Imposición del palio al Arzobispo de Toledo, Mons. D. Francisco Cerro Chaves

Alocución de S.E. Mons. Bernardito C. Auza
Arzobispo titular de Suacia
Nuncio Apostólico en España y en Andorra

S.I. Catedral Primada de la Asunción, Toledo
Sábado, 26 de septiembre de 2020

Eminentísimos Señores Cardenales,
Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos,
Queridos sacerdotes concelebrantes,
Excelentísimas Autoridades,
Queridos hermanos todos en Cristo:

Al comenzar esta solemne celebración Eucarística, Su Excelencia Mons. Francisco Cerro Chaves, recibe el Palio Arzobispal. Entre los significados profundos de esta Insignia concedida por el Sumo Pontífice, está el de simbolizar “la potestad de la que, en comunión con la Iglesia Romana, se halla investido el Metropolitano en su propia provincia” (canon 437 § 1). Por eso, en mi condición de Representante del Santo Padre en España, cumpliendo las normas de la Santa Sede, es para mí un honor proceder a su imposición, haciendo resaltar la comunión en el servicio a la Iglesia por parte de los Arzobispos con el Sucesor de Pedro, y la relación del Papa con la Iglesia local.

Pero, esta insignia litúrgica hace referencia a la dimensión pastoral: simboliza a la oveja que carga el Buen Pastor sobre sus hombros. Así, el palio viene a significar la ternura del Señor que da la vida. Recuerda, querido D. Francisco, que, como nos dice el Santo Padre, los Obispos “No conocemos otra fuerza que esta, la fuerza del Buen Pastor, la fuerza para dar vida, para acercar el Amor al amor. Esta es nuestra misión: ser para la Iglesia y para el mundo los “sacramentos” de la proximidad de Dios” (Discurso a los Obispos participantes en un curso de formación, 12/09/2019). Es bien conocido su empeño amparado en la gracia de Dios, por llegar a los pequeños, a los pobres, a los discípulos de Cristo desde la fuente de su Sagrado Corazón. Acercarse a todos con ese mismo Corazón que ama, que cura, que es cercano y se implica; que trasforma con la abnegación de la Cruz buscando la gloria de Dios que es más grande que nuestras limitaciones y nos da confianza, siendo coherente en la respuesta al Señor mirando el bien de las almas. Le aliento en este momento tan significativo a esa cercanía sensible y atenta a quienes más nos puedan necesitar en cualquier situación de debilidad y pobreza, de enfermedad, de soledad, y en el caso de la más terrible de las necesidades, la carencia de Dios.

Que con espíritu de fraterna colaboración con las Diócesis sufragáneas, esta Archidiócesis, gloriosa, y estimulo por su historia, con la intercesión de la Santísima Virgen en su advocación del Sagrario, de San Ildefonso y la gloriosa mártir Santa Leocadia y de tantos testigos de Cristo que vivieron en esta tierra, siga ofreciendo frutos que glorifiquen a Dios y hagan presentes aquí su Reino que, ya comenzado, tiende incesante a una mayor plenitud.

Que así sea.

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