Día del Seminario

Carta del
Card. D. Ricardo Blázquez Pérez
Arzobispo de Valladolid

ricardo blazquez perez

Marzo 2020

Dessde hace muchos años, por iniciativa de los Sacerdotes Operarios Diocesanos, se celebra en las diócesis españolas la Jornada del Seminario en la fiesta de San José. El punto de conexión es aproximadamente el siguiente: En el hogar de Nazaret de María y José, se crió, creció, fue educado, aprendió el oficio y se preparó para la misión Jesús. De modo semejante en el seminario, encomendado a la fiel custodia de San José, se forman los candidatos al ministerio sacerdotal.

El Seminario es una comunidad de esperanza. En ella están puestos singularmente el porvenir, el corazón y los sueños de la diócesis. Es centro de nuestros gozos y preocupaciones, de nuestra atención y acción de gracias. En nuestra oración ocupa el seminario un lugar destacado. Invito a todos los fieles de la diócesis a pedir al Señor por el Seminario, por el aumento y la perseverancia de las vocaciones. La primera acepción de la palabra “seminario” en el Diccionario de la Real Academia es justamente semillero, lugar de siembra y cultivo de semillas. En nuestro Seminario crecen y maduran las vocaciones sacerdotales. Apoyemos con afecto y estemos cerca del Seminario. En él se va gestando día tras día el presbiterio de la diócesis, insustituible para la vida de las comunidades parroquiales, que tienen en la Eucaristía, el centro. En los sueños, como dice el Papa Francisco, germinan las aspiraciones, esperanzas y deseos; en ellos revela el Señor sus designios y se anticipa el futuro. “De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre; de noche eran los sueños tu lengua más profunda” (Himno de Vísperas. Cf. 1 Sam. 3, 1- 21). También José, esposo de la Virgen y padre legal de Jesús, en sueños recibió la luz sobre el misterio de la gestación de María y fue advertido sobre la custodia del Niño (cf. Mt. 1, 20.24; 2, 13.19).

Está a punto de distribuirse el Plan de Formación Sacerdotal, con las normas y orientaciones correspondientes para los Seminarios de España, que había sido aprobado en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal tenida en el mes de abril del año pasado; ha recibido el visto bueno de la Congregación para el Clero y los Seminarios a finales del 2019. Los obispos lo aprobaron con clara satisfacción compartida por todos. Ha sido elaborado con reflexión e ilusión; está impregnado de experiencia y de esperanza. Es un instrumento precioso para los formadores y seminaristas, y también para todos los cristianos. Merece la pena ser leído detenidamente. Cada página está bien pensada y bien escrita.

El título del Plan fundamental de formación preparado por la Congregación y adaptado a nuestras diócesis es “El don de la vocación presbiteral”. El título pone de relieve una característica esencial de toda vocación como indica la misma palabra, a saber, las vocaciones son un regalo de Dios; no son un derecho ni un mérito nuestro. Un sacerdote no es un espontáneo sino un llamado, consagrado y enviado. O como dice el lema del Día del Seminario ‘Pastores misioneros’. Por ser cada vocación un don, deben ser pedidas confiadas e insistentemente a Dios; nunca pueden ser consideradas una conquista nuestra; debemos acogerlas con gratitud y cultivarlas con esmero; debemos vivir la vocación los sacerdotes con agradecimiento y entrega generosa; y las comunidades cristianas deben recibirlas con disponibilidad para su edificación como discípulos del Señor. Los pastores misioneros necesitan el apoyo y la colaboración de todos para cumplir su misión. La comunidad cristiana, presidida por su presbítero, es una fraternidad, en que todos somos necesarios y de nadie se debe prescindir. Participando en ella vencemos la soledad y el aislamiento. Debe ser también una familia con las puertas abiertas a cuantos no se sienten pertenecientes a ella.

El que toda vocación presbiteral sea un regalo de Dios nos ayuda a situarnos tanto ante la abundancia como ante la escasez de vocaciones. No es legítimo minusvalorar una vocación en tiempos de abundancia ni rebajar las exigencias evangélicas en tiempos de penuria. Igualmente no podemos lamentar cada día el número reducido de seminaristas y no dar gracias a Dios porque El continúa llamando y continúa habiendo cristianos que dicen: “Aquí estoy, Señor; envíame”. Es penoso pasar la vida lamentando las ausencias y no agradeciendo las presencias; o con otras palabras, vivir de añoranzas del pasado y cerrando los ojos al presente. Todo momento con sus luces y sombras es parte de la historia de la salvación.

El Evangelio es muy sensible a lo débil y pequeño. Jesús se dirigió con amor entrañable a sus discípulos: “No temáis, pequeño rebaño” (cf. Lc. 12, 32). Describió el Reino de Dios con parábolas que hablan de un puñado de levadura, unos granos de sal, una semilla insignificante como la mostaza. Lo pequeño, el resto bíblico, si es auténtico, es relevante y garantiza el futuro. Pablo tuvo en las pruebas honda experiencia de su debilidad (cf. 2 Cor. 4, 7 ss.; 12, 7 ss.); solo el poder de Dios puede cubrir la inadecuación entre nuestra pequeñez y la grandeza de la misión encomendada.

El Congreso de Laicos, celebrado hace unas semanas en Madrid, en un ambiente sereno, concorde, gozoso y alentador, ha subrayado el carácter misionero de todo cristiano, como indica la expresión “Pueblo de Dios en salida”. Somos todos al mismo tiempo discípulos y misioneros; junto a Jesús aprendemos a vivir como hermanos y somos enviados por Él como apóstoles. Escuchando diariamente la voz del Señor, vamos descubriendo cada día la llamada específica que nos dirige. Sin iniciación cristiana, sin encuentro personal con Jesucristo no hay vocación cristiana ni vocaciones específicas. La vida cristiana clara y fiel es el humus y la tierra nutricia para todas las vocaciones: al matrimonio cristiano, al ministerio pastoral, a la vida consagrada. Sin participar en la Iglesia como familia de la fe, ¿cómo van a surgir las diferentes vocaciones específicas? ¿Cómo vamos a ser fieles cada uno en nuestra vocación si no cultivamos la amistad con el Señor?

Queridos amigos, os recuerdo en este Día que todos los días necesita el Seminario nuestro apoyo y afecto. Os pido que oréis por las vocaciones sacerdotales y que seáis solidarios en sus necesidades.

firma_ricardo_blazquez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s