Nuestra geografía, historia y cultura

Carta de Mons. D. Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

Domingo, 24 de octubre de 2021

En el informe, del que vengo hablando estas semanas, elaborado para la visita “al limina” de diciembre, me preguntó en qué radica la relevancia y singularidad de esta Diócesis de Barbastro-Monzón. La primera respuesta es evidente: en su identidad geográfica, histórica y cultural. Nuestra diócesis abarca 7.374,13 kilómetros cuadrados, la mitad oriental de la provincia de Huesca: Ribagorza, Sobrarbe, Somontano, Cinca Medio, La Litera y Bajo Cinca. Estamos en un cruce de caminos, limitando con las diócesis de Tarbes-Lourdes al norte, Urgel y Lérida al este, al sur con Zaragoza y al oeste con Huesca y Jaca. La historia de nuestra Diócesis ha estado jalonada, desde su creación en 1.100, por la supresión o la restauración. Ha sido un «territorio sándwich», muy apetecido por las diócesis limítrofes. Se destacan seis hitos o etapas:

1) Creación de la Diócesis en 1.100.

2) Supresión de la Diócesis (1143-1571).

3) Restauración (1571-1851).

4) Se reduce a Administración Apostólica (1851-1951) por el Concordato de 1851 y se une a Huesca.

5) Se eleva nuevamente como Diócesis en 1951 siendo don Pedro Cantero Cuadrado el primer obispo titular;

6) Hace veinticinco años, merced al Decreto “Ilerdensis-Barbastrensis. De finium mutatione”, se conforma la actual Diócesis de Barbastro-Monzón.

En la actualidad, contamos con 102.864 habitantes diseminados en 247 pueblos, algunos de ellos abandonados. Para atender pastoralmente a todos ellos, contamos con 66 sacerdotes, con una media de edad de 72 años, 18 de los cuales han venido de otras iglesias particulares de América con el deseo de colaborar temporalmente en el proyecto evangelizador misionero de la Diócesis. También tenemos 113 religiosos, de 12 institutos distintos, cuya edad es también muy avanzada. En misiones tenemos 3 sacerdotes diocesanos. Antes de la pandemia contábamos con 233 catequistas y profesores de religión, con unos 600 voluntarios de Cáritas, Pastoral de la Salud, Manos Unidas, Fráter… o diversos agentes de pastoral… todos de edad avanzada. En los últimos siete años se han ordenado dos sacerdotes: no tenemos seminaristas.

Sólo desde un sentimiento de pertenencia arraigado en las tradiciones culturales y religiosas nuestra Diócesis podrá optimizar los recursos humanos. Fruto de esta convicción destacamos, como un verdadero milagro del cielo, los 64 laicos animadores de la comunidad o los 23 apóstoles de calle. No nos resignamos a permanecer encerrados en las sacristías sino que, como nos urge el Papa Francisco, quieren estar en la calle como Iglesia en salida, impulsando la «revolución de la ternura». Esto exige fidelidad, valentía, claridad, coherencia. No es lo corriente ni lo más fácil pero sí lo más fascinante porque implica el riesgo de vivir a la intemperie, sin cobijo ni protección frente a los obstáculos de nuestro mundo y nuestra sociedad. Aunque en ello nos vaya la vida como a nuestros mártires.

Con mi afecto y bendición,

✠ Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

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