“Trabajo Decente, como Dios quiere” (aplicación de las orientaciones pastorales)

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Carta Pastoral de
Mons. D. FRANCISCO CERRO CHAVES
Obispo de Coria-Cáceres

Curso 2019-2020
Adviento – Navidad – Epifanía

Queridos Diocesanos:

Como todos sabéis, en junio de 2018 clausuramos el XIV Sínodo Diocesano y en enero de 2019, tras abrir un proceso de participación y consultar a todos los consejos diocesanos, hemos iniciado, con la ayuda del Espíritu Santo, un nuevo plan Pastoral “Sal por los caminos” (Lc 14, 23), Orientaciones Pastorales para los años 2019-2024, fruto de la sinodalidad de nuestra Iglesia Diocesana, con el objetivo de “impulsar la renovación personal y comunitaria de los cristianos, de modo que nos lleve a vivir un estilo de vida cristiana más fiel al seguimiento de Jesús, con el fin de desarrollar nuestro compromiso con Él en el anuncio del Evangelio y con el proyecto humanizador del Reino de Dios en la sociedad en la que vivimos”.

En la fundamentación de las orientaciones que justifican este nuevo plan diocesano se expresa, entre otras, la preocupación que tenemos por la situación social por la que están pasando nuestros diocesanos: «La crisis económica ha ido acrecentando las desigualdades sociales, aumentando la pobreza y debilitando las bases de una sociedad justa entre nosotros. Por esto debemos buscar “vencer las causas estructurales de las desigualdades y de la pobreza”, como pide el papa (EG, 205). La creación de empleo es el medio más eficaz para lograr la integración y la cohesión social. Un trabajo digno y estable que sirva para satisfacer las necesidades básicas y para que la persona se desarrolle integralmente. Para que nuestro compromiso social sea transformador de las personas y de las causas de la pobreza, denuncie la injusticia, alivie el dolor… tiene que ofrecer propuestas concretas que respondan al mensaje transformador del Evangelio y asumir las implicaciones políticas de la fe y de la caridad (San Pablo VI, Populorum Progressio, 75)».

Esta Carta Pastoral quiere ser una aportación más para la acción pastoral diocesana incluida en el nuevo plan pastoral: «Poner en marcha la acción diocesana: “Ante el desempleo, la precariedad, la pérdida de población…, que está empobreciendo nuestra diócesis, trabajo decente como Dios quiere”. (ODP 57, 58, 62, 63, 70, 82, 88, 92, 93, 97, 98, 125)».

Uno de los objetivos de esta Carta Pastoral es procurar llevar adelante las Orientaciones Pastorales surgidas del XIV Sínodo Diocesano de Coria-Cáceres y, por tanto, como se recoge en el n.º 62 de dichas Orientaciones, debemos procurar desarrollar la Dimensión Caritativa y social de la Iglesia y una clara opción por los pobres. Así, reza el apartado citado: “Los párrocos y demás responsables en la educación en la fe deben invitar, mentalizar, sensibilizar y promover la conciencia social y la importancia del compromiso socio-caritativo a todos los cristianos de nuestras parroquias, grupos, asociaciones, movimientos y cofradías para que no vivamos indiferentes ante las situaciones de pobreza e injusticia en las que se encuentran muchas personas cercanas y lejanas”.

El próximo 7 de octubre celebramos la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, convocado por la Organización Internacional del Trabajo y apoyada por la Iniciativa “Iglesia por el Trabajo Decente”, en la que nuestra Diócesis participa.

Quiero compartir con todos vosotros mi preocupación por los altos índices de paro, precariedad, despoblación, emigración, especialmente de nuestros jóvenes… que nos están empobreciendo día a día, y mi deseo para que en nuestra diócesis el trabajo decente sea una realidad para todos. Y teniendo presentes las palabras del Papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate n.º 63 en la que con toda claridad y rotundidad establece los criterios que debe reunir un trabajo para que pueda ser considerado decente:

“Significa un trabajo, que en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre y mujer”.

En este aspecto, me preocupa profundamente la igualdad y dignidad de la mujer. Que siempre ha sido la persona más vulnerable de la sociedad, junto con los niños, en todos los aspectos y, como no, en el aspecto laboral. Ante esta situación hago una llamada a considerar lo que se recoge en el n.º 114. O. P. XIV Sínodo Diocesano: “Nos comprometemos a trabajar por la igualdad real, justa y coherente de todas las personas en todos los aspectos: laborales, asistenciales, promocionales;

Debemos ofrecer cauces para salir de las situaciones de pobreza y exigiendo el trato igualitario y justo en todos los ámbitos vitales;

Denunciar los casos de maltrato, apoyando campañas civiles para fomentar el buen trato entre las personas”.

Porque el trabajo “pertenece a la condición originaria del hombre y precede a su caída; no es, por ello, ni un castigo ni una maldición” (CDSI 256), sino que es el mandato de nuestro creador para responder a las exigencias de nuestro mantenimiento y desarrollo de nuestra misma humanidad.

No podemos olvidar que Jesús, el hijo del carpintero, santificó el trabajo, al pasar la mayor parte de su vida trabajando, de manera anónima y sencilla. “¿No es este el carpintero, el hijo de María?” (Mc 6, 3).

Con el trabajo participamos no solo en la obra de la creación, sino también en la obra de la redención soportando la fatiga del trabajo (ganando el pan con el sudor de nuestra frente) en unión con Cristo crucificado por nosotros (cf. LE 27).

Dos son los motivos fundamentales para trabajar: vivir con dignidad (para desarrollándonos y realizándonos nosotros mismos, ganando el pan y no siendo una carga, y como un deber para con nuestra familia, con nuestra sociedad y con la familia humana) y ayudar a los pobres. Así el trabajo se convierte en un don y en una vocación que nos abre a la comunión.

“Libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad… que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual”.

En este ayudar a los pobres mi preocupación va dirigida hacia las personas con discapacidad, economía social, inmigrantes, defensa de la vida, padres… Los fieles laicos de nuestra diócesis, debemos trabajar con las personas con discapacidad en estrecha colaboración con centros y personas especializadas (n.º 99. Orientaciones Pastorales dimanantes del XIV Sínodo Diocesano).

De igual forma, me preocupan los inmigrantes y refugiados que llegan a nuestro país, la mayor parte sin ni tan siquiera conocer nuestro idioma, y con una situación de estancia ilegal. Debemos comprometernos y procurar ayudarles a que normalicen su situación en España, denunciando la injusticia, la insolidaridad y presionar, junto con otros colectivos, para que Europa los acoja (n.º 101. O. P. XIV Sínodo Diocesano).

El trabajo no puede ser considerado como una mercancía, ni como un instrumento del engranaje productivo, su valor no está en el tipo de trabajo que se realiza (dimensión objetiva), sino en el hecho de que quién lo ejecuta es una persona (dimensión subjetiva), capaz de decidir, de realizar su vocación de persona. “El trabajo en sentido objetivo debe estar subordinado…, a la dignidad del hombre, al sujeto del trabajo y no a las ventajas económicas” (LE 22d).

El trabajo es una de las cuestiones clave y fundamentales en la Doctrina Social de la Iglesia: «Es… un elemento fijo tanto de la vida social como de las enseñanzas de la Iglesia… el trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social, si tratamos de verla verdaderamente desde el punto de vista del bien del hombre. Y si la solución, o mejor, la solución gradual de la cuestión social, que se presenta de nuevo constantemente y se hace cada vez más compleja, debe buscarse en la dirección de “hacer la vida humana más humana”, entonces la clave, que es el trabajo humano, adquiere una importancia fundamental y decisiva» (LE 3).

 Un empleo digno debe permitir y dejar tiempo al trabajador para reencontrarse consigo mismo, para desarrollar sus propios talentos, para desarrollar su dimensión espiritual, para conciliar su vida laboral y familiar, para facilitar su encuentro con otros, y nos debe aportar autoestima y reconocimiento social, mejorando las perspectivas de desarrollo personal y la integración social.

Aquí debería jugar un papel importante el cristiano laico comprometido e incorporado a la vida pública, ya sea en asociaciones, partidos políticos, sindicatos…y buscarán el bien común, asumiendo las nobles causas de la humanidad (defensa de la vida humana, la paz, la justicia, la solidaridad… colaborando en la renovación de las estructuras y organismos de la sociedad para que sean más justos). (N.º 84. O. P. XIV Sínodo Diocesano).

Por ello, hemos de fomentar más y, en concreto las parroquias, la presencia de los cristianos en el mundo, con objeto de hacerlo mucho mejor para todos, siendo más sensibles a las inquietudes y actividades del contexto en el que están presentes y sirven pastoralmente. Todo ello con objeto de que los laicos sean conscientes y sensibles a las necesidades, problemas e injusticias de la sociedad en la que viven, llegando a tomar partido por las víctimas de las injusticias y por los más empobrecidos. Haciéndonos presentes en todos los ámbitos de la sociedad para promover el bien común, los valores fundamentales de la justicia, la libertad, el progreso, la paz y la solidaridad. Así como la defensa de los derechos humanos y dignidad de la persona, con el fin de construir la auténtica fraternidad” (n.º 165. O. P. XIV Sínodo Diocesano).

“Un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar”.

El derecho a la justa retribución (LE 19) no debe depender solamente del acuerdo trabajador-empresario, de la ley de la oferta-demanda y de la imposición de los poderosos/totalitarismos (cf. MM 68-72). El salario debe permitir acceder a los bienes necesarios para llevar una vida digna en todas sus dimensiones (cf. GS 67), por lo que nunca debe ser insuficiente para el sustento del trabajador y su familia permitiendo su desarrollo material, social, cultural y espiritual (cf. GS 67, 2; LE 8f).

“Un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz”.

La Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda:

– Que el trabajador debe participar en la propiedad, gestión y frutos del capital/empresa (cf. LE 14) porque tienen derecho de reunión y asociación (GS 68, LE 20, CA 7).

– Que el trabajador tiene derecho “a formar asociaciones o uniones para defender los intereses vitales de los hombres empleados en las diversas profesiones” (CDSI 305. Cf. LE 20). «Los sindicatos son propiamente los promotores de la lucha por la justicia social… esta “lucha” debe ser vista como una acción normal “en favor” del justo bien… no es una lucha “contra” los demás» (LE 20).

– Que la participación en la vida de la empresa es necesaria para el pleno respeto de su dignidad y para sentir que “trabaja en algo propio” y que ejercita su inteligencia y libertad (cf. CA 43).

– Que los empresarios también pueden participar en asociaciones de empresarios, afirmando que resultan de gran valor las asociaciones de empresarios de inspiración cristiana (cf. CDSI 564), “asociaciones profesionales, que agrupan a sus miembros en nombre de la vocación y la misión cristianas de un determinado ambiente profesional o cultural, pueden desarrollar un valioso trabajo de maduración cristina” (CDSI 550).

– Que los Estados no pueden prohibirlas (RN 34-35).

Os invito a todos los empresarios a dar participación a vuestros trabajadores en vuestras empresas y os animo a todos los trabajadores a que participéis en vuestras empresas o lugares de trabajo. Al mismo tiempo que os invito a ambos a participar en la vida pública, en las organizaciones sindicales y empresariales, políticas y sociales, para que podáis hacer oír vuestra voz, como se nos recordaba en el XIV Sínodo Diocesano que acabamos de celebrar (ODP 83, 84, 171, 197).

“Un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación”.

Que asegure que los trabajadores puedan vivir con dignidad tanto cuando tienen trabajo como cuando no lo tienen. Porque el Estado y la Sociedad Civil tienen una especial responsabilidad en la tarea de generar empleo (cf. CDSI 291, CA 16), este es un objetivo irrenunciable, “la plena ocupación” porque la falta de trabajo es una calamidad social, humana, económica y religiosa (cf. LE 18).

La Doctrina Social de la Iglesia reconoce que los trabajadores tienen derecho a: subsidios para los parados y sus familias, seguridad social, pensiones de jubilación, enfermedad, accidentes, maternidad… (LE 18), pero no se debe olvidar que cualquier subsidio, que palie la situación de paro y de falta de ingresos, debe ser transitorio y no definitivo, porque “el trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal… ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias” (LS 128).

El Papa Francisco, en la Laudato sí 128, nos advierte del peligro de un uso economicista y humanicida de las nuevas tecnologías en su aplicación ciega e indiscriminada en el mundo laboral, para reducir los costes de producción sustituyendo los puestos de trabajo por máquinas, lo que tiene un impacto negativo en el plano económico y en el desgaste del “capital social”, recordándonos que siempre los costes humanos provocan costes económicos, y que las disfunciones económicas provocan costes humanos y “para que siga siendo posible dar empleo, es imperioso promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial” (LS 129).

“Un trabajo que… haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación”.

La Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda la vinculación de la creación de puestos de trabajo con el servicio al bien común y al apoyo a algunos colectivos específicos, como por ejemplo:

– Ejercer una efectiva tutela del derecho al trabajo de las mujeres, cuidando “la retribución, la seguridad y la previsión social” (cf. FC 24, CDSI 295), empeñados en conseguir la igualdad.

– Reconocer que la “inmigración puede ser un recurso más que un obstáculo para el desarrollo” (CDSI 297), exigir respeto e igualdad de derechos al trabajador inmigrante como al nacional.

– Defender la pervivencia de nuestros pueblos pidiendo que se introduzcan los cambios e innovaciones necesarias en el mundo agrícola, no solo para que se garantice el derecho al trabajo, a los trabajadores del campo, sino para que consigan unas justas ganancias y no queden reducidos a ciudadanos de inferior categoría (cf. GS 66b, LS 129) y se frene la despoblación.

– Denunciar el trabajo infantil (cf. RN 31), que por desgracia sigue siendo una plaga, una violencia terrible, un problema moral, llegando a explotar a menores en condiciones de verdadera esclavitud. (cf. CDSI 296).

Antes de terminar quiero hacer una indicación sobre la importancia que para nosotros debe tener el cuidado de nuestra tierra, ella es uno de los mayores recursos de los que disponemos, por ello el trabajo debe estar muy vinculado a la ecología integral. Para el cuidado de nuestra tierra necesitamos urgentemente frenar la despoblación para fijar población en nuestros pueblos. Os recuerdo las palabras del Papa Francisco en la Laudato sí: “En cualquier planteo sobre una ecología integral, que no excluya al ser humano, es indispensable incorporar el valor del trabajo” (124). “Cualquier forma de trabajo tiene detrás una idea sobre la relación que el ser humano puede o debe establecer con lo otro de sí” (125), con otro ser humano y con el mundo que le rodea. Afirma que hay que relacionar el trabajo y la espiritualidad, la acción transformadora y recogimiento, “esa manera de vivir el trabajo nos vuelve más cuidadosos y respetuosos del ambiente, impregna de sana sobriedad nuestra relación con el mundo” (126). La manera de organizar el trabajo y la actividad económica incide directamente en el Medio Ambiente: “Un estudio del impacto ambiental… Tiene que insertarse desde el principio y elaborarse de modo interdisciplinario, transparente e independiente de toda presión económica y política” (183).

Queridos diocesanos os invito a uniros, si aún no lo habéis hecho, a la plataforma “Iglesia por el Trabajo Decente” y a organizar en todas vuestras comunidades, parroquias y pueblos actos que ayuden a concienciar sobre la necesidad del trabajo decente, así como a participar en la concentración y vigilia diocesana que celebraremos en Cáceres el 7 de octubre, en la Plaza Mayor y en la Ermita de la Paz, con motivo de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente.

2 de septiembre de 2019.
XII Aniversario de mi Ordenación Episcopal.

A todos mi oración y bendición.

cerro firma
✠ Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres

 


RN Rerum Novarum.

MM Mater et Magistra.

GS Gaudium et Spes.

PP Populorum Progressio.

LE Laborem Exercens.

FC Familiaris consortio.

CDSI Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.

EG Evangelii Gaudium.

LS Laudato Sí.

ODP Orientaciones y Disposiciones Pastorales.

CA Centesimus Annus.

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