Impresiones de una Visita – I

Carta de Mons. D. Manuel Herrero Fernández, OSA
Obispo de Palencia

Como seguro sabéis, del 13 al 18 de diciembre efectué una visita, juntamente con los Obispos de las Iglesias de Santiago de Compostela, Tuy-Vigo, Lugo, Mondoñedo-Ferrol, Orense, Oviedo, Astorga, León, Santander, Bilbao, Vitoria, Burgos, Osma-Soria. San Sebastián, Pamplona y Tudela, Calahorra y la Calzada-Logroño, Jaca, Huesca, Barbastro-Monzón, Zaragoza, Tarazona y Teruel a Roma, en la llamada Visita “ad límina Apostolorum”, es decir a las basílicas donde están los sepulcros de los Apóstoles Pedro y Pablo y a presentarse al Papa. Previamente hay que enviar una relación sobre el estado de la Diócesis. Después de un mes largo, en que han reposado las vivencias, experiencias y cosas, os comunico mis impresiones.

Esta es una visita que realizamos todos los obispos del mundo, en teoría, cada cinco años, al Papa y a la Santa Sede, que como dice las leyes de la Iglesia tiene la finalidad de expresar y reafirmar la comunión con el sucesor de San Pedro y Obispo de Roma -ahora con el Papa Francisco-, para que él nos confirme en la fe y en la caridad. Igualmente se visitan las grandes basílicas de Roma -San Pedro, en el Vaticano, San Juan de Letrán, que es la Catedral de Roma, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros-. También visitamos la Iglesia de los Españoles dedicada a Santiago y Ntra. Sra. de Monserrat. También se visitan las distintas congregaciones o departamentos de la Santa Sede para tener un diálogo fraterno con los responsables.

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La Vida Consagrada, caminando juntos

Carta de Mons. D. Manuel Sánchez Monge
Obispo de Santander

La consagración a Dios no aparta de la vida real, del mundo, de la familia, de los amigos… Los consagrados no se sitúan al margen de la vida de la Iglesia, sino en el corazón de la misma, allí donde nada ni nadie les es ajeno. Evagrio Póntico definía al monje como “el que está separado de todo, pero unido a todos”. La exhortación apostólica Vita consecrata (n. 3) afirma: “La vida consagrada está en el corazón de la Iglesia”. La vida consagrada despliega su ser en la vida, santidad y misión de la Iglesia. Y expresa su naturaleza como el caminar juntos, escuchando la Palabra de Dios, celebrando la Eucaristía, viviendo la comunión y la corresponsabilidad y participando en la misión de todo el pueblo de Dios, según sus diversos carismas.

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