Santa Misa para la toma de posesión de Mons. D. Francisco Cerro como arzobispo de Toledo

Alocución de
S.E. Mons. Bernardito C. Auza
Arzobispo titular de Suacia
Nuncio Apostólico en España y en Andorra

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S.I. Catedral Primada de la Asunción, Toledo
Sábado, 29 de febrero de 2019

Excelentísimo y Reverendísimo Sr. Administrador Apostólico, Eminentísimos Señores Cardenales, Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos, Queridos sacerdotes concelebrantes, Excelentísimas Autoridades civiles y militares, Queridos hermanos en Cristo:

En estos solemnes momentos, saludo muy afectuosamente, en nombre del Santo Padre a quien rengo el honor de representar en España, a cuantos habéis querido venir a acompañar a Su Excelencia Monseñor Francisco Cerro Chaves, el cual inicia ahora su misión pastoral en la Archidiócesis de Toledo.

La motivación más profunda de nuestra presencia obedece al hecho de que los fieles cristianos ven en el Obispo “un signo vivo del Señor Jesús, Pastor y Esposo, Maestro y Pontífice de la Iglesia” (Juan Pablo II, Pastores gregis, 7).

Y, en nombre del Santo Padre, muchas gracias por todo don Braulio Rodríguez Plaza. Gracias por el valioso éxito de su vida entregada a Dios y a la misión que el Señor le ha confiado en el gobierno y cuidado esmerado de la Archidiócesis Primada, con total entrega y dedicación durante casi once años. En estos últimos dos meses, como Administrador Apostólico.

Querido don Francisco Cerro. Un cordial saludo y mi fraterna felicitación. En estos momentos adivinamos los profundos sentimientos llenos de admiración por cuanto en este día está viendo. En realidad, ha vuelto como arzobispo a su Diócesis. Aquí recibió la ordenación sacerdotal del querido y recordado Cardenal don Marcelo González. Usted no conoce a la diócesis de oídas, sino que la conoce como colaborador que fue en el seno del presbiterio toledano.

Esto, que no acontece siempre, ha sido realidad en su caso. Hoy es recibido por compañeros con los que compartió la tarea, fieles cristianos que siempre han estado cerca, aunque usted partiera con el impulso de la devoción al Corazón de Jesús al Santuario de la Gran Promesa de Valladolid.

Ahora queda usted al frente de la Archidiócesis después de su fecundo paso por la Diócesis de Coria-Cáceres. Sabemos que sus sentimientos son de gratitud al Señor que, en su providencia, así lo ha dispuesto. El dirige nuestras vidas, nos coloca allí donde podemos hacer el mayor bien, y espera, a través de nuestra entrega, llegar a los pequeños, a los pobres, a los discípulos de Cristo desde la fuente de su Sagrado Corazón.

Don Francisco, aquí, en este contexto, por lo concreto además de su itinerario personal, la palabra que prevalece es simplemente “cercanía”. El Papa Francisco en la última consagración episcopal que confirió el pasado octubre, decía a los obispos “seguir el ejemplo del Buen Pastor que conoce a sus ovejas, ellas le conocen y por ellas no dudó en dar la vida” y les recordó las tres cercanías del obispo “la cercanía con Dios en la oración, esa es la primera función; la cercanía con los presbíteros en el colegio presbiteral, y la cercanía con el pueblo (Homilía, 4/10/2019). Cercanía pues a Toledo, su Diócesis, lugar de rico patrimonio de fe hecha obra.

Para ser cercanos, tenemos que ser “Iglesia en salida”, como nos recuerda el último Congreso Nacional de Laicos. El Santo Padre, en su Mensaje a los participantes del Congreso, dijo: “No tengan miedo de patear las calles, de entrar en cada rincón de la sociedad, de llegar hasta los límites de la ciudad, de tocar las heridas de nuestra gente … esta es la Iglesia de Dios, que se arremanga para salir al encuentro del otro… Que el mandato del Señor resuene siempre en ustedes: «Vayan y prediquen el Evangelio» (Mt 28,19). Esta animosa actitud de una “Iglesia en salida” comienza su dinamismo en la actitud pastoral del Obispo en relación directa y fructífera con todos.

Para mantener esa actitud, verdaderamente pastoral, cuente con el apoyo de nuestra oración. La de éste Presbiterio, colaboradores necesarios del orden episcopal, la de todos los fieles de esta porción del pueblo de Dios que sentirán su proximidad pastoral, y, muy especialmente, de los consagrados los religiosos y religiosas. Todos hoy se alegran por su presencia en Toledo.

Don Francisco, invocamos para usted la protección de la Santísima Virgen María “ejemplo de aquel amor de madre que debe animar a todos los que colaboran en la misión apostólica de la Iglesia para engendrar a los hombres a una vida nueva” (LG 65). Ella, tan cercana a San Ildefonso, su humilde esclavo, resplandeciente en la virginidad de la mártir Santa Leocadia y de tantos santos que iluminan y estimulan a la Iglesia que aquí peregrina, le sostenga en el ejercicio fiel del sagrado ministerio para mayor gloria de Dios y bien de esta misma querida Archidiócesis.

Que el Señor les bendiga.

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