Inicio del Curso pastoral

Carta de Mons. D. Francisco Cerro Chaves
Arzobispo de Toledo, Primado de España

Domingo, 27 de septiembre de 2020

Queridos diocesanos:

Un año más, con la llegada del mes de septiembre, la Secretaría para la Coordinación del Plan Pastoral Diocesano, ha organizado la tradicional Jornada de Inicio de Curso, evento diocesano que se ha convertido año tras año en una cita ineludible de encuentro y comunión con las diferentes realidades eclesiales presentes en nuestra Archidiócesis.

La finalidad de esta Jornada ha sido siempre presentar en detalle el nuevo programa anual del Plan Pastoral Diocesano: sus objetivos y líneas de acción; el mensaje del Arzobispo diocesano a través de la Carta Pastoral; los temas de reflexión, que buscan ayudar a profundizar en sus contenidos; y algunas de las actividades que desarrollarán a lo largo del curso las Delegaciones y Secretariados.

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Como Jesucristo, obligados a huir

Carta de Mons. D. Jesús Fernández González
Obispo de Astorga

Domingo, 27 de septiembre de 2020

Queridos diocesanos:

El pasado 9 de septiembre, ardieron hasta las piedras en la isla griega de Lesbos. Un fuego voraz destruyó el campamento donde malvivían casi trece mil inmigrantes. Una vez más, ha tenido que ser una desgracia la que ponga en un primer plano de la actualidad a los migrantes.

Afortunadamente, también ha habido buenas noticias. Recientemente, Cáritas española y el Instituto Universi-tario de Estudios de la Universidad Pontificia de Comillas han realizado y publicado un estudio sobre la integración inmigrante en España durante los diez últimos años; el estudio lleva por título << “Un arraigo sobre el alambre”. La integración social de la Población de Origen Inmigran-te (POI) en España>>. En él, además de señalarse cier-tos avances, se indica que la integración socio-económica y política deja mucho que desear: la mayoría sigue en la parte baja de la estructura social española con ocupaciones elementales; sólo uno de cada cuatro tiene un empleo de cualificación media o alta. Tampoco funciona para ellos de-bidamente el ascensor social ya que, sólo dos de cada diez han conseguido pasar de un trabajo elemental a otro de mayor cualificación. Estos datos son aún peores en el caso de los refugiados.

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Cuando la provocación se hace camino

Carta de Mons. Fr. Jesús Sanz Montes, OFM
Arzobispo de Oviedo

Domingo, 27 de septiembre de 2020

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.

Es quizás una de las páginas más incómodas de leer, y en la que uno queda siempre con una sana mala conciencia. Lo cuenta sólo Mateo, al final de su Evangelio. Allí aparece la apuesta más solidaria de Jesús, Dios que se hizo hombre, igual en todo a nosotros menos en el pecado. Y para evitar que lo redujesen a pietismo dulzarrón, donde la devoción pudiera derivar en coartada para ensimismarnos en un Dios lejano y abstracto, un Dios que no tuviera hijos a los que hizo sus hermanos, entonces Jesús pronunció aquellas palabras: “Venid vosotros, benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 34-40). Una provocación, que nos señala un camino.

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No endurezcamos el corazón ante migrantes y refugiados: abrámoslo a ellos, nuestros hermanos venidos de lejos

Carta del cardenal D. Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Domingo, 27 de septiembre de 2020

El domingo, 27 de este mes de septiembre, celebramos el Día de los migrantes y refugiados. Recordad lo que tantas veces nos está diciendo y rememorando la Iglesia, por medio del Papa Francisco, con sus gestos, obras y palabras, y lo mismo los Papas anteriores, y recordad también lo que en otras ocasiones y en años anteriores, os he dicho yo mismo sobre esta realidad tan apremiante de migrantes y refugiados. Ellos constituyen un urgente llamamiento a evangelizar por parte de una Iglesia evangelizada y evangelizadora, discípula y seguidora verdadera de Jesús y de su Evangelio de caridad. Vivamos de tal manera el estilo de vivir propio del cristiano, y que ese estilo sea una invitación para otros a abrirse al amor, la caridad y a vivir desde ahí. Un gesto de ese estilo es que la comunidad eclesial sea quien acoja a los migrantes y refugiados. Los migrantes y los refugiados que nos llegan a nuestros países del bienestar han de ver la verdad del Evangelio de Jesucristo, la buena noticia del amor de Dios en nosotros. Hoy, en las circunstancias concretas que estamos viviendo, escuchamos con singular fuerza estas palabras salidas de la boca de Dios, como expresión de su voluntad: «Fui forastero y me acogiste». Estas palabras, “fui forastero y me acogiste”, han de hacerse realidad viva entre nosotros, lo mismo que aquellas otras de Jesús, al que ha de conducirnos la nueva evangelización que urge: “tuve hambre y me diste de comer, estaba sin techo y me acogiste”. Son palabras que, como el resto del capítulo veinticinco de San Mateo, siempre nos interpelan con una fuerza provocadora que nos llama a la conversión.

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El ser humano dignifica la creación

Carta de Mons. D. Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Domingo, 27 de septiembre de 2020

Toda la creación es un signo de belleza y bondad. El ser humano la dignifica. En todas las culturas y a través de la historia, no sólo de la religión, sino de todos los pensadores y filósofos, a excepción de algunos, se ha podido constatar que el ser humano se erige en lo más sagrado de la creación. Ante las nuevas ideologías que rondan por el mundo, vale la pena recordar el valor integral que Dios ha otorgado a cada ser humano. En las primeras páginas de la Biblia leemos: “Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó: varón y hembra los creó” (Gn 1, 27). La naturaleza tiene unos códigos que si se cambian ella misma se revuelve y se indigna.

Tal vez el ser humano, apresado por su vanidad de poder, quiere hacer de lo más sagrado su propia creación y esto no sólo es injusto sino que se apropia de algo que no es suyo. “Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor: así que, ya vivamos o muramos, somos del Señor. Pues para esto murió y resucitó Cristo; para ser Señor de muertos y vivos” (Rm 14, 7-9). Pensemos en las corrientes ideológicas o políticas que tratan de monopolizar, a base de votos parlamentarios,  en algo en lo que no tienen derecho a utilizar a su antojo. Tanto el aborto como la eutanasia es un signo de prepotencia, de irracionalidad y de falsa libertad. Los frutos van a ser muy amargos, ya lo son, pero no les interesa.

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La paciencia de Dios

Carta del cardenal D. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Domingo, 27 de septiembre de 2020

Dejamos atrás el verano y los días siguen transcurriendo a un ritmo inusual, distinto, que nos exige a todos un poco de paciencia. Y, así, con paciencia, nos enfrentamos a la incertidumbre y sinsabores que nos deja la Covid-19. En estos momentos, la paciencia es una de las virtudes más valiosa; una actitud que nos ha ayudado a muchos a tolerar, a comprender e incluso a soportar los contratiempos con fortaleza.

La paciencia atenúa la desesperación, nos lleva a la tranquilidad y a la paz; nos proporciona la serenidad necesaria para ver las cosas con equilibrio y sensatez; nos ayuda a adaptarnos a las circunstancias, haciendo que cualquier problema sea más fácil de afrontar. Pero no solo nos enseña a saber esperar, sino a hacerlo con una actitud positiva. No se trata de quedarse quieto y aguantar. Al contrario. La paciencia es activa. Es una respuesta basada en la sabiduría que exige poner en acción muchos de nuestros recursos emocionales. A veces, unos pocos segundos son suficientes. Se trata de un entrenamiento. Cuanto más la practiquemos, más pacientes seremos.

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Eduquemos para la verdad

Carta del cardenal D. Carlos Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Domingo, 27 de septiembre de 2020

Tanto en la vida personal como en la vida pública, ¡qué importancia tiene ser valientes para buscar, decir y seguir la verdad con todas las consecuencias! Para los discípulos de Cristo, educar en la verdad es fundamental, pues Jesús mismo es la Verdad y dona al hombre la plena familiaridad con la verdad, invitándonos siempre a vivir en ella. La verdad sitúa al hombre en el centro de lo que tiene que ser su vida e impulsa la inteligencia humana hacia horizontes inexplorados.

San Agustín, que conoce muy bien la realidad humana, sostiene que el ser humano se mueve espontáneamente cuando se encuentra con algo que le atrae. Cuando se pregunta sobre lo que puede mover más al hombre sobre todas las cosas y en lo más profundo de sí mismo, dice así: «¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad?» (In Johannis Evangelium Tractatus, 26, 5: PL 35, 1609). Porque todos llevamos en lo más hondo de nuestra existencia el deseo hondo y profundo de la Verdad. Por eso, ante la pregunta de Tomás de «¿cómo podemos saber el camino?», el Señor nos dice con fuerza y con amor: «Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida» (Jn 14, 5b-6a).

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San Vicente de Paúl, Heraldo de la caridad y misionero

Carta de Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

Domingo, 27 de septiembre de 2020

Queridos diocesanos:

El 27 de septiembre celebramos la fiesta de San Vicente de Paúl. Nació en Aquitania (Francia) en el año 1581. Cursados los estudios eclesiásticos correspondientes, fue ordenado sacerdote y ejerció de párroco en París. Fundó la Congregación de la Misión (PP. Paúles), destinada a la formación del clero y al servicio de los pobres, y también con la ayuda de Santa Luisa de Marillac, la Compañía de las Hijas de la Caridad. Murió en Paris en el año 1660.

El santo de la caridad social

El Papa Benedicto XVI, en su primera encíclica Deus caritas est, en la conclusión cita expresamente, entre otros santos,  a San Vicente de Paúl y a Santa Luisa de Marillac como “modelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad”. “Los santos son  -continúa el Papa-  los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres de fe, esperanza y amor”.

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Esperanza cristiana para el nuevo curso

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 27 de septiembre de 2020

Queridos fieles,

Iniciamos un curso pastoral que, a causa de la pandemia, se nos presenta lleno de interrogantes, de situaciones familiares de grave sufrimiento, de impacto socioeconómico, que para muchos de nuestros fieles no va a ser fácil de superar.

¿Cómo hemos de afrontar pastoralmente esta difícil situación? No hay otra respuesta para nosotros: con esperanza cristiana e iniciativa personal; con realismo, sí; con prudencia, sí; poniendo en práctica las medidas sanitarias prescritas por la autoridad competente, sí; pero con optimismo sobrenatural que se basa en la fe en Cristo resucitado. La pandemia no nos puede paralizar, no puede hacer que nos crucemos de brazos, esperando tiempos mejores.

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Cárcel y migraciones: la mirada de San Vicente de Paúl

Carta de Mons. D. Fidel Herráez Vegas
Arzobispo de Burgos

Domingo, 27 de septiembre de 2020

Hoy se conmemora la fiesta de San Vicente de Paúl. Y me parece importante traer aquí su memoria y su recuerdo, porque su intuición, tan evangélica y tan fundamental en el camino de la santidad, nos puede iluminar para acercarnos a dos realidades que se hacen presentes en esta semana: el mundo de los privados de libertad y el mundo de los migrantes y refugiados.

Se trata de uno de los grandes santos que supieron imitar a Jesucristo en su entrega y amor a los más pobres. A caballo entre el siglo XVI y XVII, en una Francia rural y empobrecida, San Vicente de Paúl prolongó su mirada más allá de sí mismo y de su entorno inmediato, para percibir así la dura realidad en la que vivían miles de personas junto a él. De esta manera se hizo buen samaritano con los hombres y mujeres de su tiempo para, desde la caridad, alcanzar la necesaria justicia. Se empeñó en defender la dignidad de cada persona, que siempre y en cualquier circunstancia está marcada por la huella misma de Dios; y a su desarrollo y promoción dedicó su esfuerzo, su tiempo y su imaginación.

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