de Cristo esposo a su esposa la Iglesia. La vocación al amor, que toda persona experimenta en su corazón, encuentra en el matrimonio cristiano su cumplimiento y su expresión propia: un amor humano, total, fiel y exclusivo, fecundo (HV 9). “Sólo la unión exclusiva e indisoluble entre un varón y una mujer cumple una función social plena, por ser un compromiso estable y por hacer posible la fecundidad. Debemos reconocer la gran variedad de situaciones familiares que pueden brindar cierta estabilidad, pero las uniones de hecho o entre personas del mismo sexo, por ejemplo, no pueden equipararse sin más al matrimonio. Ninguna unión precaria o cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad” (AL 52).

El matrimonio es ante todo un proyecto de Dios para la felicidad del hombre y cumple una función social plena, por la estabilidad del compromiso de fidelidad de ambos esposos, que repercute en toda la sociedad, y por la apertura a la vida, que garantiza la perpetuidad de la especie humana. “En el matrimonio conviene cultivar la alegría del amor”, recuerda el Papa (AL 126), que no se limita al placer, sino que se expresa en la ternura, en la contemplación del otro, valorándolo en sí mismo; alegría que se renueva en el dolor, pues “cuanto mayor fue el peligro en la batalla, tanto mayor es el gozo en el triunfo” (San Agustín). Qué necesitado está nuestro mundo de esta buena noticia del amor matrimonial, testimoniado en tantos matrimonios. Aquí radica la pastoral familiar, que va dando sus frutos.

Están los Centros de Orientación Familiar (COF). En ellos se acoge al que reclama sus servicios y se programan actividades de formación de novios, de conocimiento de la propia fertilidad, de acompañamiento a los matrimonios en dificultad. Se constata la necesidad de más voluntarios, que presten ese servicio de acompañamiento a otros. La Delegación de familia y vida ha puesto en marcha el Proyecto “Raquel” para los que sufren las secuelas del aborto, que no deja de ser la muerte violenta de un inocente, y eso deja huella. Ha puesto en marcha el Proyecto “Ángel”, para personas tentadas de abortar, acogiéndolas y orientándolas. Ha puesto en marcha el Proyecto “Un amor que no termina” para personas que sufren el divorcio o la separación, a fin de que se encuentren más a fondo con el Señor y acompañar las posibles secuelas. Ha puesto en marcha el Proyecto “Una fecundidad más amplia” para matrimonios que se enfrentan a la infertilidad, y que tiene en algunos casos la derivación a la Naprotecnologia (procreación natural sirviéndose de la ciencia). Ha puesto en marcha la campaña “Pon un cura en tu familia”. Todos estos Proyectos requieren acompañamiento, cierta preparación y tiempo. Se admiten voluntarios que quieran ofrecer un tiempo de sus vidas para ayudar a otros en el campo de la pastoral familiar.

En el acompañamiento y la formación permanente de matrimonios está la atención específica a grupos de matrimonios en las parroquias sin ninguna marca. Están los grupos de matrimonios de ACG, los Equipos de Nuestra Señora, el Movimiento Familiar Cristiano, el Proyecto de Amor Conyugal, Hogares Nuevos, Cursillos Cristiandad para Matrimonios, etc. El Espíritu Santo va suscitando en su Iglesia nuevas gracias y carismas para la atención a matrimonios en época de bonanza y en época de borrasca. No hay que dar largas hasta que llega la tormenta, es necesario que todo matrimonio tenga un acompañamiento de otros matrimonios con algún sacerdote consiliario, para mantener encendida la llama del amor conyugal, afrontar las dificultades propias y ayudar a otros matrimonios que pasan por las mismas circunstancias. La pastoral familiar tienen que llevarla adelante principalmente los mismos matrimonios. La vocación matrimonial no termina en sí misma, sino que tiene esa dimensión misionera de ayudar a otros a llegar a la plenitud del amor conyugal.

Para todo ello es necesario el cultivo de la vida espiritual, la vida según el Espíritu. Se ofrecen Ejercicios Espirituales para matrimonios, retiros especiales para matrimonios y para novios. Y son necesarios también medios de formación permanente, como la formación continua de los Catequistas Prematrimoniales para novios, el Master en Pastoral Familiar del Instituto Juan Pablo II con una preparación a fondo en la pastoral del matrimonio, la familia y la vida, los Cursos Teen Star para la formación afectiva de adolescentes y jóvenes, el conocimiento del Protocolo diocesano para la protección de menores con su Código de buenas prácticas para ambientes sanos y seguros en la Iglesia[12].

El Consejo Diocesano de Familia y Vida, constituido en diciembre de 2013, lleva seis años reuniendo en dos ocasiones al año a los representantes de todas las realidades pastorales que confluyen en la pastoral diocesana del Matrimonio, la Familia y la Vida. Es un lugar de encuentro para la comunicación y la comunión eclesial (sístole), y de misión para crear por toda la diócesis una red de matrimonios responsables de la pastoral familiar en las parroquias (diástole). Nos falta mucho camino por recorrer, tenemos muchas limitaciones y fallos, todavía no se cumple el “sueño misionero de llegar a todos”[13] los matrimonios, pero vamos dando pasos y damos gracias a Dios por ello.

15.- Herederos de un gran Patrimonio

15.1.- El Patrimonio de la santidad

El Patrimonio principal de la Iglesia son sus santos a lo largo de la historia, su principal acreditación ante el mundo. Ellos son para nosotros una riqueza irreversible, ellos son nuestros bienes del cielo, donde la polilla no puede raer los tesoros. Y Córdoba cuenta con un rico patrimonio en este capítulo. Un número inmenso de hombre y mujeres, que nadie podría contar. Son los santos de la vida cotidiana, los santos de la puerta de al lado[14], que nunca serán canonizados, pero que constituyen un precioso tesoro en nuestro patrimonio de santidad.

Santos y mártires de la época romana, entre los que sobresale el obispo Osio de Córdoba (257-359) y para el que he pedido al Santo Padre la extensión del culto público a toda la Iglesia, ya que goza de culto inmemorial en las Iglesias de Oriente (27 agosto), desde antes del cisma de 1050 hasta el día de hoy. La petición ha sido admitida a trámite y esperamos que llegue feliz término. Junto a él, los santos patronos de Córdoba, San Acisclo y Santa Victoria (+ 304), San Zoilo y compañeros y otros mártires cordobeses de época romana.

En la época mozárabe, cristianos bajo el dominio musulmán, destacan San Eulogio de Córdoba (800-859), San Perfecto (+ 850), Santas Flora y María (+ 851), Santa Columba y compañeros (+ 853), San Abundio (+ 854), San Rodrigo (+ 857), Santa Leocricia (+ 859), y más tarde San Pelayo (+ 925).

El padre de la ciudad reconquistada a los musulmanes, San Fernando rey (1198-1252). Los dominicos Beato Álvaro de Córdoba (+1430), Francisco de Posadas (+1713) y Santo Domingo de Henares (1766-1838), obispo y mártir en la China. San Juan de Ávila (1500-1569), patrono del clero secular, y San Francisco Solano, franciscano misionero en Perú (1549-1610). El beato Cristóbal de Santa Catalina (1638-1690), que de desparramó en caridad por toda la ciudad de Córdoba. El beato Nicolás Alberca, nazareno mártir (+ 1860). La perabense Santa Rafaela María Porras (1850-1925), fundadora de las Esclavas, y la teresiana beata Victoria Díaz (1903-1936), mártir. Los mártires de 1936 son muchos, y algunos han alcanzado ya la beatificación, como el joven pozoalbense beato Bartolomé Blanco (194-1936), patrono de la juventud de la diócesis de Córdoba.

La Capilla de los Mártires en la Basílica de san Pedro es como un tesoro acumulado de las reliquias de tantos mártires cordobeses, es como un tesoro precioso, que al menos una vez al año veneramos en la fiesta de los Santos Mártires (17 noviembre, san Acisclo y santa Victoria) para recordar esta historia de santidad, certificada por el arcángel San Rafael, custodio de la ciudad.

Tenemos a la vista la próxima beatificación de los mártires de Córdoba en la persecución religiosa de 1936, Causa promovida por la diócesis de Córdoba. Son un batallón, 128 mártires: casi ochenta sacerdotes, seis seminaristas, cuarenta laicos (entre ellos, dos matrimonios), cuatro religiosos. La diócesis de Córdoba se prepara para este gran acontecimiento, que se nos anuncia para dentro de poco más de un año probablemente. Lo que fue una siembra de crueldad y de terror por todo el territorio diocesano (y nacional), resulta un brote del amor más grande para nuestro tiempo, reconocido públicamente. No recordamos a los verdugos, si no es para perdonarlos. Nos interesa el fuerte testimonio de amor de cada uno de estos mártires, todos ellos heroicos y alguno incluso desgarrador, como el matrimonio de Villaralto. Ellos son como una linfa vital que alimenta la vida de nuestra diócesis y nuestras parroquias. El grano de trigo ha caído en tierra y ha dado mucho fruto, dispongamos nuestro corazón para tanta gracia. Es momento de agradecer a tantas personas que han colaborado gratuitamente en los trabajos de la Causa, verán recompensados sus esfuerzos con este acontecimiento. Y ahora nos toca dar a conocer estos testimonios por toda la diócesis. Ya desde ahora exultemos por esta jornada de gloria que se acerca.

Avanza con paso acelerado la causa de la Hermana Juanita, Obrera del Corazón de Jesús, un alma sencilla, que hizo de su invalidez y enfermedad un camino de santificación en Villanueva de Córdoba, porque Dios está más cerca de los humildes y los  pobres.  E igualmente la causa del Padre Cosme, fundador con el P. Luis de las Hijas del Patrocinio de María, que celebran en 2019 el centenario de la fusión de ambos colegio en la nueva Congregación. Esperamos para una y para otro la pronta declaración de Virtudes heroicas, que les acredita el título de Venerable. Acudamos a su intercesión, alcancen algún milagro y los tendremos en los altares.

Accediendo a la petición insistente de muchos sacerdotes diocesanos, me gustaría iniciar cuanto antes la causa de Don Ángel Carrillo Trucios (1882-1970), que ha dejado una estela de santidad particularmente en Priego, junto a Jesús Nazareno y en la Adoración Nocturna, suscitando un buen número de vocaciones sacerdotales. No quisiera desperdiciar ni uno solo de los testimonios de santidad que enriquecen nuestra diócesis y pueden edificar a todos. “No se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y alumbre a todos los de la casa” (Mt 5, 15).

Todos los santos ya reconocidos o en proceso de reconocimiento, además de tantísimos otros que nunca serán reconocidos, son el inmenso caudal del patrimonio de la diócesis. Si Dios nos ha bendecido con una nube tan inmensa de testigos es para que miremos con esperanza nuestra vida y la tarea de la evangelización en nuestro tiempo.

 “En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado (Hbr 12,1-3).

15.2.- El Patrimonio de la piedad popular

La diócesis de Córdoba tiene un gran tesoro acumulado en la piedad popular, que se manifiesta en las procesiones de Semana Santa y en las fiestas de gloria en torno a María Santísima y a los Santos. Me produjo un impacto positivo constatar esta realidad a mi llegada a Córdoba, y la Visita pastoral me ha ido adentrando en la entraña de este pueblo profundamente cristiano. No es oro todo lo que reluce, lo sé. Pero hay un sustrato hondo y fuerte, que atrae incluso a los jóvenes y que introduce en un panorama creyente en medio de una cultura que prescinde de Dios. La piedad popular es un factor altamente positivo para la evangelización.

Para Pablo VI la piedad popular “manifiesta una sed de Dios, que sólo los sencillos y los pobres pueden conocer” (EN 48). Juan Pablo II la definió como “verdadero tesoro del Pueblo de Dios” y demostró en todos sus viajes una profunda devoción a las imágenes de Cristo y de la Virgen, que cautivó el corazón del mundo cofrade. Recordemos la visita al Santuario del Rocío hace 25 años. Lo mismo Benedicto XVI. El Papa Francisco tiene páginas preciosas sobre el tema, llegando a hablar de “mística popular”, una verdadera espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos (EG 124)[15].

Son muchas las Cofradías y Hermandades (cerca de mil, entre las de iure y las de facto) a lo largo y ancho de nuestra diócesis y gracias a ellas la piedad popular se mantiene, en algunos lugares incluso exuberante. Además de las celebraciones anuales con sus correspondientes actos de culto en torno a los sagrados Titulares, he participado en el Viacrucis Magno (2013), el Rocío de la Fe (2014), la Magna Mariana “Regina Mater” (2015) y la Magna Nazarena (2019), verdaderas expresiones masivas y espléndidas de la fe, conmovedoras para los participantes. El logro de la carrera oficial pasando por la Catedral de Córdoba marca un antes y un después de la Semana Santa cordobesa.

He participado en varias coronaciones canónicas pontificas de María Santísima, que han dejado en mí un recuerdo imborrable, porque he visto vibrar a un pueblo que quiere a su Madre: la Virgen de Belén en Palma de Río (mayo 2010), la Virgen del Campo en Cañete de las Torres (septiembre 2010), la Virgen de Linares en la Catedral (mayo 2011), la Virgen del Carmen de San Cayetano (mayo 2012), la Virgen de la Cabeza en El Carpio (octubre 2017), la Virgen del Carmen en Rute (julio 2018).

He aquí un Patrimonio de fe popular, que hemos recibido en herencia y tenemos el sagrado deber de custodiar y transmitir a nuevas generaciones. He aquí un Patrimonio, que hemos de encauzar siempre hacia la evangelización.

15.3.- Y el Patrimonio cultural

Junto al patrimonio de santidad, que es el más importante, y el patrimonio de piedad popular, somos herederos también de un ingente patrimonio cultural: en iglesias y ermitas, en imágenes y retablos, en ropas, objetos litúrgicos y vasos sagrados, en expresiones artísticas de todo tipo. La belleza al servicio de la fe, que se ha hecho cultura, pero cuyo sentido más profundo es suscitar la fe en quienes lo usan o lo contemplan. Hemos de cuidarlo y ponerlo al servicio de la fe. En el cuidado, procuremos atenernos a las leyes civiles que lo protegen y a la normativa eclesiástica que nos recuerda cómo hemos de hacerlo.

El conjunto monumental Mezquita-Catedral es único en el mundo, no hace falta recordarlo. Los dos millones de visitantes al año la convierten en uno de los lugares más visitados del mundo y uno de los más valorados. Aprovecho para felicitar una vez más al Cabildo de la Catedral por su competencia y su buena gestión. Ojalá algún día pudiera hacerse una propuesta pastoral a esos dos millones de visitantes, que acogiera libremente quien lo deseara. La iniciativa de ampliar la visita a la Ruta Fernandina ha sido un acierto, que redunda en bien de la ciudad y supone una generosidad del Cabildo. Caben infinidad de recursos para evangelizar por medio del arte en este lugar. El fin principal de este monumento es religioso-litúrgico, y el aspecto cultural debe estar orientado siempre a su capacidad evangelizadora, como verdadero “atrio de los gentiles”, es decir, con los visitantes no sólo tenemos un deber de acogida cultural, sino también de propuesta evangelizadora. La Mezquita-Catedral ha adquirido en los últimos años una gran capacidad motora de la ciudad. Las dificultades de todos conocidas han provocado un despertar de posibilidades y realizaciones que quizá antes no se habían descubierto. Las adversidades, una vez más, se convierten en estímulo.

A otro nivel y con otros recursos –o a veces con escasez o falta de recursos- debemos poner todo el Patrimonio cultural al servicio de la evangelización. La Iglesia es aliada, es cómplice de la cultura, porque ha sido y sigue siendo una factoría de cultura. El Archivo Diocesano, que ha conocido una reforma sustancial y está abierto a los investigadores con gran complacencia para ellos, el Archivo Capitular, la Biblioteca Diocesana, etc. Ahora, a la espera de la nueva Aula de Interpretación o Museo en las dependencias del Palacio episcopal, que supondrá un recurso modernizado para presentar la diócesis y la Catedral a quienes nos visitan. La Fundación “San Eulogio” aglutina las entidades culturales diocesanas: Biblioteca Diocesana, Archivo Capitular, Archivo Diocesano, Museo Diocesano, Estudio Teológico “San Pelagio”, Revista Cordubensia, Publicaciones diocesanas, Instituto Superior CCRR “Victoria Diez”, Fundación Diocesana de Enseñanza “Santos Mártires de Córdoba”, Centro de Magisterio “Sagrado Corazón”, Instituto “Redemptor hominis”, Centro Diocesano “San Juan de Ávila”. La diócesis de Córdoba es realmente potente en recursos culturales. “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo” (EG 27), nos recuerda Papa Francisco. Pues apliquemos esta dinámica de conversión, purificación y renovación a todas nuestras instituciones culturales, para que se ajusten a las exigencias de la evangelización hoy.

En cada parroquia, a su nivel, debe cuidarse también esta dimensión cultural al servicio de la evangelización. Todo lo que hemos recibido como tales bienes culturales, procedentes de la fe de nuestros antepasados, debe ser cuidado con esmero y puesto al servicio de la evangelización. Hay iniciativas bonitas en muchos lugares: pequeñas exposiciones, la pieza del mes, explicación sucesiva de ropas, vasos, retablos, imágenes, etc. a los mismos feligreses. Evangelicemos “por tierra, mar y aire”, es decir, mostremos ese tesoro artístico con su contenido religioso, que no es algo añadido sino la razón de su existencia, y que cuando lo presentamos sin esa perspectiva le estamos quitando su esencia más profunda. Los bienes culturales son un precioso instrumento para la evangelización.

El Secretariado para el Patrimonio Cultural estrena nuevo responsable. Espero que ayude a poner en valor este rico patrimonio a nivel de las parroquias y suscite iniciativas de poner este patrimonio al servicio de la evangelización.

16.- Estos son nuestro tesoro: los pobres

Cuando en el año 257 el alcalde de Roma pidió a san Lorenzo los tesoros de la Iglesia para confiscarlos, éste le enseñó el patio lleno de pobres: “Estos son el tesoro de la Iglesia”. Estos siguen siendo hoy el tesoro de la Iglesia. Nuestra pertenencia a la Iglesia tiene como garantía nuestra propia pobreza, hacia la que Dios se ha inclinado con su misericordia. Cuanto más pobres nos sintamos, más seremos llenados por Dios. Y en su misión evangelizadora la Iglesia sale al encuentro de los pobres en todos los tipos de pobrezas antiguas y nuevas, como una urgencia interior que viene de su Maestro: “Lo que hagáis a uno de estos mis pequeños hermanos, a Mi me lo hicisteis” (Mt 25).

Cáritas es la organización de la caridad de la diócesis, y además de esta institución diocesana hay multitud de carismas que embellecen la Iglesia con distintos dones. Las Adoratrices se dedican por carisma fundacional a la acogida de mujeres objeto de trata y las acompañan hasta su integración social plena. Ellas ponen su vida en riesgo para rescatar a esas mujeres jóvenes, víctimas de redes mafiosas que las vienen explotando sexualmente. Cuántas vidas han nacido por este cauce y cuantas mujeres han encontrado de nuevo su dignidad perdida. Los Trinitarios tienen por carisma propio la redención de cautivos y se dedican hoy a la acogida de transeúntes en el comedor social y a la pastoral penitenciaria. Las Hijas de la Caridad fueron pensadas por sus fundadores para llegar a los más pobres de la sociedad. Los Hermanos de San Juan de Dios siguen a su fundador en la inmensa labor social de sus hospitales, y en Córdoba además con la obra caritativo-social “Hermano Bonifacio”, que llega a miles de personas. Las Franciscanas Nazarenas, nacidas en Córdoba del beato Cristóbal de Santa Catalina, atienden ancianos en distintos puntos de la diócesis y en otros lugares. Las Obreras del Corazón de Jesús acogen a niños pobres en su Escuela hogar. Seis casas tienen las Hermanitas de los Ancianos en nuestra diócesis y siempre repletas de atención a ancianos más pobres. Lo mismo que las Salesianas del Sagrado Corazón u otras religiosas presentes en barrios pobres. Los Hogares de Nazaret, que nacieron con María del Prado en Córdoba, siguen ofreciendo hogares a tantos niños que no lo tienen. Lo Franciscanos Cruz Blanca dan acogida a personas con diversas capacidades. Podemos afirmar que nadie ha quitado la delantera a la Iglesia en sus instituciones de caridad. Este es su mejor carnet de identidad, este es el mejor criterio de credibilidad.

Cáritas Diocesana lleva adelante una serie de programas con los pobres y regenta el albergue de transeúntes “Madre del Redentor”, fruto del jubileo del año 2000 que sigue acogiendo a los sin techo. La Casa San Pablo acoge a mayores en exclusión social. Solemcor es una empresa de Caritas para la reinserción laboral con tareas de reciclaje. Cáritas está presente en la mayoría de las parroquias, cerca de dos mil voluntarios ponen en circulación esa corriente de amor por toda la diócesis. El Centro de ocio “Cristo Rey” de Torrox (Málaga) sigue acogiendo continuamente niños y adultos.

Pastoral de la Salud atiende a los enfermos en hospitales y promueve esa atención en las parroquias con muchos voluntarios. Pastoral penitenciaria atiende a los presos del Centro Penitenciario de Córdoba, en una labor callada, discreta y constante. Estamos a la espera de poner ya en funcionamiento el hogar “Reina de los Ángeles” en Hornachuelos. “Me gustaría que como fruto directo del Año de la Misericordia y siguiendo las orientaciones del Papa Francisco (que en cada diócesis se haga una obra duradera de misericordia), la diócesis de Córdoba pudiera ofrecer algún Centro concreto para acoger a estos jóvenes”[16], os decía hace tres años en la Carta de inicio del curso pastoral 2016. Está a punto de inaugurarse ya.

“Los pobres los tendréis siempre con vosotros” (Mt 26,11), nos profetizó Jesús. Pedimos al Señor no hacernos sordos a su llamamiento, a la provocación que sus pobres nos hacen continuamente para desinstalarnos de nuestra comodidad. Nuevas iniciativas, como la Puerta Verde en la parroquia de Santa Luisa de Marillac, o Estrella Azahara en el barrio de las Palmeras van abriendo caminos nuevos a nuevas pobrezas casi crónicas, que exigen un plus de amor para resolverlas.

No nos cansemos en esta tarea. “Hay que decir sin rodeos que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos” (EG 48). “La belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha” (EG 195).

17.- La pastoral ordinaria

Por último, quisiera volver a la vida cotidiana para agradecer a toda la diócesis su constante labor de evangelización. La mayor parte de nuestros esfuerzos los consumimos en la pastoral ordinaria, la pastoral de cada día, la pastoral de la oración en el Año litúrgico: adviento-navidad, cuaresma-pascua-pentecostés, fiestas patronales, sacramentos de iniciación cristiana, matrimonio y unción, Misa dominical y misa diaria, confesiones. Junto a esa pastoral ordinaria de la comunidad cristiana está el cuidado de la formación a todos los niveles, reuniones semanales, quincenales o mensuales de los distintos grupos, catecumenados de niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Y en todo momento, el compromiso caritativo y social con los más pobres, con los enfermos, con las personas que lo pasan mal. Una Iglesia en salida que busca a los desfavorecidos, a los marginados, a los explotados, a los últimos, a los que nadie quiere para darles la buena noticia de que Dios es amor y ellos son sus preferidos.

Pongamos en esta tarea nuestro máximo interés, sin esperar a momentos espectaculares ni frutos aparatosos, porque “el Reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana: la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo” (Mc 4,26-27). Esa es nuestra tarea de cada día: sembrar con esperanza y dará su fruto a su tiempo. Os agradezco a todos, sacerdotes, laicos y consagrados/as vuestros trabajos en el anuncio del Evangelio en nuestra diócesis de Córdoba. Tomemos con entusiasmo el Sínodo de los Jóvenes de Córdoba, vivamos especialmente en Año jubilar de San Juan de Ávila, renovemos nuestro compromiso de trabajar al servicio del Reino de Dios entre nosotros.

A todos os bendiga Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y la protección maternal de María os acompañe siempre.

demetrio_fernandez_firma✠ Demetrio Fernández González
Obispo de Córdoba


[1] FRANCISCO, Exhortación apostólica postsinodal Christus vivit a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios, 1.- (en adelante, ChV).

[2] “Deseo también esta vez que haya sintonía entre el itinerario hacia la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa y el camino post-sinodal”: )”: FRANCISCO, A los participantes en el Foro Internacional de Jóvenes (Sala Clementina), 22 junio 2019

[3] “¡Pues bien!, la próxima edición internacional de la JMJ será en Lisboa en 2022. Y hay una portuguesa entusiasta allí [la Virgen de Fátima]… Para esta etapa de peregrinación intercontinental de los jóvenes elegí como tema: “María se levantó y se puso en camino deprisa” (Lc1,39: ibid.

[4] “Queridos jóvenes, les repito una vez más: ¡Ustedes son el hoy de Dios, el hoy de la Iglesia! No sólo el futuro, no, el hoy. O la juegan hoy o perdieron el partido. Hoy. La Iglesia los necesita para ser plenamente ella misma. Como Iglesia, ustedes son el Cuerpo del Señor Resucitado presente en el mundo”: FRANCISCO, A los participantes en el Foro Internacional de Jóvenes (Sala Clementina), 22 junio 2019.

[5] Sobre este tema, que considero una urgencia pastoral en nuestros días, he reflexionado y hablado en bastantes ocasiones. Véase, por ejemplo, mi reflexión después de la JMJ 2011 en Madrid: Propuesta de reflexión para la diócesis de Córdoba: Un camino común para toda la diócesis (a propósito de la pastoral juvenil), Boletín oficial de la Diócesis de Córdoba 2011, 863-871.

[6] Gaudium forma parte de DIDANIA, Federación de Entidades Cristianas de Tiempo Libre (didania.org), con Estatutos aprobados por la Conferencia Episcopal Española. Su próxima reunión de todos los representantes de España es en Córdoba, 25-27 octubre 2019.

[7] Cf. Laicos de parroquia caminando juntos. Material de reflexión para grupos parroquiales, ACG Madrid 2017 (temas preparatorios para la III Asamblea General de ACG y Encuentro de Laicos de Parroquias. Santiago de Compostela agosto 2017). Ver: Encuentro de Laicos “Haciendo realidad el sueño de Dios”, en el X aniversario de la refundación de ACG (Ávila, 1 al 4 agosto 2019).

[8] SAN JUAN DE ÁVILA, Plática 1, 6: BAC I, 790.

[9] FRANCISCO, Carta a los sacerdotes en el 160 aniversario de la muerte de Cura de Ars, 4 agosto 2019.

[10] “Para hacer más eficaz la misma cura de almas se recomienda encarecidamente la vida común de los sacerdotes… que favorece la acción apostólica y da a los fieles ejemplo de caridad y unidad” (ChD, sobre los obispos, 30). “A fin de que los presbíteros se presten mutua ayuda en el cultivo de la vida espiritual e intelectual, puedan cooperar más adecuadamente en el ministerio y se libren de los peligros que acaso origine la soledad, foméntese entre ellos alguna forma de vida común… a saber, la convivencia, donde fuera posible, o la mesa común o, por lo menos, reuniones frecuentes” (PO 8).

[11] BENEDICTO XVI, A sacerdotes de la Fraternidad San Carlos (12 febrero 2011).

[12] OBISPADO DE CÓRDOBA, Protocolo de prevención y actuación frente a abusos sexuales a menores y personas vulnerables y Código de buenas prácticas para ambientes sanos y seguros en la Iglesia, Córdoba mayo 2019.

[13] FRANCISCO, Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, 31.

[14] FRANCISCO, Exhortación Apostólica Gaudete et exultate, 7: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad»”.

[15] FRANCISCO, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 126: “En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza acti­vamente evangelizadora que no podemos me­nospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de incul­turación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización”.

[16] DEMETRIO FERNÁNDEZ, Obispo de Córdoba, Carta pastoral “…así os consolaré yo. Centenario de las apariciones de Fátima. Hacia el Encuentro diocesano de Laicos, al inicio del curso 2016-2017, BOOC 2016, 461.

Un comentario sobre ““¡Cristo vive y te quiere vivo!”, Sínodo de los Jóvenes de Córdoba. Año jubilar de san Juan de Ávila

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