Vieja Europa aviva tus raíces

Carta del
Card. D. Ricardo Blázquez Pérez
Arzobispo de Valladolid

ricardo blazquez perez

Noviembre 2019

Este mensaje dirigido por el Papa Juan Pablo II a Europa desde Santiago de Compostela, el año 1982, ha resonado en diversas formas en la misma ciudad los días 3-6 de octubre durante la Asamblea Plenaria de Presidentes de Conferencias Episcopales de Europa. En esa Asamblea del Consejo de Conferencias tuve la oportunidad de saludar a los obispos, autoridades civiles y otros participantes en nombre de la Conferencia Episcopal Española. A continuación reproduzco básicamente lo que entonces pronuncié convencido de que puede interesar también a los lectores de nuestra revista Iglesia en Valladolid.

“Agradezco la hospitalidad que tanto el Arzobispo de Santiago de Compostela como el Alcalde de la ciudad y el Presidente de la Xunta de Galicia nos han dispensado. Estoy seguro de interpretar los sentimientos de los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Europa si afirmo que constituye para todos nosotros un motivo particular de satisfacción celebrar esta Asamblea Plenaria en la ciudad de Santiago de Compostela. Desde hace tiempo veníamos anhelando esta oportunidad que hoy gozosamente estamos inaugurando.

La ciudad de Compostela y su catedral conservan cuidadosamente la tumba y la memoria apostólica de Santiago, con quien está vinculada tradicionalmente la evangelización de España. Él fue discípulo, apóstol y mártir de nuestro Señor Jesucristo; mensajero y maestro del Evangelio, defensor de la Iglesia y guía de peregrinos. Hasta la tumba de Santiago desde el centro de Europa han peregrinado incontables personas, siglo tras siglo, buscando la “gran perdonanza” y la renovación de la vida cristiana. “Europa nació peregrinando”, escribió Goethe. En el Occidente europeo, en este Finisterre, fue Santiago de Compostela un astro brillante de nuestros pueblos y nuestras gentes. La peregrinación desde hace decenios ha experimentado un crecimiento incesante y admirable. Como el número de peregrinos aumenta cada año, la Diócesis compostelana es consciente de la peculiar misión que ha recibido en el interior de la Comunión eclesial. En esta perspectiva se sitúa también la invitación que se nos ha hecho como Presidentes de Conferencias Episcopales de Europa.

Cada peregrino, cuando se pone en camino, lleva en su interior unas expectativas, que al final no se ven frustradas sino insospechadamente cumplidas. Buscan despertar y fortalecer la fe, reavivar la conciencia religiosa, levantarse de comodidades paralizantes, sacudir el sopor de la indiferencia, reavivar una historia secular, centrar la vida en lo verdaderamente importante, desembarazarse de prisas y cargas innecesarias, refugiarse en el silencio del camino largo, animar la solidaridad con otros hombres y mujeres; ayudar a los fatigados de la vida; y cuando se entra por el Pórtico de la Gloria en la catedral, redescubrir que la meta de la vida humana no está en este mundo y en la historia; con unas palabras de la tradición jacobea: “ultreya” (más allá) y “esuseya” (más arriba). Santiago como meta de peregrinos es parábola de otra meta adonde todo hombre, con mayor o menor reconocimiento, aspira. El Camino de Santiago es memoria secular y actualidad elocuente.

Cerca o lejos de nosotros se están talando árboles y bosques, desertizando la tierra y haciendo más difícil el respiro de la vida. También en nuestra Europa se tala con frecuencia la memoria histórica de la fe cristiana. En ocasiones queda encerrada en piezas de museos que para muchos de nuestros contemporáneos les resultan incomprensibles y distantes de sus inquietudes vitales. Pues bien, la memoria apostólica de Santiago de Compostela actualiza una historia secular que tiene que ver con nosotros. Aquí emergen nuestras raíces. La memoria de Santiago y la historia secular de la peregrinación nos impulsan a recordar a nuestro Señor. Como escribió el apóstol Pablo a su discípulo Timoteo, escuchamos aquí en esta ciudad junto a la tumba de Santiago: “Acuérdate de Jesucristo”. Este lugar ayuda a anclar la fe cristiana y el sentido religioso en la persona de Jesús y en la trayectoria vital de nuestros pueblos.

El famoso “Codex Callistinus”, manual de textos litúrgicos y musicales para la celebración de las fiestas de Santiago, primera guía de viajes y de peregrinos de Occidente, ha sido bellamente editado hace algunos años. La Unesco lo incluyó el año 2017 en el “Registro de la memoria del Mundo” como perteneciente al patrimonio documental internacional que debe ser custodiado como inolvidable espejo de la historia. Pues bien, si el Códice es memoria del mundo, más honda está en las entrañas de la humanidad la Memoria cristiana de la que es documento el precioso libro.

El tema elegido para esta Asamblea Plenaria de Presidentes de Conferencias Episcopales de Europa que estamos comenzando, “¿Europa, tiempo de despertar? Los signos de la Esperanza”, tiene en Santiago de Compostela un ámbito muy apropiado para la reflexión y el diálogo. La esperanza se nutre también de la memoria; una Europa desmemoriada es una Europa titubeante en el camino hacia el futuro.

Reitero mi saludo a todos. ¡Que el Apóstol oriente nuestros pasos! ¡Que descubramos sus huellas en el presente de Europa!

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