Impresiones de una Visita – I

Carta de Mons. D. Manuel Herrero Fernández, OSA
Obispo de Palencia

Como seguro sabéis, del 13 al 18 de diciembre efectué una visita, juntamente con los Obispos de las Iglesias de Santiago de Compostela, Tuy-Vigo, Lugo, Mondoñedo-Ferrol, Orense, Oviedo, Astorga, León, Santander, Bilbao, Vitoria, Burgos, Osma-Soria. San Sebastián, Pamplona y Tudela, Calahorra y la Calzada-Logroño, Jaca, Huesca, Barbastro-Monzón, Zaragoza, Tarazona y Teruel a Roma, en la llamada Visita “ad límina Apostolorum”, es decir a las basílicas donde están los sepulcros de los Apóstoles Pedro y Pablo y a presentarse al Papa. Previamente hay que enviar una relación sobre el estado de la Diócesis. Después de un mes largo, en que han reposado las vivencias, experiencias y cosas, os comunico mis impresiones.

Esta es una visita que realizamos todos los obispos del mundo, en teoría, cada cinco años, al Papa y a la Santa Sede, que como dice las leyes de la Iglesia tiene la finalidad de expresar y reafirmar la comunión con el sucesor de San Pedro y Obispo de Roma -ahora con el Papa Francisco-, para que él nos confirme en la fe y en la caridad. Igualmente se visitan las grandes basílicas de Roma -San Pedro, en el Vaticano, San Juan de Letrán, que es la Catedral de Roma, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros-. También visitamos la Iglesia de los Españoles dedicada a Santiago y Ntra. Sra. de Monserrat. También se visitan las distintas congregaciones o departamentos de la Santa Sede para tener un diálogo fraterno con los responsables.

Era la primera vez que yo iba como Obispo y Pastor de la Iglesia que camina en Palencia. La última había sido en 2014. La causa de que se retrasen es que antes había unas 3.000 diócesis con sus obispos y ahora pasamos de 5.000. Antes el papa recibía uno por uno, un cuarto de hora o así, pero ahora nos recibe en grupo. Los obispos de España hemos ido en cuatro grupos. Yo, os lo confieso, iba con pocas ganas; pero he venido contento y edificado.

La visita ha sido un encuentro de hermanos con hermanos. Un encuentro de hermanos obispos de España, conviviendo, orando y celebrando la Eucaristía juntos, caminando juntos, a veces deprisa, por las calles de Roma para llegar a los distintos encuentros, yendo juntos a las entrevistas, etc. Y encuentro de hermanos, comenzando con el Papa que lo primero que nos dijo, después de saludarnos uno por uno, es que era un encuentro de hermanos, no para rendir cuentas, ni recibir rapapolvos o advertencias, ni recibir consignas de ningún tipo, sino para vivir la fraternidad sinodal: él como Obispo de Roma, que nos preside en la caridad, y los demás como obispos de las respectivas diócesis. Un encuentro de hermanos sin censuras, sin protocolos, con la libertad de los hijos de Dios. Como detalle, después de sentarnos nos indicó dónde estaban las botellas de agua, por si alguno tenía sed y donde estaba el baño por si alguno lo necesitaba, “porque todos somos hombres”.

Estuvimos con él 2 horas y media, cuando estaba previsto sólo una y media. Él no tenía prisa. Cada uno hablaba, decía lo que quería, él contestaba y decía también lo que le parecía oportuno. No nos dijo cosas nuevas, sino las que él dice en otras ocasiones, en las encíclicas, exhortaciones, etc. Hablamos de la situación de los obispos eméritos, de los sacerdotes, de las familias, de cómo envejecen las comunidades, de la secularización, de los jóvenes, de la confirmación, de cómo hay que sembrar sin cansarse, de los otros tipos de uniones no familiares, de las absoluciones colectivas en el sacramento de la Penitencia, de cómo el sacerdote tiene que ser perdonador, sin manga ancha, y ayudar a avanzar en el camino personal hacia Dios, de tal manera que el penitente salga con esperanza y con ganas de volver, del problema del lenguaje, del espíritu del Sínodo que no es un parlamento sino un camino de escucha y discernimiento comunitario abierto al Espíritu Santo. El protagonista tiene que ser el Espíritu Santo a quien tenemos que orar y pedir luces… Se habló del papel del laicado, los sacerdotes tenemos que hacer una conversión al laicado; no se deben clericalizar los laicos ni los sacerdotes tenemos que hacer de capataces, sino de hermanos que animan y acompañan, de las congregaciones religiosas a quienes haya que acompañar, del problema de las vocaciones, de la situación post pandemia, el tema de la educación y la enseñanza escolar.

Yo, personalmente, también intervine con preguntas, alguna personal sobre cómo aguantaba el ritmo, las cosas, la responsabilidad, y nos habló incluso del mate, etc., pero en síntesis me he quedado con esto: estar cerca como el Hijo de Dios que se acercó en la primera Navidad y para siempre a los hombres: Proximidad con Dios, en la oración; proximidad con los obispos y entre los obispos; proximidad con los presbíteros o sacerdotes y diáconos y proximidad y cercanía con el pueblo. Esa cercanía es la que he visto en el Papa.

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