El hermoso signo del pesebre

Carta de
Mons. D.  Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada–Logroño

carlos escribano

Domingo 22 de diciembre de 2019

“El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él”. (Francisco, Admirabile Signum, 1). Con estas hermosas palabras el Papa Francisco nos ha sorprendido al inicio de este Adviento, con una carta Apostólica sobre el significado y la importancia de “los belenes” en la tradición y en la cultura cristiana. Ha rubricado esta preciosa carta en Greccio, en el Santuario del Pesebre, donde San Francisco de Asís comenzó, con un gran deseo de acercar el misterio de la humanidad de Cristo a los sencillos, la tradición del Pesebre.

Así lo narran las Fuentes Franciscanas: “Quince días antes de la Navidad, Francisco llamó a un hombre del lugar, de nombre Juan, y le pidió que lo ayudara a cumplir un deseo: «Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno». Tan pronto como lo escuchó, ese hombre bueno y fiel fue rápidamente y preparó en el lugar señalado lo que el santo le había indicado. El 25 de diciembre, llegaron a Greccio muchos frailes de distintos lugares, como también hombres y mujeres de las granjas de la comarca, trayendo flores y antorchas para iluminar aquella noche santa. Cuando llegó Francisco, encontró el pesebre con el heno, el buey y el asno. Las personas que llegaron mostraron frente a la escena de la Navidad una alegría indescriptible, como nunca antes habían experimentado. Después el sacerdote, ante el Nacimiento, celebró solemnemente la  Eucaristía, mostrando el vínculo entre la encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En aquella ocasión, en Greccio, no había figuras: el belén fue realizado y vivido por todos los presentes”. (Francisco, Admirabile Signum, 2). Es hermoso ver el anhelo evangelizador de San Francisco de Asís. Acerca de manera audaz el mensaje de la salvación a la gente, buscando un lenguaje novedoso en aquel momento y consiguiendo que su preciosa iniciativa iluminase singularmente la celebración de la Navidad de aquel año y, a la vez, consiguió que su propuesta tras cendiese el momento y llegase a nuestros días llena de vigor en muchos lugares del mundo. Aquella feliz iniciativa en la Nochebuena de Greccio, bien puede inspirarnos hoy a nosotros, por audacia y creatividad, en el diseño y realización de nuestra misión Diocesana EUNTES, a la hora de ser Iglesia en salida misionera.

A lo largo de su carta, el Papa va narrando la gran riqueza de esta tradición cristiana, que tanto ha ahondado en nuestras casas, iglesias y en toda la sociedad. Cuando se contempla la creatividad y el arte a la hora de componer las escenas, la belleza que se logra en muchos Belenes, nos ayuda a vivir con más intensidad la celebración de la Navidad. El significado de los lugares o el mensaje de las figuras que ponemos con tanto cariño a lo largo del tiempo de la Navidad, nos adentra de un modo sencillo y visual en el corazón del mismo Dios, convirtiéndose en una catequesis mistagógica y asequible de verdad.

El Papa nos recuerda algo que a todos nos gusta hacer: añadir figuras que quizá no vienen descritas en el relato de los evangelios, pero que expresa la realidad de nuestro momento, de nuestra vida, “todo esto representa la santidad cotidiana, la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina”. (Francisco, Admirabile Signum, 6).

Os animo a que cada uno de nosotros nos añadamos a “nuestro Belén”. Que lo hagamos con el deseo de adentrarnos en el Portal llenos de alegría, sin distancia entre lo que estamos celebrando y nuestra propia vida. SÍ, queridos hermanos, puede ser una forma sencilla pero cargada de sentido para vivir una Navidad muy en Cristo.

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✠ Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

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