Cuarentenas y Cuaresma

Carta del cardenal D. Ricardo Blázquez Pérez
Arzobispo de Valladolid

Marzo 2022

A medida que va cediendo la pandemia, que durante dos años nos ha amenazado y condicionado en la salud, el trabajo, la movilidad y las actividades, pasan a un mal recuerdo las “cuarentenas”, es decir, el aislamiento preventivo a que se somete a las personas durante un periodo de tiempo por razones sanitarias. Según los expertos, remite la sexta ola de contagios del Covid-19, la pandemia da un respiro y esperamos que no retorne.

Desde un punto de vista lingüístico están emparentadas a través del número cuarenta las palabras cuarentenas y cuaresma, que es un tiempo litúrgico de preparación a la Pascua de Resurrección, y discurre desde el miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo. La Cuaresma está a las puertas; este año comienza el día 2 de marzo. Es un tiempo litúrgico “fuerte” de penitencia y de conversión, de intensificación de la vida espiritual y caritativa. Irrumpe la cuaresma como una especie de aldabonazo que golpea nuestras puertas para despertar de la somnolencia, llamándonos a volver al Señor, Dios de misericordia y de perdón, a entrar en este tiempo especial de gracia y de salvación. La celebración del misterio pascual de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo será tanto más fecunda en la vida de los cristianos y de las comunidades cuanto más auténticas sean las prácticas cuaresmales. Llega la Cuaresma para sacarnos de la rutina, de la superficialidad y de la distracción.

La Cuaresma empieza con la proclamación de la cercanía de Dios y la llamada a la conversión y a la fe: “El reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc. 1, 15). Nos invita a vivir sabiamente sopesando la caducidad y finitud de la existencia: Acuérdate de que “eres polvo y al polvo volverás” (Gén. 3, 19). La Cuaresma significa hacer un alto en la vida: “Paraos en los caminos a mirar, preguntad por las rutas antiguas: dónde está el buen camino y seguidlo, y así encontraréis reposo” (Jer. 6, 16). Como un centinela sacude nuestro sopor: “Ya es hora de despertaros del sueño. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz” (Rom. 13, 11-12).

Recobremos el amor primero que quizá hemos abandonado: “Acuérdate de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras” (cf. Apoc. 2, 4-5). Cuaresma es un tiempo de renovación del corazón y de la vida. El profeta Joel clama: “Rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso” (2, 13). Oremos unidos: Ten compasión de tu pueblo, Señor. El mensaje que nos trae la Cuaresma viene reforzado por el gesto de la imposición de la ceniza sobre nuestras cabezas como signo de conversión.

Reconocer nuestra condición de criaturas de Dios y pedirle perdón por nuestros pecados es el camino de la verdad y de la humildad, del gozo y de la esperanza. Olvidar a Dios, prescindir de Él, darle la espalda, vivir como si no existiera significa perder el camino y desorientarnos. La negación de Dios comporta oscurecimiento de la dignidad del hombre. “La criatura sin el Creador se diluye” (Gaudium et spes 36). La cuaresma nos llama a poner nuestra fe y nuestra esperanza en Dios (cf. 1 Ped. 1, 21). Con palabras del Mensaje del Papa Francisco para este año: “Que la Cuaresma nos permita ahora experimentar el consuelo de la fe en Dios, sin la cual no podemos tener estabilidad (cf. Is. 7, 9). Nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia; pero, sobre todo, nadie se salva sin Dios, porque sólo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las oscuras aguas de la muerte. La fe no nos exime de las tribulaciones de la vida, pero nos permite atravesarlas unidos a Dios en Cristo, con la gran esperanza que no defrauda y cuya prenda es el amor que Dios ha derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo (cf. Rom. 5, 1-5)”. La renovación interior se debe traducir, como recuerda el Papa reiteradamente en su Mensaje, en “no cansarnos de hacer el bien” (Gál. 6, 9), y con las siguientes explicitaciones: “No cansarnos de orar”, “no cansarnos de extirpar el mal de nuestra vida”, “no cansarnos de hacer el bien en la caridad activa hacia el prójimo”. La renovación del corazón inclina a hacer el bien. La fe en Dios Padre funda la fraternidad entre nosotros y el amor de Dios se manifiesta y realiza en el amor al prójimo.

La Cuaresma es “tiempo oportuno” y días de gracia para reavivar y refrescar la fe que a veces parece aletargada y agostada; para recobrar la claridad y el vigor de seguidores de Jesús; para profundizar en nuestra vocación común cristiana y en la específica de cada persona. Debemos en las parroquias y comunidades predicar más intensamente el Evangelio y la Doctrina de la Iglesia, a través de Ejercicios Espirituales, retiros, celebraciones, charlas, conferencias, convivencias, encuentros, etc. Busquemos todos, el rostro de Dios, “fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús” (Heb. 12, 2). Cuaresma es un tiempo propicio para escuchar dócilmente la Palabra de Dios: “Escuchemos la voz del Señor para entrar en su descanso” (cfr. Sal. 94). La lectura de la Sagrada Escritura sea un ejercicio intenso en Cuaresma.

Cuaresma, a través del perdón de los pecados en el sacramento de la penitencia celebrado con un corazón contrito y humillado, es reconciliación con Dios y con los hermanos en la Iglesia; es la Cuaresma renovación de lo envejecido, armonización de lo desordenado, actualización de lo olvidado, regeneración de las fuerzas debilitadas, iluminación en las oscuridades, fortalecimiento de la esperanza mortecina. “La resurrección de Cristo anima las esperanzas terrenas con la gran esperanza de la vida eterna” (Benedicto XVI). Cuaresma es, como leemos en la historia del profeta Elías, recobrar las fuerzas con una torta cocida y un jarro de agua en el camino por el desierto para llegar al monte de Dios (cf. 1 Reyes. 19, 3-8).

Invito a todos, presbíteros y diáconos, religiosos y consagrados de vida contemplativa y apostólica, cofrades, familias cristianas, seminaristas, jóvenes y adultos, comunidades, movimientos apostólicos y asociaciones…a responder a la convocatoria del Señor en el tiempo de Cuaresma que estamos a punto de comenzar.

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✠ Ricardo Blázquez Pérez
Cardenal-Arzobispo de Valladolid

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