Mirar en positivo

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 17 de noviembre de 2019

Queridos diocesanos:

Para ser una Iglesia que acoge a todos hemos de aprender a mirar en positivo. Con frecuencia nuestra mirada a la realidad de nuestro mundo es negativa y está cargada de lamentos y quejas. Cuando miramos, por ejemplo, a los jóvenes, los adultos corremos el riesgo de hacer un catálogo de calamidades y defectos de la juventud actual. Y, en general, cuando hablamos de nuestra sociedad, lo solemos hacer en términos muy negativos, presentando una visión pesimista de la misma. El resultado de esta actitud es que nos conduce a distanciarnos de los demás, a no estar cercanos a todos.

En la Exhortación “Christus Vivit” el Papa Francisco ha reflexionado sobre esto y nos aconseja cambiar esta manera negativa de mirar el mundo para contemplarlo como lo mira Dios Padre. Lo que Dios mira es lo bueno que hay en el corazón de cada persona, aunque aparentemente sea algo pequeño y frágil. Nuestro Padre no da a nadie por perdido, ni siquiera al hijo crápula que se ha marchado de casa y ha derrochado sus bienes. Dios se fija siempre en lo positivo y busca ese rescoldo que queda en nuestro interior para avivar la llama y atraernos hacia sí.

Cuando Isaías anuncia el tiempo del Mesías dice que “no apagará el pábilo vacilante” ni quebrará la caña que está a punto de romperse (42, 3; cf. Mt 16, 20). El Mesías vendrá cargado de paciencia y de misericordia, llegará como un pastor que lleva en sus brazos a los corderos más pequeños y que trata con cuidado también a sus madres (Is 40, 11). Así veía Jesús a las personas: no se fijaba en sus defectos ni en su pecado, porque él vino a llamar a todos. Jesús sabe apreciar lo positivo que hay en un despreciable publicano, en una prostituta o en un extranjero. Las críticas a esta conducta fueron feroces: le tacharon de comilón y de andar con malas compañías. Pero Él repetía que hacía lo que había visto que hacía el Padre: buscar a los más pequeños y acercarse a los pecadores.

Si queremos ser signo de Cristo, también nosotros debemos aprender a mirar en positivo a todos. Si nos acercamos a los demás con esquemas rígidos y cargados de prejuicios, nunca lograremos comunicarnos con ellos. Quien mira en positivo a los otros sabe “encontrar caminos donde otros sólo ven murallas” y tiene la capacidad de “reconocer posibilidades donde otros ven solamente peligros” (Christus vivit, 67).

El corazón de cada ser humano es un santuario al que hay que acercarse con reverencia, descalzándose, porque es terreno sagrado, lugar de encuentro con Dios. En ese corazón podremos encontrar cosas buenas y verdaderas, que son “semillas de vida divina”, aunque no siempre se dé un deseo explícito del Dios revelado. Muchas personas tienen deseos de fraternidad, o bien deseos de aportar algo al mundo, de estar en armonía con la naturaleza o de tener una vida diferente. En todo ello descubrimos “puntos de partida, fibras interiores que esperan con apertura una palabra de estímulo, de luz y de aliento” (Christus vivit, 84). Nosotros no podemos sino adentrarnos con todo respeto en ese misterio que es cada persona e impulsar esos deseos, para ayudarles a encontrarse con el Dios de Jesucristo.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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