Jesús acoge a los pobres

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 6 de octubre de 2019

Queridos diocesanos:

Uno de los destinatarios preferentes de la predicación de Jesús son los pobres. Al principio de su ministerio, en la sinagoga de Nazaret Jesús lee el pasaje de Isaías que habla del Ungido de Dios, enviado a “proclamar la buena nueva a los pobres” y se identifica con estas palabras (cf. Lc 4, 14-22): el Padre le ha encomendado la misión de anunciar el Evangelio a los pobres.

Los pobres a los que Jesús acoge son, en primer lugar, aquellos que se han empobrecido materialmente, los que viven en la miseria. La sociedad palestina de la época de Jesús estaba en profunda decadencia; había grandes diferencias sociales y un creciente número de personas que se habían empobrecido. En los evangelios es frecuente ver en la compañía de Jesús a ciegos, lisiados, epilépticos, endemoniados, huérfanos, viudas y mendigos. Las actitudes de Jesús fueron siempre de acogida, comprensión, compasión y perdón. La acogida de todos ellos es signo de que la salvación de Dios alcanza a todos y, al mismo tiempo, es una llamada de atención para que otras personas se interesen por ellos.

Pobres son también aquellos que se presentan ante Dios con actitud humilde, sin méritos personales. Así se perfila en la reflexión del Antiguo Testamento: sólo un pueblo humilde y pobre busca al Señor y se cobija en Él (cf. Sof 3, 12-13; Is 10, 20-22). San Mateo habla de los “pobres en el espíritu”, es decir, de aquellas personas que no se apoyan en sí mismas y que tienen el corazón abierto al mensaje del Evangelio. Quien tiene espíritu de pobre, está vacío de toda autosuficiencia y apoya su vida sólo en Dios. Estas personas han escogido voluntariamente la pobreza, evitando “toda clase de codicia” (Lc 12, 15).

Con sus palabras y gestos, Jesús quiere mostrar que Dios se preocupa constantemente de los pobres y desvalidos. Dios está cerca de ellos ellos, y los acoge en su Reino. Por su parte, los que han puesto su corazón en los bienes de este mundo, tienen que recordar que estos bienes son frágiles y fugaces pues fácilmente la polilla y la carcoma los estropean (cf. Mt 6, 19).

Los discípulos de Jesús tienen que prolongar esta actitud de acogida del Maestro. Ellos no pueden inhibirse ante las necesidades de la gente, sino que tienen que darles de comer (cf. Mc 6, 37). La preocupación por los pobres brota de las entrañas mismas del Reino. Por eso dice con claridad el Papa Francisco que “de nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad” (EG 186). La Iglesia tiene que mantener la cercanía de Jesús a los más pobres y ser instrumento para su liberación y promoción. Los pobres tienen un sitio preferencial en el corazón de Jesús y han de tenerlo en el nuestro. “Por eso –dice el Papa- quiero una Iglesia pobre para los pobres” (EG 198). Si queremos de verdad seguir a Jesús, hemos de otorgar a los más pobres una atención privilegiada y prioritaria (cf. EG 201).

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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