Volver a la vida cotidiana

Carta de
Mons. D. Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Tarrasa

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Domingo 12 de enero de 2020

Con la celebración este domingo de la fiesta del bautismo del Señor concluye el tiempo litúrgico de Navidad. Hoy contemplamos como Jesús se pone en la fila de los que se acercaban a la ribera del río Jordán para recibir el bautismo de conversión de Juan Bautista. El texto evangélico nos muestra el encuentro entre el que prepara los caminos del Mesías y Aquel que es el verdadero camino de la vida, cumplimiento de las profecías y expectativas del pueblo de Dios.

Para nosotros esta fiesta nos recuerda el bautismo que hemos recibido y que nos ha incorporado a Cristo por la misericordia del Padre, haciéndonos templos del Espíritu Santo y miembros de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. En el bautismo cada uno de nosotros ha recibido la llamada a la santidad, a vivir como hijos de Dios, y al apostolado, a la evangelización en medio de nuestro mundo, tan necesitado del amor de Dios, y a ser miembros de una Iglesia que sale al encuentro de cada persona, como hemos afirmado en nuestro plan pastoral diocesano.

El papa Francisco, en su carta apostólica Admirabile signum, sobre el significado y el valor del belén, nos dice que: contemplando esta escena en el belén, estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador. Cada uno de nosotros se hace portador de la Buena Noticia con los que encuentra, testimoniando con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor (n. 9).

Jesús el Señor nos envía también a cada uno de nosotros a proclamar el evangelio por todo el mundo y nos hace testigos suyos. En la actualidad, cuando hablamos de testimonio no nos referimos únicamente al testimonio de palabra sino también al testimonio de vida. San Pablo VI, en su carta apostólica Evangeliï nuntiandi destacó la importancia de ese testimonio y afirmaba que la buena nueva tiene que ser proclamada en primer lugar mediante el testimonio. El testimonio de vida es una responsabilidad de todo bautizado, como miembro de la Iglesia, y de toda la Iglesia como comunidad de bautizados. Un testimonio que se tiene que dar en el propio ambiente a través de la comprensión, la cercanía, la solidaridad con las causas más nobles, la actitud de servicio, la fe y la esperanza más allá de lo visible.

Un testimonio que somos llamados a ofrecer con verdadero entusiasmo evangelizador. El entusiasmo es un sentimiento de exaltación producido por la admiración de alguien o algo, y se manifiesta en la manera de hablar y de actuar. La persona entusiasta cree posible cambiar las cosas, su propia realidad, el mundo entero.  La persona verdaderamente entusiasta es la que actúa y habla movida por Dios. El entusiasmo evangelizador es una característica del apóstol, impregna toda su existencia y se proyecta sobre la vida de las personas. Es el entusiasmo por la salvación de los hermanos que le lleva a entregarse en cuerpo y alma a la misión olvidándose de sí mismo.

Si con la fiesta del Bautismo del Señor concluimos el tiempo de Navidad, eso quiere decir que retomamos nuestras actividades cotidianas en el trabajo, en el estudio, etc. Pido a Dios pues que nos conceda a todos ser verdaderos testigos del Evangelio en medio de nuestros ambientes cotidianos, con entusiasmo, con la alegría de aquellos que hemos celebrado estos días el nacimiento del Hijo de Dios con el que comienza nuestra salvación.

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✠ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Tarrasa

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