Mensaje a los laicos y a las familias

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PRO LAICIS, FAMILIA ET VITA

Mensaje a los laicos y a las familias

6 de marzo de 2020

Queridos hermanos y hermanas:

 La vida que Dios nos ha dado, fundamento de todo otro bien, es a la vez preciosa y frágil. Experimentamos esta riqueza y este límite cada día, pero especialmente cuando la vida está expuesta a una amenaza a sus dimensiones espirituales y corporales, individuales y sociales. En estos momentos entrevemos que una sombra se eleva en el horizonte y cubre algún reflejo de la luz divina que brilla en nuestras vidas. El miedo de caer en el peligro se apodera de nosotros y nuestros corazones se inquietan. ¿Pero cómo podemos olvidar las palabras de Jesús? Nos tranquiliza diciendo: «Ni… un pajarillo caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros,  hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos» (Mt10, 29b-31).

La vida del hombre tiene un gran valor a los ojos de Dios. Si, en determinadas circunstancias, algo atenta contra la salud y la vida misma de muchas personas y quizás incluso a la nuestra, no debemos sentirnos solos ante este enemigo. Como en estos meses, cuando en muchas partes del mundo se está propagando un virus nuevo, capaz de infectar rápidamente  grupos y poblaciones enteras, causando una enfermedad contagiosa llamada Covid-19. En muchas personas causa dolencias leves, en otras sufrimientos más graves y, en un número muy limitado de casos, puede incluso llevar a la muerte.

Todos estamos llamados a enfrentar esta emergencia sanitaria internacional con seriedad, serenidad y valentía, estando dispuestos a hacer algunos sacrificios en nuestra forma de vida cotidiana por el bien común: nuestro propio bien y el de todos. Cada uno de nosotros está llamado a dar su aportación, pero no está solo: tenemos la protección de Dios, que vela por cada uno de nosotros con el amor del Padre, y de los hombres y mujeres que comparten con nosotros el camino de la vida y la solidaridad en el tiempo presente y venidero. La Iglesia también quiere estar cerca de cada enfermo de Covid-19, de su familia y amigos, del personal sanitario y de asistencia pública que lo atiende, y de los expertos que buscan una cura para esta enfermedad.

 Como dicasterio del Santo Padre encargado de la pastoral de los laicos, de la familia y de la vida, queremos manifestar – en este momento difícil – a los afectados por el Covid-19 o a los que se sienten amenazados por esta infección viral, nuestra cercanía, nuestro afecto y nuestra oración por ellos. A los laicos que trabajan como médicos, enfermeros, socorristas e investigadores científicos, que se esfuerzan por aliviar sufrimiento y la ansiedad causados por  la amenaza del contagio y a descubrir formas eficaces de tratamiento para esta enfermedad, les damos las gracias por la generosidad de su dedicación y les animamos a emplear para esta buena causa sus mejores energías y  los talentos intelectuales que Dios les ha dado.

Deseamos dirigir un pensamiento especial a las familias, que están llamadas, con amor y un gran sentido de la responsabilidad, a hacerse cargo de  acompañar a sus miembros afectados por el Covid-19 o a cuidar de los ancianos que no pueden salir de casa por el riesgo de contagio, a los más débiles por otra enfermedad ya en curso, y a los niños que tienen que quedarse en casa por  motivos sanitarios. Se trata de una tarea onerosa, especialmente para las familias que viven en lugares del mundo pobres en recursos económicos y de asistencia social, pero también para aquellas en las que el marido, la mujer u otros miembros de la familia corren el riesgo de perder sus empleos debido a las consecuencias de la epidemia en la producción, el comercio, el transporte, la educación y otras actividades civiles.

En estas difíciles circunstancias, la comunión de amor entre los cónyuges y con sus padres e hijos es un recurso precioso para toda la sociedad y para cada persona que corre el riesgo de sentirse solo.  La soledad es un mal de la persona que, en el caso del peligro de contraer una enfermedad, se añade al mal físico causado por la patología. «No es bueno que el hombre esté solo» (Gn 2,18): la sabia previsión de Dios Creador al pensar en la relación conyugal entre el hombre y la mujer despliega toda su verdad también en la situación provocada por la propagación de una infección paralizante para los afectados y para las relaciones sociales entre todos los ciudadanos. Verdaderamente, en estas circunstancias, la familia puede convertirse en  recurso, fuerza propulsora y difusora del sentido de responsabilidad de cada persona, de solidaridad, de fortaleza y prudencia, de compartición y de ayuda mutua en las dificultades.

El dicasterio se une al Papa Francisco, que expresa su «cercanía a los enfermos de coronavirus y a los trabajadores sanitarios que los tratan, así como a las autoridades civiles y a todos los que se están esforzando para asistir a los pacientes y detener el contagio» (Audiencia general, 26 de febrero de 2020), y os abraza a cada uno de vosotros, queridos laicos y familias, con el signo de la unidad y de la paz entre todos los hombres, el de la Cruz de nuestro Señor.

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