La eutanasia, ¿solución o problema?

Carta de Mons. D. Jesús Fernández González
Obispo de Astorga

Domingo, 20 de septiembre de 2020

Queridos diocesanos:

Entre las imágenes que permanecen en nuestra memoria como recuerdo de estos últimos meses de pandemia se cuela una repetida hasta la saciedad: la de un grupo de sanitarios aplaudiendo al paciente longevo o de larga estancia en el hospital que se dispone a abandonarlo, una vez superada la enfermedad. Se nos ha hurtado, en cambio, otra repetida miles y miles de veces: la de una funeraria entregando la urna con las cenizas de un ser querido a su familia en medio del dolor y el desconsuelo. De ambas podemos extraer una misma conclusión: la vida de todo ser humano es valiosa y la trascendencia de la misión de aquellos que se dedican a intentar mantenerla a flote, también.

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Entre el miedo y la esperanza

Carta de Mons. Fr. Jesús Sanz Montes, OFM
Arzobispo de Oviedo

Domingo, 20 de septiembre de 2020

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.

Quise recordarlo en nuestra cita en Covadonga, en la festividad de la Santina cuando tiene comienzo de alguna manera el curso para nuestra Iglesia diocesana. Vivimos un momento de compleja incertidumbre, desconocemos cómo en los próximos meses van a transcurrir nuestras vidas con esta pandemia que nos condiciona las agendas y las posibilidades. Hay también dentro de nuestras comunidades cristianas, en nuestros espacios y cauces pastorales, incluso en el ánimo de algunos sacerdotes, diferentes maneras de situarse ante esta circunstancia. Hay una premura que nos zarandea y agobia con esta aciaga pandemia, que hace que nos preocupemos con sobresalto discurriendo cómo se arreglarán las cosas que nos desbarata este virus devastador. No tenemos las herramientas adecuadas, son pobres nuestros recursos humanos a la hora de poner nombre a esta situación variopinta y complicada. Cité a nuestro filósofo Ortega y Gasset: “no sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa”. Y señalaba dos extremos presentes que debíamos evitar. Serían las dos actitudes que por exceso o por defecto, pueden arruinar en este momento nuestra vida cristiana, nuestra apuesta pastoral, el camino que vamos poco a poco escribiendo entre todos como verdadera Iglesia que camina hermanada desde los dones y talentos que cada uno ha recibido vocacionalmente en la Iglesia y la sociedad.

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La fiesta de la Merced

Carta de Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

Domingo, 20 de septiembre de 2020

Queridos diocesanos:

El día 24 de septiembre es la fiesta de Nuestra Señora de la Merced, Patrona de las Instituciones Penitenciarias, Redentora de cautivos y presos. La Delegación Episcopal de Pastoral Penitenciaria, capellanes y el equipo de voluntarios, en comunión y en nombre de nuestra Iglesia Diocesana de Zaragoza, hacen realidad la bienaventuranza del Señor: “venid, benditos de mi Padre…, porque estuve en la cárcel y me visitasteis” (Mt 25, 34.36). La Iglesia ha hecho suyos desde el comienzo los sufrimientos de los presos: “acordaos de los encarcelados, como si estuvierais en prisión con ellos” (Hb 13, 3).

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Hora de la esperanza, que no defrauda

Carta del cardenal D. Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Domingo, 20 de septiembre de 2020

Es la hora de la esperanza que no defrauda, sin embargo, corren “tiempos recios” para el hombre y para la fe. Acontecimientos y situaciones, conocidos de todos y en la mente de todos nos ofrecen un panorama oscuro, sombrío que no parece hablarnos precisamente de esperanza. Padecemos a menudo, en efecto, un oscurecimiento de la esperanza, un cierto miedo en afrontar el futuro: vivimos, aunque no queramos reconocerlo así, tiempos de desesperanza. Por ejemplo, hoy nos aflige la pandemia universal del covid19 y vemos frecuentemente en el rostro de los jóvenes como una extraña amargura, un conformismo bastante lejano del empuje juvenil hacia lo desconocido. La raíz más profunda de esta tristeza es la falta de una gran esperanza y la imposibilidad de alcanzar el gran amor. Todo lo que se puede esperar ya se conoce y todo amor desemboca en la desilusión por la finitud y debilidad de un mundo cuyos enormes sustitutos no son sino una mísera cobertura de una desesperación abismal. Y así, la verdad de que la tristeza del mundo conduce a la muerte es cada vez más real. Ahora solamente el flirteo con la muerte, el juego cruel de la violencia, es suficientemente excitante como para crear una apariencia de satisfacción. “`Si comes de él morirás´: hace mucho tiempo que estas palabras dejaron de ser mitológicas” (J. Ratzinger, Mirar a Cristo, pp. 76-77).

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Vivamos el espíritu mercedario

Carta del cardenal D. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Domingo, 20 de septiembre de 2020

«Princesa de Barcelona, proteged vuestra ciudad», con este ruego el poeta y sacerdote Cinto Verdaguer interpelaba a la Virgen de la Merced. Estoy seguro de que el próximo día 24 de septiembre muchos barceloneses y barcelonesas, y también muchas personas de otros territorios, pedirán protección y salud a nuestra patrona.

En la archidiócesis de Barcelona existe una gran devoción a la Virgen en santuarios y ermitas. El resto de Catalunya también es tierra mariana, donde las diferentes advocaciones manifiestan la verdad profética de las palabras de Isabel a María: «¡Bendita tú entre las mujeres!» (Lc 1, 42b). Siguiendo el hilo de estas palabras de Isabel nos podemos preguntar: ¿Por qué es bendita María, la madre de Jesús? Y podemos responder: santa María es bendita porque ha tenido fe.

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Eduquemos para el amor

Carta del cardenal D. Carlos Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Domingo, 20 de septiembre de 2020

Muchas veces escuchamos y utilizamos la palabra amar, pero no siempre le damos el contenido que debe tener. Contemplemos al Amor para descubrir sus verdaderas medidas. Tenemos el ejemplo de una persona cercana a nosotros en el tiempo, la madre Teresa de Calcuta, que experimentó que Dios estaba enamorado de ella y, desde entonces, solo pudo vivir para difundir ese amor. Durante toda su vida quiso llevar el amor de Dios a los lugares más oscuros geográficos y existenciales.

Cuando uno descubre ese amor y entiende que es curativo, no puede hacer otra cosa que difundirlo. Por ello, ¿cómo no educar para amar? Vemos que es urgente hacerlo en las diversas situaciones en las que vivimos los hombres, tanto de pobreza como de prosperidad, de divisiones y de encuentro, de muerte y de vida… Muchos encontraron y encuentran en Jesucristo al Maestro que enseña a amar y, desde entonces, comprenden que amar no es una teoría, sino una manera de existir, de situarse ante el mundo y ante los demás. Jesucristo, el Maestro verdadero del amor de Dios, no teorizó sobre lo que es el amor, sino que mostró qué es amar con su vida entera.

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¿Maestros a la medida de sus pasiones? No

Carta de Mons. D. Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Domingo, 20 de septiembre de 2020

Cada día que pasa me siento más fascinado por el evangelio y la razón es muy sencilla porque me habla claro desde la verdad, desde la justicia seria, desde el amor y desde la misericordia. Son las medicinas que cuidan y curan lo más sagrado de lo humano. San Pablo que no tenía pelos en la lengua afirma: “En la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que va a juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino, te advierto seriamente: predica la palabra, insiste con ocasión y si ella, reprende, reprocha y exhorta siempre con paciencia y doctrina pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de MAESTROS A LA MEDIDA DE SUS PASIONES para halagarse el oído. Cerrarán sus oídos a la verdad y se volverán a los mitos” (2Tm 4, 1-4). El cristiano tiene un deber fundamental y es el de mostrar y manifestar que o se sigue al Maestro que es Jesucristo o se seguirá a los maestros aduladores que prometen mundos idílicos envueltos en falsas ideologías y en aventuras imposibles. Basta mirar los medios de comunicación y lo podremos comprobar. De ahí se sigue que hay tres verbos que se han de aplicar en la sana doctrina y en el testimonio de vida: Predica la Palabra, Insiste a tiempo y destiempo, Reprende con paciencia y buena doctrina.

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Otra vez la eutanasia

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 20 de septiembre de 2020

Queridos fieles:

Los grandes valores humanos, empezando por el derecho a la vida, vuelven periódicamente al Parlamento, sea por el derecho a la vida en su fase inicial o en su fase terminal.

Ahora el debate es la eutanasia, presentada como muerte digna o progreso social, y en el fondo identificada con un sentimiento de compasión hacia la persona que sufre.

De entrada, la eutanasia no es un acto médico, es su negación, ya que puede ser practicada por un médico que se preste, pero también por un conocido de la víctima, como se ha visto en alguna ocasión en España.

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Reunidos en el nombre del Señor

Carta de Mons. D. Fidel Herráez Vegas
Arzobispo de Burgos

Domingo, 20 de septiembre de 2020

Nos vamos adentrando en el nuevo curso con la humilde confianza y la firme decisión de quien comienza «en el nombre del Señor», como os propongo en mi reciente Carta al Pueblo de Dios en Burgos. Las palabras del salmo 144, en la liturgia de hoy, «cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente» (v. 18), nos confirman en la fe de su presencia en medio de nosotros, y nos alientan para poner en marcha tareas, proyectos y actividades pastorales al servicio de nuestro compromiso evangelizador.

El Papa viene hablando en sus audiencias de los miércoles de la evangelización y de la presencia de la Iglesia en la sociedad, después de la pandemia y en el momento presente todavía tan amenazado e inseguro: Cómo ha de ser la evangelización en medio de esta realidad para echar raíces, estar presentes, discernir, y ofrecer signos de esperanza. Cómo seguir adelante para proponer desde el Evangelio, un nuevo estilo de vida personal, familiar y social que nos devuelva un mundo distinto, más acorde con los planes de Dios. Es verdad que vivimos atrapados en una pandemia a nivel mundial; pero puede ser un tiempo único para volver al Evangelio y aportar nuevos caminos para la salud de la humanidad. Porque «cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual» (Evangelii Gaudium, 11).

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Nuestra Señora de la Merced. Madre de Misericordia

Carta de Mons. D. Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

Domingo, 20 de septiembre de 2020

Queridos hermanos y hermanas:

El próximo jueves, 24 de septiembre, celebraremos la memoria litúrgica de Ntra. Sra. de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias. Por ello, comienzo esta carta semanal saludando cordialmente a todos los hermanos y hermanas que en nuestra Archidiócesis están privados de libertad, a los funcionarios que trabajan en los Centros Penitenciarios de Sevilla y a los capellanes y voluntarios de la Delegación de Pastoral Penitenciaria. A todos os deseo una celebración gozosa de la fiesta de la Virgen de la Merced.

Me dirijo especialmente a vosotros, mis hermanos presos que además en estos tiempos difíciles que nos ha tocado vivir a causa de la pandemia del Coronavirus, sufrís también en algunos casos la ausencia de visitas de vuestros familiares y amigos y, de capellanes y voluntarios de la Delegación Diocesana. Integrada por laicos y consagrados, en comunión y en nombre de nuestra Iglesia particular, sus miembros tratan de vivir la bienaventuranza de Jesús: “venid, benditos de mi Padre… porque estuve en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25, 34.36) y, con ella, la más antigua y genuina tradición de la Iglesia primitiva, la preocupación por los encarcelados compartiendo su sufrimiento (Hbr 13,3). Buscan al mismo tiempo crear en los centros penitenciarios una auténtica comunidad de creyentes donde, principalmente a través del catecumenado de adultos y de la recepción de los sacramentos, los internos tengáis la oportunidad de tener un encuentro fuerte con Jesucristo.

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