Santa Misa con motivo del 50 aniversario del fallecimiento del cardenal Ángel Herrera Oria

escudo catala ibañez

50 ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO
DEL CARD. ÁNGEL HERRERA ORIA

(Catedral-Málaga, 12 octubre 2019)

Lecturas: 2 Re 5,14-17; Sal 97,1-4; 2 Tm 2,8-13; Lc 17,11-19.

(Domingo Ordinario XXVIII-C)

1.- La curación de Naamán en el río Jordán tuvo lugar por su confianza en la palabra del hombre de Dios. Fue curado no solo de la lepra de su cuerpo, sino también de su increencia en el Dios verdadero; se convirtió al Señor y, desde ese momento, no volvió a servir a otros dioses; por eso declara: «Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel» (2 Re 5,15).

La sanación fue total, de manera que quedó más limpio que antes de contraer la enfermedad: «Su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio» (2 Re 5,14). La sanación de Dios es radical, porque nos devuelve la limpieza original.

El Jordán simboliza las aguas bautismales, que limpian totalmente el pecado y regeneran a una vida nueva. El sirio curado volvió a renacer a una vida espiritual nueva.

Hemos de ser conscientes, queridos hermanos, de la radical sanación que el bautismo realiza en el cristiano y de la nueva vida que se le regala. No se trata de un vestido que uno se pone y se quita; es algo que marca radical y profundamente al ser humano para siempre.

2.- El relato de la curación de Naamán es un claro ejemplo de gratitud a Dios por los beneficios recibidos. Naamán agradeció al profeta Eliseo la curación; aunque éste no quiso aceptar los regalos.

El Salmo también nos invita a ser agradecidos con Dios por su gran misericordia y fidelidad: «Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas» (Sal 97,1). Hemos de ser agradecidos al Señor por todo lo que nos regala, comenzando por la vida natural y siguiendo por la vida espiritual, que nos lleva a la vida eterna.

Antes de la curación Naamán despreciaba la manera en que Dios quería sanarle. ¿Por qué tenía que bañarse en un río de un pueblo extranjero, cuando en su país había ríos importantes?

A veces nos resistimos al modo con que Dios nos invita al cambio de vida, a la conversión, a la sanación interior. Tenemos la tentación de ser los dueños que dirigimos nuestra vida y deseamos elegir la manera de hacer las cosas. Y tal vez buscamos caminos diversos al que nos presenta Jesucristo, que es el único Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14,6). Buscando la paz interior algunos cristianos se adentran por filosofías y métodos de espiritualidad ajenos a la fe cristiana. Al final no obtienen la verdadera salvación por esos medios. ¡Solo salva Cristo!

3.- San Pablo le dice a su discípulo Timoteo que haga memoria de cuanto ha hecho Cristo: «Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según mi evangelio» (2 Tm 2,8).

Pablo es capaz de aguantar sus cadenas y las muchas penalidades que sufre por el nombre de Cristo (cf. 2 Tm 2,9), a quien ama como a su único Señor y por quien lo deja todo: «Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo» (Flp 3,8). Nosotros no actuamos muchas veces con esta actitud; no queremos perderlo todo por Cristo; siempre queremos quedarnos algo.

La entrega y el aguante de Pablo es para que todos alcancen la salvación: «Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación y la gloria eterna en Cristo Jesús» (2 Tm 2,10).

El Señor, queridos fieles, nos invita a seguirle incondicionalmente; es decir, sin poner condiciones del cómo, del cuándo. Nos llama a dejar todo lo que se opone a su reino y nos invita a corresponder a su amor infinito. No se trata de seguir una bandera, ni un proyecto social, ni un programa político o educativo; y menos aún una ideología. Se trata de establecer una relación personal con Jesucristo, que nos invita a conocerle, a seguirle y amarle.

4.- El pasaje lucano de los diez leprosos curados (cf. Lc 17,12.17) nos enseña la necesidad de ser agradecidos.

Todos ellos pidieron al Maestro la sanación de su horrible enfermedad (cf. Lc 17,13). Pero cuando quedaron limpios, se olvidaron de quién les había sanado.

Solo un extranjero «viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos» (Lc 17,15). Además de alabar a Dios, «se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias» (Lc 17,16). ¿Hacemos nosotros lo mismo? éste un hombre de fe, un creyente en el Dios verdadero, a pesar de no pertenecer al pueblo de Israel. Los otros tal vez solo buscaban su salud física, pero no les importaba su salud espiritual.

Jesús viendo la fe este extranjero, le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado» (Lc 17,19).

5.- Celebramos hoy la clausura del 50 aniversario de la muerte del Card. Ángel Herrrea Oria. Queremos dar gracias a Dios por habernos hecho el regalo de este hombre de fe, hombre de cultura, hombre de Iglesia y hombre de Dios.

D. Ángel nació en Santander, en 1886. Se doctoró en Derecho por la Universidad de Madrid y se licenció en Filosofía y Letras (1909).

Fundó la Escuela de Periodismo de “El Debate” (1926) y el Centro de Estudios Universitarios (CEU) en 1933. En 1940 fue ordenado sacerdote en Friburgo y ya en España crea en Maliaño una Escuela de Formación Obrera y una residencia para la preparación en materia social de los sacerdotes.

Nombrado Obispo de Málaga, en 1947, promueve la construcción de viviendas y crea escuelas-capilla rurales. Nuestra Diócesis le está muy agradecido por esta iniciativa, que tantos buenos frutos ha dado en el campo cultural, social y religioso; y cuya obra se prolonga hoy a través de la Fundación Victoria de los Colegios Diocesanos.

En 1950 el Instituto Social León XIII, obra de D. Ángel, inició sus clases. Y en 1961 se inauguró el Colegio Mayor Pío XII en Madrid, donde tantos estudiantes universitarios, algunos de ellos malagueños, pudieron formarse y conocer la Doctrina Social de la Iglesia, para trasformar la sociedad. En 1965 el papa Pablo VI lo nombró Cardenal de la Iglesia. Y tres años más tarde el Señor llamó a D. Ángel a la eternidad.

6.- El Cardenal Herrera Oria ha sido una gran figura como cristiano comprometido y como pastor de Iglesia; este segundo aspecto lo hemos comentado muchas veces. Deseo resaltar hoy su misión como fiel bautizado, porque la inmensa mayoría de los presentes y de los seguidores en las distintas instituciones que él fundó sois laicos. él fue consciente de la radical sanación que el bautismo realiza en el cristiano y de la misión que Dios le confía, como hemos visto en la curación de Naamán; y era consciente también de la misión que Dios le confiaba desde el bautismo.

En primer lugar, D. Ángel fue un fiel cristiano comprometido; un laico que asumió con verdadero tesón su misión bautismal de transformar el mundo a la luz del Evangelio, como más tarde remarcaría el Concilio Vaticano II y los documentos magisteriales posteriores. Animo a todos los laicos a asumir vuestro compromiso bautismal, sin esperar a que los sacerdotes os confíen tareas de colaboración. Tenéis una misión propia, que el Señor os confió en el bautismo.

En segundo lugar, D. Ángel fue un laico bien formado. Sabía que era necesaria la formación en la fe y en la doctrina de la Iglesia, para dar razón de la esperanza cristiana, como nos recuerda san Pedro en su primera carta (cf. 1 Pe 3,14-16). Queridos fieles laicos, es muy necesaria la formación en la fe, para tener buen fundamento doctrinal. Hemos de saber dar las respuestas adecuadas a los problemas y retos que nuestra sociedad nos plantea. La obra educativa del Card. Herrera, que se prolonga en nuestros días, es ingente.

Os invito a que profundicéis en vuestra formación cristiana. Y, en tercer lugar, D. Ángel Herrera fue un laico evangelizador. Su compromiso bautismal y su buena formación los puso al servicio de la misión evangelizadora, que todo cristiano está llamado a desempeñar. Promovió iniciativas y creó instrumentos adecuados, que todos conocéis, para proclamar la Buena Nueva en la sociedad de su tiempo. Ahora nos toca a nosotros inventar instrumentos adecuados para seguir proclamando la Buena Nueva en nuestra sociedad.

Hoy damos sentidas gracias al Señor por el regalo de la persona y de la gran obra del Card. Herrera Oria en esta clausura del cincuenta Aniversario de su fallecimiento.

Y pedimos a la Santísima Virgen que nos acompañe en nuestro caminar, para saber responder, como bautizados comprometidos, a la misión que el Señor nos confía.

Amén.

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