Visita “ad limina”

Carta del cardenal D. Ricardo Blázquez Pérez
Arzobispo de Valladolid

Febrero 2022

A La semana última del mes de enero hicimos el cuarto grupo de obispos, formado por las provincias eclesiásticas de Toledo, Madrid y Valladolid y el Arzobispado Castrense, la llamada visita “Ad Limina Apostolorum”. Con nuestro grupo concluyó la Conferencia Episcopal Española la visita al Papa y a los Dicasterios de la Curia Romana. En el mismo nombre de la visita aparece claro que en ella ocupa un lugar relevante la celebración de la Eucaristía en las basílicas de San Pedro y de San Pablo, donde se veneran los sepulcros de los Apóstoles que padecieron el martirio, uno en la colina del Vaticano y otro en el comienzo de la Vía Ostiense, fuera de las murallas de la ciudad.

La visita “ad limina” expresa la catolicidad de la Iglesia y la unidad del Colegio de los Obispos, presidido por el sucesor de Pedro. A través de la visita “ad limina” se reconoce la Iglesia Romana como centro y madre de las Iglesias diseminadas por el mundo; con palabras de San Ignacio de Antioquía (martirio, 107), “preside en la caridad universal”; manifiesta la autoridad especial de la “cátedra” de Roma y el “carisma de servicio” que presta a todos los católicos la sede de Pedro.

Podemos recordar como precedente las visitas que Pablo hizo a la Iglesia madre de Jerusalén para encontrarse con Pedro y contrastar su predicación con la de los apóstoles y recibir de éstos el sello de la autenticidad porque no quería correr “en vano” (Gál, 2, 2). “Pasados tres años (desde la conversión) subí a Jerusalén para conocer a Cefas (Pedro), permanecí quince días con él” (Gál. 1, 18). Y más adelante escribe: “Transcurridos catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé” (Gál. 2, 1).

El momento culminante de la visita “ad limina” es el encuentro cordial y detenido que tuvimos con el Papa, en un ambiente de diálogo fraterno, en actitud de escucha humilde y de libertad para preguntar e intervenir. Ambas actitudes se consiguieron generosamente de modo que la satisfacción de los participantes fue unánimemente gozosa. Recuerdo que semejante impresión nos produjo la visita que a principios de 2014, un año después del comienzo de su ministerio como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, hicimos al Papa Francisco. Antes, en lugar de este encuentro de todos los obispos con el Papa había un diálogo personal de cada uno con el Santo Padre que apenas duraba unos minutos. Ahora el encuentro de todos no impide que haya diálogos personales si hay una razón especial.

Hemos tenido la celebración de la Eucaristía en las cuatro basílicas papales: San Pedro, San Pablo, San Juan de Letrán y Santa María la Mayor. En el calendario de la visita estas celebraciones son particularmente cuidadas, ya que entran en el corazón y el sentido de la visita “ad limina”. A mí me asignaron presidir la Eucaristía celebrada en la cripta de San Pedro, a pocos metros del lugar donde reposan los restos del Apóstol, con la garantía científica que ofrecen las excavaciones realizadas hace algunos decenios. Todos los Obispos concelebramos; la primera lectura tomada de la primera carta de San Pedro 5, 1-4, escuchamos al Apóstol una exhortación como “colega” y “testigo de la pasión de Cristo” (1 Ped. 5, 1). La proximidad de su sepulcro potencia la elocuencia de las recomendaciones del Apóstol. El Evangelio narra la confesión de Pedro y el primado otorgado por Jesús (Mt., 16, 13-20). La Palabra de Dios que se actualiza en la celebración es acogida en esta oportunidad con una gratitud y responsabilidad particulares.

Con tres preposiciones podemos expresar la relación con el sucesor de Pedro de los obispos sucesores de los apóstoles: Con, bajo y para. Tres actitudes, significadas por estas preposiciones, renovamos espiritualmente en el corazón, eclesialmente como quienes han recibido por la ordenación un encargo en favor de la Diócesis encomendada, y con el encargo de presidir la comunidad cristiana y de impulsar a la misión. La preposición con significa la fraternidad y la concordia con el sucesor de Pedro y entre nosotros. La preposición bajo significa la obediencia evangélica y eclesial a quien preside en el Señor a los pastores y a toda la grey. No se trata sólo de simple disciplina para que la dimensión social de la Iglesia no se resquebraje. La preposición para significa que la comunión eclesial, custodiada por el cuerpo de los obispos presidido por el Papa como su cabeza, no es sólo para una cohesión interior sino también para la misión confiada por el Señor destinada al mundo entero y hasta el final de la historia (cf. Mt. 28, 16-21). Fraternidad, obediencia y “salida” misionera recibieron aliento, serenidad y renovación en la Eucaristía en la cripta de la basílica de San Pedro. Con Pedro y bajo Pedro (cum y sub) para anunciar el Evangelio con decisión y esperanza donde el encargo del Señor a través del Sucesor de Pedro nos destine.

Estamos en la primera etapa del Sínodo de los Obispos que versa sobre sinodalidad. De manera sinodal participamos en el itinerario del Sínodo que culminará en el año 2023. Pues bien, la visita “ad limina” posee también una dimensión sinodal. Los obispos realizan la visita “ad limina” representando a sus Iglesias diocesanas; no es una visita individual, por nuestra cuenta e iniciativa y aislada de los fieles que se le han confiado. Por otra parte, la obediencia es integrante de la sinodalidad eclesial; los obispos actúan en comunión afectiva y efectiva con el Papa: y los diocesanos saben que su obispo los preside con la autoridad recibida del Señor. Tanto la obediencia sin sometimiento humillante como la participación sin desentenderse de esta tarea forman parte de la sinodalidad (cf. 1 Ped. 5, 1ss). Nadie en la Iglesia es imprescindible y nadie en la Iglesia es sobrante; por la unción del Espíritu Santo recibido en el bautismo y la confirmación todos podemos enseñar algo y debemos aprender mucho.

Deseo informar especialmente de lo siguiente: En la visita a la Congregación para las Causas de los Santos nos entregaron un cuaderno que contiene el estado actual de las causas de beatificación y canonización en nuestras Diócesis. Yo pregunté por la causa de “Isabel I. Reina de Castilla”, con otras palabras “Isabel la Católica”. La Diócesis de Valladolid es la parte actora; es decir, la que ha promovido la causa. La respuesta que se me dio en presencia de los 20 obispos fue ésta: La causa está detenida por razones históricas; no se ha archivado; está, son sus palabras, en “stand by”. Esta misma respuesta me dieron hace años en la Congregación. Esperamos que pronto se pueda mover y avanzar.

Precisamente porque D. Luis y un servidor hemos llevado a cabo la visita “ad limina” como obispos de esta Iglesia de Valladolid, nos hemos sentido gozosamente requeridos a informaros sobre este acontecimiento eclesial de rico significado y alcance importante. Ya hemos informado en el Consejo de Gobierno a los arciprestes. ¡Qué San Pedro Regalado y Nuestra Señora de San Lorenzo intercedan por nosotros en esta hora de nuestra Iglesia!

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✠ Ricardo Blázquez Pérez
Cardenal-Arzobispo de Valladolid

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