Jesús acoge a los publicanos

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 22 de septiembre de 2019

Queridos diocesanos:

Una de las categorías sociales más despreciadas por el pueblo judío era la de los publicanos, que recaudaban los impuestos para el imperio romano. Además de colaborar con un poder extranjero y de recaudar para las obras faraónicas de Herodes, el pueblo sospechaba de ellos porque pensaba que eran poco honrados y también porque tenían contacto con los paganos. Se les consideraba, por ello, como “pecadores” y eran excluidos del trato con los judíos piadosos.

Los evangelistas testifican con firmeza que Jesús les acogió, a pesar del escándalo que suscitó esta conducta. Sabemos que uno de sus discípulos más cercanos, Mateo, era un publicano. Un día, Jesús pasó junto al mostrador de los impuestos y le invitó a dejar su trabajo y convertirse en discípulo (cf. Mt 9, 9-14). En la parábola del fariseo y el publicano, Jesús presenta como modelo de verdadera actitud de oración, no al fariseo, supuestamente bueno y observante, sino al publicano humilde, que se declara pecador ante Dios (cf. Lc 18, 10-14).

Es significativo también el encuentro en Jesús con Zaqueo, el jefe de los publicanos de Jericó. Jesús se invitó a comer en su casa, lo que suscitó la crítica pues era considerado un pecador (cf. Lc 9, 1-10). Comer a la mesa con los publicanos significa acogerlos en el reino. Conviene subrayar que Jesús no espera a que se conviertan; no se sienta con ellos por haber dejado de pecar o por estar arrepentidos. Se sienta cuando ellos siguen con su conducta y sus fraudulentos negocios. Quiere ofrecerles la gracia y el perdón incondicional de Dios, el cual precede a la conversión. Así muestra la gratuidad absoluta del amor del Padre del cielo.

Por todo esto, Jesús fue acusado de andar con malas compañías, de ser “amigo de recaudadores de impuestos y pecadores” (Mt 11, 19). Este reproche revela que sus contactos con ellos era frecuente. Su respuesta a la crítica es que son precisamente los enfermos los que necesitan el médico: él no ha venido a llamar a justos sino a los pecadores (cf. Mc 2, 17). Jesús ofrece en nombre de Dios la salvación a aquellos que eran considerados la hez de la sociedad. El acento de su predicación está en la acogida misericordiosa que Dios reserva a los pecadores. Dios no margina ni rechaza a nadie: en su compasión, los acoge, cuenta con ellos y los invita a cambiar de vida.

Frente a las críticas a su conducta con los pecadores, Jesús contestará en un tono polémico: “en verdad os digo; los publicanos y las prostitutas ocupan vuestro sitio en el reino de Dios” (Mt 21, 31). Porque ellos han acogido con entusiasmo y gratitud el mensaje de Jesús y desean entrar en el Reino, mientras que aquellos que se consideran justos, le han rechazado.

Una característica distintiva del movimiento de Jesús es su carácter inclusivo. Los grupos de su época (como los fariseos o los esenios) eran exclusivistas, porque buscaban renovar la fe en Dios formando una élite espiritual. Por el contrario, Jesús se dirige a todos, sin discriminaciones, incluso a los que eran tenidos por pecadores o estaban estigmatizados socialmente. Nosotros, como Iglesia de Jesús, tenemos que hacer nuestro este comportamiento y salir a encontrar a todos, sin excluir a nadie.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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